sábado, abril 13, 2024
Nacionales

Los pañuelos no retroceden

Jorge Ezequiel Rodríguez/El Furgón – Hay un par de palabras que molestan a los oídos de Cambiemos: Derechos Humanos. Una imagen que los perturba: los pañuelos blancos. Una frase que disparan y los pinta de cuerpo entero: “el curro de los DDHH” (o “Negocio”, para darle una elegante suavidad a la cuestión). Una realidad que va más allá: la acción de un pueblo que no olvida y que se unifica en la lucha de la memoria, verdad y justicia, sin retroceder y repudiando cualquier cachetazo que este gobierno nos da en esa materia.

Etchecolatz, genocida, secuestrador, asesino, apropiador de bebés, y quien hizo desaparecer a Jorge Julio López en dos oportunidades, hoy se encuentra con el beneficio de la prisión domiciliaria, en una vivienda en Mar del Plata cercana a una de sus víctimas.

Norberto Bianco, genocida, ex jefe de la maternidad de Campo de Mayo y ladrón de bebés, que carga con dos condenas, dos fugas del país y dos extradiciones,  fue beneficiado con el permiso de veranear en la localidad de Mar de Ajó, del Partido de La Costa.

A estos dos genocidas se le suman muchísimos que, beneficiados con la domiciliaria o impunes por los juicios que se postergan y ninguna llegan, logran la impunidad pretendida por un gobierno que desde que asumió la presidencia intenta desprestigiar la lucha de los DDHH. Apunta con o sin armas de fuego para desterrar una causa que nos involucra a todos. Sin embargo el gobierno no admite las decisiones. Dispara y esconde la mano, se escuda detrás de una supuesta justicia independiente y cuando la cosa se empieza a caldear, como lo sucedido con el 2 x 1, sale a reprochar su propia decisión lavándose las manos de una manera muy siniestra.

Así funcionan y así se muestran: con el maquillaje falsario en pos de la imagen, imagen que trabaja con la sonrisa a la cámara y palabras guionadas para no levantar el barro que esconden sus pasos. Unidad, conciliación, tolerancia, respeto; son pilares del discurso propagandista, pretendidos cuando sus intereses y sus comodidades no se tocan. Pero buscan unidad con sus formas y pautas, intereses y modos. Conciliación y tolerancia para defender a los personajes más nefastos de la historia argentina, y devolver en gratitud a quien los colocó en el lugar donde el presente los saluda, y el pasado abraza.

“Fueron 7 mil los desaparecidos”, dijo uno y ante el repudio general quedó solo: ante las cámaras y ante las redes, pero no en su despacho. El respaldo lo tuvo, sí, pero con tremenda cautela. “No sabemos cuántos fueron, no importa el número”, dijeron otros con el escudo de la diplomacia. Y así intentan generar un debate cuando no lo hay, porque la memoria, verdad y justicia es una sola.

Desvirtuar las luchas y ensuciar la historia. Esa es la cuestión. Porque cuando la realidad habla por sí misma inventan conceptos para mancharla. ”Miente, miente que algo quedará” y Clarín continúa lo que comenzó en los 70. Posa con cartelitos de “basta con el curro de los DDHH” o “los DDHH no tienen dueño”. Provoca, lastima y devuelve gentilezas. Sus patrones celebran al compás de unos cuantos genocidas que gozan de la impunidad, pero al fin de cuentas no la tienen. Porque si no hay justicia, hay escrache.

Bianco pasó la velada veraniega con una carpa enfrente del domicilio, con escraches de los turistas, de los habitantes de la localidad, de las organizaciones, y hasta con un festival brindado a metros de su residencia. Los pañuelos flamearon ante sus ojos.

Etchecolatz vive hoy detrás de unos muros y de las filas de los oficiales que lo custodian, pero con los gritos y el repudio que no cesa fuera de su vivienda en Mar del Plata.

Estamos ante un gobierno que desde el primer día corrió a un costado toda lucha por los DDHH y no atendió a las Madres y Abuelas, como tampoco lo hizo con los familiares de Santiago Maldonado, de Rafael Nahuel y de los cientos de pibes que asesina la violencia institucional. Un gobierno que ignora a los nietos recuperados y a la búsqueda de los que todavía faltan; que congela fondos y los derivan a otras áreas; que otorga más poder a las fuerzas de seguridad y que refuerza el armamento del ejército: se multiplican los desfiles de tanques, fusiles, botas y caras de acero.

Ya no hay actos oficiales en el Día de la Memoria y, por supuesto, no sorprende. En el primer 24 de marzo de Mauricio Macri como presidente llegó Barack Obama y por la Plaza de Mayo no caminó Cambiemos. Y se atrevieron a decir que el Día de la Memoria debía pasarse al 10 de diciembre. “Miremos hacia el futuro” es el lema que los representa, y que resguarda una forma sutil de querer decir que el genocidio no fue tal. En el segundo 24 de marzo el presidente viajó a Holanda y desde allí escribió unas palabras sueltas en redes sociales copiadas del prólogo del Nunca Más. Copiar, pegar, maquillar.

Para Cambiemos los pañuelos blancos molestan cada vez más, los 30.000 son una espina en el zapato y un número exagerado. Los organismos de DDHH son un “negocio” que hay que desterrar; la memoria es un “congelado ideológico del gobierno Kirchnerista” (palabras de Claudio Avruj, secretario de DDHH del gobierno); la lucha popular es una incitación a la violencia, la cárcel común a los genocidas es una falta de diálogo, conciliación y tolerancia; los nietos recuperados, un espejismo y las Madres y Abuelas, una provocación.

Sin embargo la lucha por los DDHH está más presente que nunca. Los pañuelos no retroceden, se multiplican. Y basta con emocionarse al ver a Norita Cortiñas en cada lugar donde el puño necesita levantarse y donde las libertades y los derechos están o pueden estar en riesgo. Basta con ver a Estela de Carlotto y a Tati Almeida y a todas nuestras Madres y Abuelas con la voz firme y la entereza para nunca bajar los brazos. Porque los pañuelos blancos ya no les pertenecen sólo a ellas, son de todxs. Las generaciones pasan, pero el pueblo no tiene miedo ni está callado. Se unifica en la conciencia de una realidad que se transforma en un presente de lucha y de movilización, en el lugar donde el sol asoma sin reparo: la calle.

Fotos: Emergentes