lunes, abril 22, 2024
Por el mundo

¿Qué puede salir de la crisis brasilera?

Lucio Garriga Olmo/El Furgón – La crisis brasilera no sólo que no se detiene sino que se profundiza todos los días un poco más. El presidente Michel Temer camina por la cuerda floja luego de que se lo escuchara apoyando el pago de sobornos a Eduardo Cunha, en una conversación grabada por los dueños de JBS, la empresa cárnica más grande del mundo, los hermanos Wesley y Joesley Batista. El ex candidato a presidente del PSDB, Aécio Neves, fue destituido como senador porque en otra conversación pedía a los hermanos 700 mil euros. Estos dos casos son sólo ejemplos de un sistema que está totalmente podrido por adentro y el cual debe ser modificado rápidamente, para que entonces Brasil vuelva a estar en la senda del crecimiento económico y social.

El problema de la corrupción en Brasil es endémico, llega hasta la médula y más allá. El sistema es tan oscuro y perverso que parece no tener salida. El problema no fue Dilma Rousseff y no es Michel Temer, sino que es el propio sistema. El ex encargado de Relaciones Institucionales de JBS, Ricardo Sauda, confesó que pagaron 200 millones de euros en sobornos para 1.829 candidatos de 28 partidos políticos diferentes a cambio de “ayudas”. No escatimaron en gastos ni se limitaron a una ideología política, pusieron un huevo en la canasta tanto de la izquierda petitsta como en el conservadurismo del PMDB.

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Los casos de corrupción no son propios del PT, como quieren hacer creer los grandes medios de comunicación, ni de Temer ni del PSDB de Neves. Hay causas entre todos ellos porque el mundo vive un capitalismo salvaje donde las empresas y las corporaciones están dispuestas a cualquier cosa por obtener más ganancias sin importar la ideología de los estados. Como lo único que importa es ganar cada día más, el 1 por ciento de la población mundial tiene más de la mitad de la riqueza de todo el globo, las empresas corrompieron a todos los partidos políticos sin importar qué piensan o pensaron. Ejemplo de esto es que los hermanos Batista confesaron haber pagado sobornos a diputados y senadores para que voten tanto a favor como en contra del juicio político a Dilma Rousseff, o que las coimas lleguen hasta Perú, Colombia, Argentina y Angola, entre algunos países.

¿Quién apoya a Temer?

El golpe de Estado contra Roussef fue impulsado por los grandes poderes financieros, judiciales y mediáticos del país, sin olvidar los errores del propio gobierno. Se puede establecer la causa del mismo en la serie de derrotas que estos poderes sufrieron en las elecciones democráticas -Rousseff fue elegida por 55 millones de votos y fue destituida por 55 senadores-; el objetivo era, y sigue siendo, desarrollar un programa neoliberal que elimine los derechos y beneficios que disfrutaron los trabajadores y las clases populares bajo los gobiernos del PT.

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El elegido para llevar a cabo ese plan fue Temer, pero hoy su liderazgo parece estar en duda. No es casualidad que la red O Globo, el multimedio que apoyó a la dictadura militar de 1964 y al golpe de Estado, haya sido la que difundió las declaraciones de los hermanos Batista. Este hecho representa una lucha dentro de los poderes que sacaron al PT del poder. La pelea no es en cuanto al programa de gobierno, porque todos coinciden en ello: desarrollar un neoliberalismo puro. El choque viene por quién lleva a cabo este neoliberalismo salvaje.

Temer parece haber perdido el apoyo de algunas de las partes, por eso el que antes fue un aliado, O Globo, ahora  hace público el mayor escándalo del presidente. Se puede buscar la razón de este abandono en la alta imagen negativa que tiene el propio Temer. Sólo cuenta con un 8 por ciento de aprobación popular, nada más que el 4 por ciento de los brasileros considera buena o excelente su gestión, y sufrió un contundente paro nacional el pasado 28 de abril, el primero en más de 20 años de historia. Las sospechas sobre su rol en el entramado de corrupción lo ensuciaban ya antes de estas grabaciones.

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La resistencia de los movimientos sociales y los sindicatos en la calle contra este plan neoliberal parecen hacer recular a los grandes poderes en cómo desarrollar su plan. No tienen dudas sobre cuál es su plan, porque mientras el escándalo por los audios que involucran a Temer alcanzaba dimensiones internacionales, se avanzaba con la reforma jubilatoria en el Congreso Nacional. Esta reforma, junto a la reforma laboral, son las grandes apuestas del golpe de Estado; sus aprobaciones significarían un retroceso gigantesco en los derechos sociales ya que se aprobaría el aumento de la edad jubilatoria, la terciarización laboral en el propio Estado, se allanaría el camino para despidos injustificados y se habilitaría a las empresas a hacer trabajar a empleadas embarazadas en lugares insalubres, entre otras cosas.

¿Quién puede ser el nuevo Temer?

La Constitución brasilera establece que si Temer renuncia al cargo, debe asumir el presidente de la Cámara de Diputados, Rodrigo Maia; luego el del Senado, Eunicio Olivieria, y por último a la presidenta del Supremo Tribunal Federal (STF), Cármen Lúcia, quien convocaría a elecciones indirectas en un plazo de 30 días, donde el Poder Legislativo elegiría al sucesor de Temer.

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Ante esta situación existen dos problemas. Por un lado, tanto Maia como Olivieria están involucrados en el Lava Jata. El primero aparece con el sobrenombre de “Botafogo”, en una lista que presentó Odebrecht ante la justicia, donde nombró a todos los políticos a los que realizaba sobornos asiduamente. Por su parte, Olivieria está acusado de haber recibido más de dos millones de reales. El segundo problema es el carácter de la elección que elegiría al nuevo inquilino del Planalto: los movimientos sociales y sindicatos, con el PT a la cabeza, exigen y piden elecciones directas en las que todo el pueblo brasilero lo elija. Los impulsores del golpe a Rousseff se oponen porque saben que Lula da Silva es el favorito a ganarlas, con más del 30 por ciento de intención de voto, algo que no están dispuestos a tolerar.

Una nueva cara al Poder Ejecutivo le daría una bocanada de aire fresco al golpe de Estado para poder seguir desarrollando el plan neoliberal. Muchos especulan con que el favorito es el ex presidente Fernando Henrique Cardoso, el actual Ministro de Hacienda Henrique Meirelles o el ex ministro de Defensa Nelson Jobim. Entre tantas noticias explosivas, pasó desapercibida una reunión que se desarrolló el pasado 8 de mayo. La propia Cármen Lúcia se reunió con los 13 empresarios más grandes e importantes del país durante más de cuatro horas. Estuvieron presentes Carlos Schroeder (director general de Red O Globo), Candido Bracher (Itaú Unibanco), Flavio Rocha (Riachuelo), Chieko Aoki (Blue Tree Hotels), Luiz Helana Trajano  (Magazine Luiza), Paulo Kakinoff (Gol Lineas Aéreas), Pedro Wongtshcowski (grupo Ultra y red Ipiranga), Rubens Menín (constructora MRV), Wilson Ferreira (Electrobras), Walter Schalka (Suzano Papel), Betania Tanure (BTA consultora), Décio da Silva (motores Weg) y Jefferson de Paula (ArcelorMittal Aceros).

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¿Lúcia es una posible candidata? Una abogada prestigiosa de los más altos niveles del Poder Judicial no es mal vista para ser la encargada de seguir desarrollando el plan neoliberal. Hay un gran poder mediático que quiere hacer creer que la culpa de que el sistema sea tan corrupto es la política y no los políticos. Si se logra instalar esta idea, el problema no es de los hombres y mujeres que llevan a cabo la política sino de la propia ideología. Una abogada que no está manchada por las causas de corrupción y que, además, es una de las encargadas de combatirla, encaja perfecto con esta idea porque justamente no es política, es abogada.

El problema es que cuando no gobierna ni la política ni la ideología, gobierna el mercado. Pero el mercado también tiene ideología y es, justamente, la de desregularizar las relaciones de producción, y la de no intervenir porque lo hará “la mano invisible del mercado”. Si el candidato que buscan es alguien “apolítico” o “apolítica”, el riesgo que corren los movimientos sociales y los trabajadores es enorme. Si se busca a alguien que no sea político. ¿Qué puede evitar que un posible candidato sea el actual alcalde de Río de Janeiro, Marcelo Crivella? Un pastor evangélico que considera a los homosexuales un “mal terrible”. ¿En estas condiciones puede postulares el alcalde de San Pablo, Joao Doria, quien dice públicamente que no es político sino “un gerente que entró en la política”? Las clases populares y los trabajadores apuestan todo a elecciones directas, pero los riesgos son muy grandes: la economía más grande de América del Sur y la séptima del mundo puede caer en manos de la “apolítica” del mercado.

*Fotos: Marianna Cartaxo/Mídia NINJA