sábado, abril 13, 2024
Cultura

Interpol y el cuello de la modelo

Ramiro Montero/El Furgón – El 22 de julio de 2001, Johanna Edelberg encontró el charco espeso que cubría el piso de la cocina y llegaba hasta el pasillo de la casa. Alcanzó a ver también el cuerpo de su compañera de departamento, Natasha Duncan, tirado cerca de la mesada, antes de retroceder por el espanto y llamar a la policía. El cadáver empuñaba un cuchillo.

Natasha había llegado a Manhattan poco tiempo antes, declaró Edelberg, con el joven y generalmente funesto deseo de convertirse en estrella. Encontró trabajo en la agencia de modelos Wilhelmina en la división plus-size, un eufemismo que en castellano se asemeja al de “modelo de talle especial”. Le estaba yendo bien: las producciones fotográficas en las que posaba aparecían en varias revistas del ambiente, e incluso había sido tapa de la edición de abril de la prestigiosa Mode. Por eso, muchos de su entorno se sorprendieron cuando la policía señaló que se trataba de un suicidio.

Interpol Performing on Stage

Según los forenses, Natasha Duncan había tomado un cuchillo de cocina de 30 centímetros y se había apuñalado el cuello varias veces. Comenzó con pequeños, trémulos cortes superficiales, hasta ganar confianza. Tuvo que ser discreta pero desesperada: sabía que su compañera estaba en la otra pieza, escuchando música.

Edelberg, primero escéptica, terminó aceptando la teoría del suicidio al encontrar el diario que Natasha había colmado de decepciones, lamentos y advertencias. Recordó las palabras de los vecinos cuando la encontraban llorando en las escaleras del departamento. Recordó también las conversaciones con la misma Duncan, cuando le confesaba las tortuosas maniobras a las que se había sometido para adelgazar, o cuando se atrevía a revelar alguno de los demonios que la habitaban desde chica. Lo que no podía entender, admitía Edelberg, modelo plus-size como ella, en los diarios del día siguiente, más que la brutalidad con la que había terminado su vida era el momento que había elegido para hacerlo: tres meses después de comenzar el sueño de cualquier modelo, ilustrando con su cuerpo la tapa de una revista. Le resultaba inconcebible que Natasha hubiera encontrado en aquella portada la confirmación de un fracaso, la forma del asco, la silueta grotesca y aborrecible contra la que tanto había luchado, soportando la inquisidora mirada de miles de lectores, apenas escondida detrás de un título que ordenaba “Ama tu figura”.

El 23 de julio de 2001, Paul Banks, cantante de Interpol, encontró la noticia en su televisor.