lunes, junio 17, 2024
Géneros

Ni mujer ni varón: Soy

¿Quién o qué define si uno es varón o mujer?, ¿el sexo biológico? Con los años fuimos aprendiendo y entendiendo que eso no es así y que el género está determinado por la autopercepción del ser y -por ende, más allá de la genitalidad- la sexualidad puede no coincidir con lo que marcan los estereotipos sociales heteronormativos.

En relación a esto, en 2012 se sancionó la Ley N° 26.743 de Identidad de Género que permite el reconocimiento a la diversidad, al autorizar la rectificación de identidad en virtud del sexo que la persona auto percibe. Permite solicitar el cambio en el nombre de pila e imagen. Siempre manteniendo el número de su Documento Único de Identidad. Asimismo, asegura que la persona no se debe someter a un procedimiento judicial indefinido en el tiempo.

En el 2021 el Ministerio de Salud de la Nación dispuso las Recomendaciones para la Atención Integral de la Salud de Niñeces y Adolescencias Trans, Travestis y No Binaries, las cuales son de gran utilidad no solo para espacios áulicos sino también familiares.

La filósofa Judith Butler, autora de uno de los libros más influyentes del pensamiento contemporáneo sobre la temática, El género en disputa. Feminismo y la subversión de la identidad, ya en los años noventa puso en jaque la idea de que el sexo es algo natural, mientras que el género se construye socialmente. Sus trabajos filosóficos contribuyen a construir lo que hoy se conoce como Teoría Queer y tuvieron un papel fundacional en el desarrollo del este movimiento.

Butler plantea que al “sexo” entendido como la base material o natural del género, como un concepto sociológico o cultural, es el efecto de una concepción que se da dentro de un sistema social ya marcado por la normativa del género. En otras palabras, que la idea del “sexo” como algo natural se ha configurado dentro de la lógica del binarismo del género. La propuesta de la pensadora es compleja pero muy interesante porque nos lleva a pensarlo como un instrumento disciplinador y normalizador dentro de una estructura social y cultural. Ahora, ¿qué sucede cuándo nos salimos de este binarismo?

Este planteo, donde el sexo y el género son claramente desnaturalizados, desestabilizó la categoría de “mujer” u “hombre”. Al mismo tiempo, esta aguda dislocación del género, promovió la idea de que sus normas  funcionan como un dispositivo productor de subjetividad y sirvió de fundamento teórico y dio argumentos y herramientas a una serie de colectivos, catalogados como minorías sexuales, que continúan siendo, excluidos, segregados, discriminados por esta normativa binaria. En este sentido, las reflexiones de Butler ayudaron y empoderaron mucho al impulso y la expansión de los movimientos queer, y también trans e intersex.

Para Butler el género ya no va a ser la expresión de un ser interior o la interpretación de un sexo que estaba ahí desde antes. Como dice la autora, la estabilidad del género, que es la que vuelve inteligibles a los sujetos en el marco de la heteronormatividad, depende de una alineación entre sexo, género y sexualidad, una alineación ideal que en realidad es cuestionada de forma constante y falla permanentemente.

Judith Butler

Butler no quiere decir que el sexo no exista, sino que la idea de un “sexo natural” organizado en base a dos posiciones opuestas y complementarias es un dispositivo mediante el cual el género se ha estabilizado dentro de la matriz heterosexual que caracteriza a nuestras sociedades.

En otras palabras la autora trata de explicar que no se trata de que el cuerpo no sea material, no se trata de negar la materia del cuerpo en pos de un constructivismo radical, sino que se trata de insistir con que no hay acceso directo a esta materialidad del cuerpo si no es a través de un imaginario social: no se puede acceder a la “verdad” o a la “materia” del cuerpo sino a través de los discursos, las prácticas y normas en las que estamos inmersos.

Como seres humanos sociales y culturales vivimos en una sociedad que nos rige y nos disciplina pero eso no quiere decir que no la cuestionemos, que no la interpelemos y no la pongamos en jaque sobre todo si intentamos construir una comunidad más justa y libre. Entendiendo que puede haber tantos géneros como sujetos haya porque nada ni nadie puede decirnos qué y quiénes somos ni definirnos, ni hasta el propio sujeto tiene que hacerlo. Es un ser y con eso basta.

Por otro lado el sexo biológico hoy hasta sería un condimento más de nuestra anatomía porque nada determina sobre lo que somos como sujeto y mucho menos sobre nuestro objeto de deseo.

Desde el punto de vista de Butler, deseo e identificación no tienen por qué ser mutuamente excluyentes. Y aún más, ni siquiera, ni tampoco, éstos tendrían por qué ser necesariamente unívocos. No hay ninguna razón esencial que justifique que un ser debe identificarse unívoca e inequívocamente con un género completa y totalmente. Asimismo, tampoco habría ninguna necesidad en que se deba orientar su deseo hacia un género u otro. Tal es el caso por ejemplo de la bisexualidad.

Hablar de género es hablar de relaciones de poder. Hay que tener muy en cuenta que en esta negociación, el no encarnarlo de forma normativa o ideal, supone arriesgar la propia posibilidad de ser aceptable para el otro. No sólo esto sino también para toda una sociedad. En este sentido, la oportunidad política a la que abren las reflexiones de Butler se debe a que si el género no existe por fuera de la actuación, y sus normas tampoco son algo distinto que la propia reiteración y actuación de esas mismas normas, esto quiere decir que ellas están siempre sujetas a la resignificación y a la renegociación, abiertas a la transformación social constante. Esta normatividad encarnadas por los sujetos pueden reproducirse de tal modo que este criterio hegemónico quede intacto. Pero también estas normas viven amenazadas por el hecho de que su repetición implique un tipo de actuación que pervierta, debilite o las ponga en cuestión, subvirtiéndolas y transformándolas. Esta inestabilidad constitutiva de las normas es una oportunidad política que está ocurriendo y de la cual estamos siendo protagonistas.

Me gustaría concluir esta líneas con las palabras de Leticia Sabsay, socióloga (UBA) y con un doctorado en la Universidad de Valencia: “En tanto ideales a los que ningún sujeto puede acceder de forma absoluta, masculinidad y feminidad pueden ser –y de hecho son– distribuidos, encarnados, combinados y resignificados de formas contradictorias y complejas en cada sujeto. Y no hay encarnaciones o actuaciones de la feminidad o de la masculinidad que sean más auténticas que otras, ni más “verdaderas” que otras. Lo que habría, en todo caso, son formas de negociación de estos ideales más sedimentados, y por ende naturalizados o legitimados que otros, lo que consecuentemente los vuelve “más respetables” de acuerdo con un imaginario social que continúa siendo primordialmente heterocéntrico”.

Carla Elena. Autora de Esi, haciendo camino al andar. Es Psicóloga Social. Diplomada en “Violencia Familiar y Género”. “Derecho de Niñez y Adolescencia”. “Discapacidad” y “Educación en Contextos de Encierro”. Posgraduada en “Educación Sexual Integral: Desafíos de la implementación en el ámbito educativo y comunitario”. “Despatologización de las Diferencias”. Miembro de Forum Infancias. Docente. Columnista de SudestadaEl Furgón y Revista Movimiento. Participa en Radio Tinkunaco en temas sociales. Tw: @Carla_Elena5. Instagram: @carlaelena5, Mail carlaelena74@hotmail.com