sábado, abril 13, 2024
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Cambiemos: el manual y el derecho a la protesta

Jorge Ezequiel Rodríguez/El Furgón – El gobierno de Cambiemos se maneja así, como por medio de un manual, y de esa manera dirige la opinión pública, marca agenda, desvirtúa cualquier tipo de debate, inventa dioses y demonios, miente sin costo en sus votantes, se defiende bajo la manta de sus patrones mediáticos, ejecuta cuando se le da la gana, y le da vida al neoliberalismo en todos los sentidos. Muestra a modo publicitario las ideas, y conduce el accionar bajo la repetición. No busca la duda, impone su verdad. La intencionalidad está justamente allí, en que el manual que no se hace libro pero que se publica por capítulos diarios, adoctrine a los pensantes a través de “sus” medios de comunicación, que monopólicamente llegan a todos los rincones del país, mediante el papel, la televisión, radios, redes sociales, publicidades, para continuar de modo feroz en la opinión pública; una herramienta que continúa siendo esencial para un gobierno con intereses nefastos, pero con aroma a rosas para una porción de este pueblo confundido, engañado con promesas infundadas, aturdido por informaciones falsas constantes, negado a la realidad, o convencido de que éste es el camino a un país mejor.

El manual que reescriben todos los días, enreda ideas, desprestigia derechos, tortura conceptos, y va en busca de un ideal, de la corrección del ciudadano común, del orden, de la conducta que pretende, y de la sumisión del pueblo argentino. Mantiene una línea clara, aunque no parezca. Todo está estudiado y pensado, a pesar del titubeo constante. No tiene límites, pero el perfume engaña. No lo dice todo, pero es bastante claro. Por momentos panquequea, pero es parte de la política de la que dicen estar al margen.

El manual que desde diciembre de 2015 accionó para cachetearnos donde más duele, hoy pone el foco en un derecho que se ganó con sangre de por medio: el derecho a protestar.

¿Cómo es posible que gran parte de nuestro pueblo esté dispuesto a resignar uno de los derechos que la democracia le garantiza, o criticar a quién lo hace valer?

Estigmatizar la protesta podría ser el título de este capítulo del manual. Las manifestaciones, sea cual sea el motivo del reclamo, fueron y son atacadas desde varios frentes. Partiendo de la, sostenible en el tiempo, idea que de “un derecho termina cuando empieza otro”, al punto de llegar a la criminalización de la protesta con pena de cárcel. Este gobierno no nos quiere en la calle, y está claro. Mantiene una idea firme al respecto y la respalda con el accionar. Le otorga a las fuerzas de seguridad el poder del control de las calles, y ordena reprimir cuando les parece necesario. Docentes, trabajadores, científicos, militantes, familiares de víctimas, artistas, alumnos, no importa quiénes se manifiesten ni el por qué; la idea es liberar las calles para el libre tránsito en la defensa de otro derecho, medido con la misma vara que el que intentan desterrar.

Los manifestantes pasan a ser subversivos, incitadores de la violencia, criminales a cara tapada, vagos, militantes rentados, golpistas, violentos, y muchos adjetivos intencionales a modo de estigmatizar a todo aquel que intente hacer valer su derecho a protestar. Pero el manual no queda solo ahí.

No basta con ensuciar al manifestante. Eso puede llegar a ser un arma de doble filo. Bien saben que en el 2001, la misma gente que hoy reclama la libertad de tránsito salió a la calle en “piquete y cacerola, la lucha es una sola”, para olvidarse luego del “cabecita negra” que les indicó el camino. Y después de unos años volvió a salir golpeando la misma cacerola en el reclamo de poder comprar dólares y cansados de la corrupción. Pero cuando barrio norte camina, los derechos de circular parecieran no ponerse en juego. Por eso mismo, comienzan a desvirtuar el foco de la protesta, y si los alumnos toman colegios en reclamo legítimo por una reforma nefasta, la noticia es que se pierden días de clases. Si los docentes reclaman una paritaria entre muchísimos otros derechos, Baradel nunca estuvo en un aula. Si los trabajadores cortan calles en reclamo de despidos, son los ñoquis del kircherismo. Si militantes de izquierda se suman a los reclamos dignos de los trabajadores, ¿qué tienen que hacer ahí? Si las mujeres gritan en lo más alto Ni una menos, se horrorizan de las tetas al aire, o enfocan las cámaras en una iglesia escrachada. Si los mapuches cortan una ruta, la discusión se lleva al por qué se tapan la cara. Si Santiago Maldonado desaparece y muere en ese mismo corte tras una represión de la Gendarmería, toman como primordial la opción del accidente. Si los piqueteros salen a la calle, ¿de qué trabajan?  Y si el reclamo y la manifestación se hacen pacíficamente y no hay “motivo para reprimir”, se envían infiltrados y la excusa les da el resultado perfecto;  represión, detenidos, y la tapa de diario que desean junto con las fotos apuntadas a las paredes “manchadas” con aerosol.

El manual, digitado a diario, pretende adoctrinar y generar la sumisión del ciudadano. Ensucia, estigmatiza, criminaliza derechos, maquilla decisiones, miente, desvirtúa conceptos y afirma su escudo. De este modo, han logrado que gran parte de nuestro país defienda la idea que imponen a diario, y quiera sumisión aunque no lo sepa del todo. El miedo lo instalan desde los medios y lo imponen a través de las fuerzas de seguridad. Sin embargo, esta decisión política tiene como otra respuesta los y las miles y miles que continuamos marchando cuando es necesario, que salimos a la calle a levantar la bandera de la libertad y del reclamo, que más allá de la historia y del presente no nos atemorizamos de las fuerzas de seguridad que asesinan, desaparecen y esconden pruebas.

El derecho de manifestarnos en la calle se ganó con sangre y dolor, con valentía y sueños plurales, y cada ciudadano de este país fue, es, y será beneficiado por los derechos conseguidos en años de lucha. Por lo tanto, el derecho de reclamar es una libertad que se gana y se defiende todos los días y se vuelve a reafirmar, aunque el manual del gobierno de turno diga lo contrario.

¿Será posible que el manual de Cambiemos logre la sumisión del pueblo argentino bajo sus doctrinas, o será, otra vez, el momento de demostrar que este pueblo no deja que el zapato le pise la cabeza ni que una venda le tape los ojos?