lunes, abril 22, 2024
Nacionales

Noticias de ayer: una canción que repite responsables, víctimas y miserias

Lucas Napoliello*/El Furgón – La música no mata, está claro, lo que matan son las acciones miserables de los hombres, la codicia, la cultura del descontrol y el accionar del Estado. Lo que sucede muchas veces es que en los recitales, esos factores se combinan en un cóctel criminal que acaba o puede acabar con varias vidas.

Cuestión de Estado

La responsabilidad ante las muertes evitables es siempre, en primera instancia, del Estado. Los controles previos, la supervisión del lugar, que las normas de seguridad se cumplan, y todo lo que refiere a cuidar al ciudadano es responsabilidad del Estado. Entonces, cuando el Estado se ausenta, por decisión propia o por negligencia, todo queda en manos de privados, de particulares, en este caso, un artista y empresario.

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Echarle la culpa al actual gobierno nacional sería como mirar la realidad a través de un cerrojo, pero obviar su inacción también, porque desde que Mauricio Macri es presidente, ha dicho y ha hecho todo en pos de un Estado cada vez más observador, de un país manejado y controlado por manos privadas en cada esfera, y los espectáculos musicales no escapan a esta lógica, que pudo ser tragedia mucho antes, pero sucedió ahora, y deberán hacerse cargo.

Alguna vez deberán tomar nota, oficialistas y opositores, para que no vuelvan a suceder estos episodios, porque Olavarría estuvo muy cerca de ser un nuevo Cromagnon, de no ser por la paciencia y solidaridad de los propios protagonistas.

La misa

“Hay intereses oscuros que con pocos miembros pueden alterar la fiesta”, dijo días antes del recital el Solari Dios. A pesar de las avalanchas, peligrosas, repetidas e innecesarias en cada recital, el informe oficial sobre los heridos mostró que la mayoría de los internados fueron por intoxicación, por heridas de arma blanca y por traumatismos, y sólo uno por asfixia.  Ayelén Benitez es de Moreno, provincia de Buenos Aires, tiene 20 años y es la segunda vez que va a ver al Indio. Asegura que fue todo bastante normal hasta el momento de salir: “Cuando terminó el show, fuimos por el lugar donde habíamos entrado y estaba todo cerrado, nos bloquearon todas las salidas con unas maderas grandes, no entendíamos nada. Estábamos asustados porque toda la gente estaba ahí y nadie podía salir. Imaginamos lo peor, yo creo que eso fue intencional”. Ayelén agrega: “Querían boicotear el recital, nos encerraron como ratas y la policía estaba esperándonos armados para reprimir, ni siquiera fueron capaces de ayudarnos o guiarnos por lo menos”.

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Natalia Famucchi vive en Roque Pérez, provincia de Buenos Aires, tiene casi 40 años y sigue al Indio desde cuando aún conformaba Los Redonditos de Ricota. Natalia relata que fue a casi todos sus shows, y que nunca vio algo así: “Desde que llegué noté cosas que me preocuparon –recuerda-. Habitualmente, en los recitales del Indio me sorprendo por la capacidad organizativa para contener a tanta gente, pero en este caso no me revisaron en la entrada, no había tantos puestos sanitarios como en otras veces, ni baños higiénicos. A las siete de la tarde cualquiera podía entrar sin entradas y portando cualquier cosa, Si yo hubiera querido entrar un arma la entraba”. A pesar de ser admiradora de tantos años del Indio como de Skay, Famucchi no niega la realidad: “De ninguna manera voy a decir que el Indio no tiene responsabilidad, habrá que revisar los contratos y saber quién se ocupaba de cada cosa, pero estoy convencida que hubo gente instalada en el lugar para generar daño”.

Las voces se repiten y muchas coinciden en observar situaciones atípicas. Lo que nadie duda, y hasta el mismo municipio confirmó, es que la capacidad del lugar estaba ampliamente superada. Sabiendo todo esto, e incluso advirtiendo días antes que podían ocurrir cosas graves, ¿era necesario realizar el espectáculo? ¿Tan poco importan las vidas?

Lo cierto es que habiendo o no habiendo gente buscando problemas, con esa cantidad de personas cualquier contratiempo podía terminar en tragedia.

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Cultura es mentir

Los medios monopólicos ya estaban preparados. No eran las tres de la mañana cuando la agencia Télam ya hablaba de entre 8 y 10 muertos, sin chuequear ningún dato y empezando a alertar a familiares y allegados a las más de 300.000 personas que estaban en el recital.

Por la mañana, los principales canales de TV y los portales de Clarín y La Nación ya desplegaban todo su aparato “informativo” para hablar del caos, de la cultura del rock y, como era de esperarse, de la necesidad de más policía. Pasado el mediodía, Todo Noticias tenía móviles en vivo desde el lugar, mostrando el desastre en el que había quedado convertida la ciudad de Olavarría, y resaltando el accionar inmediato de María Eugenia Vidal y Mauricio Macri, que consiguieron colectivos para ir a trasladar a la gente que había quedado varada, y hasta mandaron camiones del ejército y un camión cisterna con agua para asistir a los seguidores de Solari. Obviamente poco y nada dijeron de la responsabilidad del Estado en los controles previos.

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Por otra parte, y lejos de caer en debates moralistas, es imprescindible un debate acerca de la cultura del rock, y la cultura de los jóvenes en general.  Suele suceder que, bajo la mentira del disfrute y la alegría, se induce a la juventud a que la única manera de pasarla bien es consumiendo alcohol o drogas. Claro que cuando suceden episodios de violencia los medios aprovechan la ocasión para “destruir” a los jóvenes y presentarlos como una “causa perdida”, pero si como sociedad, y muchas veces desde las mismas bandas se habla del alcohol como un medio de disfrute, lejos se está de poder formar generaciones que se movilicen por el arte, la música o la política. Juan Pablo Simonetti, de Trelew, contó que había “kilos y kilos de botellas y latas de alcohol para vender en cualquier lugar, y se sabe que eso puede traer quilombo”.

No se trata de prohibir ni de castigar, se trata de concientizar, de generar también desde el rock una cultura del disfrute que no acabe con la vida de jóvenes, y mucho menos por ir a un recital.

Esta nota llega a su fin a las 16.15 de la tarde del domingo y, mientras el intendente de Olavarría ya ofreció declaraciones y se desligó de la responsabilidad de las muertes, Solari no dijo una sola palabra de todo lo que sucedió en la “misa”. Los muertos, los heridos, sus familiares y todos los que hicieron un esfuerzo por ir a escucharlo, merecen otro trato.

* Lucas Napoliello es periodista de la revista Mascaró (www.revistamascaro.org)