lunes, junio 17, 2024
Nacionales

Reivindicando la angustia

Por María Daniela Berecibar*/El Furgón

Durante las sesiones que vengo realizando vía videollamada con mis pacientes, en su mayoría adolescentes y jóvenes, he rescatado algunas cuestiones que invitan a interpelarse, a interrogarse como profesionales de la salud mental y como seres humanos.

Existe actualmente un permanente bombardeo de infinitas cosas para hacer, para “ocupar” el tiempo, para “tapar” y que no sobrevenga esa tan “temible angustia”. Como una especie de reacción maníaca propia del inicio de un duelo en donde prima la negación como mecanismo defensivo.

Tomando palabras del licenciado Bruno Bonoris para abrir reflexiones al respecto…

“El ideal de productividad durante la cuarentena se muestra, más que nunca, como una exigencia incumplible y enfermante”.
En estos días escuché a personas escandalizadas porque no habían “aprovechado el tiempo” y a muchos psicólogos afirmar que era clave armar y mantener una rutina para conservar las referencias temporales. Está bien, pero creo que lo que más necesitamos ahora, como dijo Benedetti, “es un tiempo sin tiempo”.

Seguimos sometiéndonos y reproduciendo el lema capitalista de la productividad. El colmo del capitalismo: el triunfo de la demanda constante. Hoy la demanda se instaló en “casa” y sentimos que no tenemos a donde “escaparnos”… y esto puede llegar a ser insoportable. El estar todo el tiempo con uno mismo. El silencio. Lo espectral, especular y el propio ego puestos en juego. El conocernos, reconocernos o desconocernos, enfrentarnos con quienes somos y lo que estamos haciendo con nuestro devenir…

El vacío, la falta, las pérdidas, la ausencia, la soledad, el aislamiento, el encierro, “el confinamiento”, “eso extraño” que irrumpió e interrumpió nuestras vidas, nuestras rutinas, “el quiebre” de lo que era y ya no es, la conflictiva de los vínculos que queda expuesta en la convivencia, el miedo, el hacer consciente una representación de “la muerte”… nociones que buscan ser contenidas, acogidas, atendidas… implorando un “espacio” de despliegue.

Como esa paciente que me dice “tengo ese nudito en la garganta”, la piba se “hace cargo” y lo larga, cual proyectil, porque “su angustia” se desborda, la “ahoga” y no se puede seguir mintiendo ni evadiendo. Ya no lo negocia y aunque sabe que el trabajo interno conlleva un “costo” a nivel psíquico, un “precio a pagar”… le hace frente, se “la banca” porque en palabras de ella “es más importante y trascendental mí deseo por conocerme y estar bien”. No cualquiera se anima, porque es al fin mirarse y dejar de escaparse de uno mismo.
Cuando se cae para adentro no entra nadie que no sepa leer con los ojos cerrados. Es quitarse “las vendas”.

Como me dijo un adolescente hoy, “un visitante desconocido me invade” en un juego en línea con el que está “re manija viciando” y luego, me cuenta como busca respuestas a sus interrogantes con respecto a las probabilidades de que el planeta Tierra “desaparezca” por YouTube… la manera en la que él está tramitando esto que emerge de lo contextual y tiene serias implicancias en su subjetividad. Lo raro, la incertidumbre, la preocupación, “su angustia”.
El sueño recurrente de otra adolescente, quien se encuentra cursando “virtualmente” nada más ni nada menos que su sexto año de secundaria (con todo lo que se “juega” ahí, en ella, en sus expectativas, en su duelo, en “su angustia”) y me dice “Dani, hace días que vengo soñando con que llego tarde al cole, corro y nunca llego” y “me ponen la falta”…

Apalabrar lo que sentimos, darle sentido a “eso” que está ahí y “late”, lo que se manifiesta pidiendo “un espacio”.
Tejer trama.
Hacer nudo y desanudarlo.
Desnudarnos.
Escucharnos.
Hacernos nido.
Refugio.
Habitarnos.
Aceptar.
Aceptarnos.
Cultivarnos.
Soltarnos para adentro.

Y duelar todo lo que sea necesario.

A la angustia SÍ hay que darle “su” lugar.

*María Daniela Berecibar. Licenciada en Psicología. M.P. 12176