martes, julio 16, 2024
Por el mundo

Yvan Sagnet: del trabajo semiesclavo a la lucha por los derechos humanos

Fernando López/El Furgón – Yvan Sagnet llegó hace nueve años a Italia en busca de convertirse en un profesional, pero vivió las miserias del trabajo semiesclavo en los campos de tomate del sur. Encabezó la primera huelga de campesinos de la zona, llevó adelante una red contra la explotación laboral y el año pasado recibió el título de Caballero al Mérito de la República Italiana. Jululu, una película premiada en el Festival de Cine de Venecia, habla sobre su defensa de los derechos humanos.

Lleva la corbata floja y los dos primeros botones de la camisa desprendidos, lo que le da un aire de formalidad obligada. También porta el peso de la lucha que encabeza desde hace varios años: cuando comenzó una huelga contra lo que en Italia se conoce como el “caporalato”, un sistema de trabajo semiesclavo. A veces, muy pocas, Yvan Sagnet lanza una sonrisa breve.

Es camerunés e ingeniero en Telecomunicaciones, una carrera que cursó en la ciudad italiana de Turín, en parte gracias a una beca. Sin embargo, en 2008, para poder finalizar sus estudios debió trabajar  en la cosecha de tomates de la región de Puglia, en el sur italiano. Allí conoció las terribles condiciones de semiesclavitud de los campesinos y las vivió en carne propia.

Caporalato

En Puglia, Sagnet se encontró con miles de trabajadores migrantes que residían en campos de acogida: “Se parecían más a campos de concentración y estaban regidos por caporalatos, que son sistemas de intermediación entre la mano de obra y el beneficiario del trabajo ilegal de los migrantes. Los caporales se encargaban de ir a los ghettos para reclutar a los obreros que irían a las fincas y los trataban como esclavos”, recordó.

La situación no se reducía sólo a la explotación de la mano de obra, sino que se agravaba por el hecho de que los obreros, al ser trasladados siempre de madrugada, eran hacinados de a veinticinco en furgonetas con capacidad para nueve personas. Por el traslado, el caporale cobraba unos cinco euros a cada trabajador que, por otro lado, tenía prohibido trasladarse de otro modo. Al costo de la movilidad había que sumarle la comida y el agua. Finalmente, cada migrante se quedaba con las monedas que le sobraban de los 3,50 euros que les pagaba el caporale por cada cajón de tomates de 300 kilos que cosechaba. “En mi África hay pobreza, pero se mantiene la dignidad humana. Por eso estaba sorprendido, porque allí no se respetaba”, contó el hombre.

Sagnet había quedado en shock. No se imaginaba que en Europa vería semejante cuadro. Era el continente que creía más desarrollado.

La huelga

Unos días después de comenzar a trabajar, Sagnet decidió intentar cambiar la situación de esclavitud y organizó una huelga que duró dos meses y que protagonizaron miles de trabajadores de Puglia. Sin embargo, la situación devino en amenazas de muerte para Sagnet, ya que el sistema de caporalato estaba monitoreado por la mafia italiana y la complicidad del Estado.

“Además, otra de las grandes dificultades de la huelga fueron los distintos puntos de vista. En Italia, pero no sólo allí, piensan que todos los africanos somos iguales, pero yo era el único camerunés. Los demás eran de Marruecos, Túnez, Egipto y otros países de Subsahara y no era sencillo manejar todas las miradas”, aseguró.

Finalmente la protesta, la primera en la historia del sector, tuvo éxito: los dueños de los campos rogaron a los trabajadores que volvieran a las cosechas que habían sido abandonadas. Por otro lado, en 2011, lograron que se tipificara como delito de intermediación ilícita el trabajo de semiesclavitud que llevaban adelante los caporales, un sistema que se mantenía desde hacía un siglo en Italia. También pudieron erradicar la contratación misma de los caporales por parte de los dueños de los campos, que acudían a sus servicios por falta de oferta legal de mano de obra.

Para Sagnet, la génesis del caporalato reside en el mismo capitalismo y en el modelo neoliberal de trabajo, con las multinacionales que desequilibraron el mercado agrícola. “Son empresas a las que yo llamo ‘los generales’ y que influyen negativamente en el mercado laboral, que inciden en los precios y que obligan indirectamente a que los agricultores acudan al caporalato porque no tienen margen para pagar a los trabajadores. Es una situación que no sólo se ve en Italia, sino en muchos sitios del mundo”, aseguró el activista, quien contó su experiencia en la Universidad Carlos III de Madrid.

No Cap

Las protestas en Puglia resultaron en un mayor compromiso de Sagnet en la lucha por los derechos de los trabajadores. Luego de finalizar sus estudios, organizó No Cap (No Caporalato o Rete Internazionale Anti Caporalato): una red internacional contra ese y otros sistemas de explotación laboral. La idea es crear alternativas y concientizar a los consumidores del mundo sobre la existencia de un puñado de multinacionales que concentran el 70 por ciento de las tierras de cultivo del mundo y la producción alimentaria: “Nuestro objetivo es la redistribución de la riqueza, la dignidad de quienes trabajan la tierra, de los campesinos, pero también de los consumidores”, resaltó.

En el sitio de la organización, un logo con seis manos destaca cada uno de los principios que enarbola: el respeto a la dignidad y al derecho de los trabajadores; el respeto por el medio ambiente, teniendo en cuenta que son las transnacionales las que más contaminan el planeta; la promoción de energías alternativas y verdes; el no a la introducción de lo transgénico; la regulación de los productos importados, ya que en países como Italia y España se exportan grandes porcentajes de productos, pero se importan los mismos desde otros lugares como China y a precios más baratos; y por último, otros dos puntos contemplan la economía circular y el tratamiento de los animales.

“Según una investigación, tres de cada cinco productos que consumimos provienen de mecanismos de explotación laboral. Las tres zonas identificadas como zonas de explotación de trabajadores son Sudamérica, el sur de Europa, sobre todo Grecia, España e italia, y África. Allí el 90 por ciento de los agricultores son explotados, por lo cual necesitamos un nuevo paradigma, un nuevo modelo de productividad que sustituya al capitalismo. Sin embargo, no podemos hacerlo sin la consciencia de los trabajadores y de los consumidores. Necesitamos de los elementos culturales y económicos. Se trata de readquirir los medios productivos para devolverlos a los trabajadores. Es un trabajo desde lo bajo, desde lo alto es difícil porque las instituciones, la política y el sistema responden a las dinámicas de las multinacionales y  no al requerimiento de la gente”, enfatizó.

Jululu

Sagnet escribió dos libros: Ghetto Italia y Ama tu sueño. Por su trabajo a favor de los derechos humanos fue reconocido en 2016 por el Gobierno de Italia, que le otorgó el título de Caballero al Mérito de la República Italiana, una mención que recompensa a aquellas personas que se destacan en alguna esfera de las actividades humanas.

Su labor también fue plasmada en la película Jululu, que relata la lucha de Sagnet y que protagonizada por él mismo. Se presentó en la edición 74° del Festival de Cine de Venecia y mereció el Premio MigrArti 2017. En el film se muestran los detalles de los trabajos en Puglia y el sistema de caporalato.

Fotos: sitio No Cap