viernes, junio 21, 2024
Nacionales

¿Albertismo?

Por Luis Brunetto/El Furgón –

Además de compartido por ambos integrantes de la fórmula, Fernández es un apellido demasiado frecuente como para dar pie al rótulo del conglomerado político que, en ciernes, se construye sobre la base del núcleo duro de los apoyos a Cristina. La ratificación electoral del 11 de agosto parece haber constituído, entonces, el primer paso de la criatura que los analistas, fácticamente todavía, tienden a designar como albertismo.

Página interior del diario Clarín

Sin embargo, antes de sellar con el bautismo la conjura del pecado kirchnerista, y conquistar el derecho al nombre propio, parece que el albertismo deberá resolver los probables contornos de ciertas disputas internas que, según algunas fuentes, suenan desde el Instituto Patria. Sumido por ahora en el mutismo en relación a las noticias que se generan en la pequeña oficina de Alberto en San Telmo, en el think thank de La Cámpora y del núcleo kirchnerista habría, sin embargo, halcones y palomas.

¿Estos escarceos podrían dar origen finalmente a tales disputas internas? Dicen las fuentes que, a pesar del silencio, en el Patria hay dos cuestiones sobre las que estarían trabajando los halcones. Habría, por un lado, una línea de acción destinada a obstaculizar la entrega de la Cámara Baja a Sergio Massa, promesa con la que Alberto selló la incorporación del Frente Renovador al nuevo conglomerado. La otra preocupación brotaría de los contactos, nada opacos, de Alberto con los grandes empresarios del establishment, Magnetto especialmente. La preocupación brotaría no tanto de una repentina perspectiva antiburguesa, sino de la “mojada de oreja” que representaría la reconciliación con el archienemigo histórico del kirchenrismo.

Diario Río Negro, páginas interiores

De esa densa agenda de encuentros con los hombres del establishment, conviene destacar, a la hora de señalar los nombres que sonaron mal entre los halcones, la reunión con el ex senador cordobés Roberto Urquía, el dueño de Aceitera General Deheza. Cuando el kirchnerismo todavía era un postduhaldismo, Urquía fue nada menos que “él hombre de Cristina” en la Córdoba pre retenciones. Su renuncia al Senado para evitar votar la Resolución 125 es menos recordada, a pesar de haber sido clave a la hora de la consumación de aquella derrota, que el voto “no positivo” de Julio Cleto Cobos.

Se dice que la quinta columna, o lo que algunos perciben como tal, estaría sembrada dentro de la sede de la calle Rodríguez Peña: Los pragmáticos serían los intérpretes de la voz de Alberto dentro del Patria. La presencia de Wado De Pedro en la reunión con Marcos Galperín, el dueño de Mercado Libre, con el candidato, debería según las fuentes orientar en la pesquisa a quién buscara descubrir, dentro de las oficinas del Instituto, a los que engrosan las filas aladas de comedores de miguitas de la Plaza del Congreso.

Portada del diario “La Nueva Provincia”, de Bahía Blanca

Afirman, también, que la respuesta que llegó en la semana desde Venezuela a las críticas del candidato peronista, no habría sido espontánea. Parece que una llamada desde Buenos Aires motivó el mensaje de Diosdado Cabello. Respecto a este dato telefónico, que anoto porque me lo han dicho, señalo que los deseos de mis interlocutores embellecen la más que cruda imagen que impone el decurso conservador del postkirchnerismo, que les impide conciliar el sueño. Insisten, sin embargo, en que el mensaje bolivariano anticiparía futuros mensajes, cuestionadores del rumbo emprendido por Alberto. Esta vez, en cambio, provendrían de algún punto no determinado de la geografía nacional.

¡En qué te han convertido Alberto!

Candidato del orden y de la reconciliación burguesa, Alberto representa la reconfiguración del fallido intento sciolista. Aquel fue derrotado porque, justamente, el kirchnerismo pretendía mantener la hegemonía dentro del peronismo, a través del comisariato de Carlos Zannini y de una Cristina cuyo liderazgo, en caso de triunfo, hubiera resultado irresistible. El frustrado triunfo de Daniel Scioli buscaba crear las condiciones de una negociación política, destinada a incorporar a los grupos económicos construidos bajo el kirchnerismo (Báez, López, Electroingeniería, etc.), al selecto núcleo decisor de la gran burguesía argentina. La derrota, en cambio, representó su disolución, y la persecución judicial de los “empresarios plebeyos”.

La incorporación de esos grupos no hubiese significado, sin embargo, un contrapeso al devenir ajustador del proceso económico. Consolidados como grandes grupos empresarios, la dinámica del capitalismo argentino y mundial les hubiera impuesto el abandono de todo revestimiento ideológico nacionalista y la política económica del gobierno de Scioli habría funcionado como simple reguladora de ese proceso.

Página del matutino “Los Andes”, de Mendoza

Si este devenir hubiese redundado en un intento de Scioli por construir un liderazgo personal, en detrimento de Cristina, no puede saberse, pero sí hay que anotar que una hipotética tensión política entre ellos, habría girado alrededor de la disputa por la representación política de ese proceso de reconciliación burguesa y no de una reactivación de la épica transformadora que caracterizó a los primeros años del kirchnerismo.

De modo que, contra lo que suponen los anatemistas del voto en blanco de la izquierda, hay argumentos de peso para sostener que el gobierno de Scioli se hubiese parecido mucho al de Macri. La clave del asunto se encuentra en el agotamiento del ciclo inversor nacional abierto por la devaluación del 2001, y cerrado por la crisis mundial a partir del 2008- 09. La crisis suprimió las bases del tibio nacionalismo kirchnerista: todo intento de romper el estancamiento crónico en que cayó la economía argentina a partir de 2011, en la medida en que no se propusiera rebasar los límites del régimen capitalista, no podía más que alimentarse con inversión de capital extanjero. Ya Scioli, en su campaña electoral, ofrecía como alternativa al levantamiento del cepo y la devaluación, 30 mil millones de dólares que le habían prometido para marzo…

Una dinámica impensada e imprevista

Gran burgués nacional, Macri tiene espalda para permitirse ciertas cosas, y sus conflictos con el círculo rojo, que marcaron prácticamente todo su mandato, lo convierten a él mismo, al comando del estado burgués, en un factor político. No es la primera vez que Macri se siente sólo y abandonado por el círculo rojo y actúa en consecuencia. Por eso, quienes interpretaron el llamado a Alberto como una capitulación ante el círculo rojo y el ala política, parecen haber pecado de ilusos. La comunicación se explica mejor por la necesidad de ordenar el panorama y frenar la debacle devaluatoria, de la misma manera que la convalidación por Alberto del dólar a 60 pesos, pasaje a la pobreza sin retorno para millones de compatriotas, no fue la devolución del gesto presidencial, sino una señal al establishment en el mismo sentido de parar la sangría.

Diario Perfil, de la ciudad de Buenos Aires

Ahora, además, Macri parece enfrentar la deserción de María Eugenia Vidal y de Horacio Rodríguez Larreta, desesperados por despegarse definitivamente. El nombramiento de Hernán Lacunza en reemplazo de Nicolás Dujovne, justo al cerrar esta nota, en el ministerio de Economía, perecería contradecir este distanciamiento, al menos en lo que respecta a Vidal, que habría dado el visto bueno. El perfil de Lacunza, por otra parte, se corresponde mejor con el tono “populista” de las últimas medidas económicas que la impronta ultraliberal de Dujovne.

Rodeado apenas por sus adherentes doctrinarios del duranbarbismo, Macri parece de todos modos haber mantenido, en lo inmediato, el control sobre el gabinete y el Congreso. Las amenazas de ruptura del ala política, aunque frecuentes, no han terminado por otra parte de consumarse en otros momentos no tan dramáticos, pero sí muy graves. Aunque en los días inmediatos a la elección se hablaba de una diáspora en el gabinete y el Congreso, que incluía a Rogelio Frigerio, a Emilio Monzó y hasta al propio Miguel Pichetto, la hemorragia parece haber sido contenida, por lo menos provisoriamente.

Página del diario “La Nación”

Macrista pero antiduranbarbista, e indiferente a los golpes de la adversidad política, Elisa Carrió expresa en sus delirantes apelaciones el tono de cruzada con que piensan encarar la lucha por reducir en dos o tres puntitos porcentuales, para octubre, la paliza. Esa decisión de mellar el porcentaje electoral de Alberto está en la base de las medidas económicas “populistas”, impensadas una semana atrás, con que Macri pretende navegar las aguas bruscas de la transición, aunque lo lleven al choque con el círculo rojo, por un lado, y con la conservadora Liga de Gobernadores, por el otro. Mientras unos trinan por el congelamiento de los precios de los combustibles, y los otros, por eso y por la eliminación del IVA a la canasta básica, Macri ha sacado la conclusión de que el establishment finalmente ha decidido negociar con Alberto. La reunión con Galperín, su amigo personal y empresario directamente favorecido por el gobierno, parece haber sellado tal conclusión.

A los empresarios los rebela la reducción provisoria de las ganancias previstas que provocará el congelamiento y sus consecuencias sobre los niveles de inversión, especialmente en Vaca Muerta; los gobernadores sufren por la suerte de las regalías y por la de los ingresos coparticipables del IVA. En defensa de ambos, en un país donde el pueblo no come, salió Alberto con prisa. Ya su asesor Guillermo Nielsen se había pronunciado preventivamente contra el congelamiento de los combustibles, pero la sanción del decreto obligó a Alberto a salir personalmente a rechazar la medida.

La defensa de los gobernadores que, a primera vista, parece menos difícil, porque la mella en los ingresos provinciales podría repercutir en los servicios públicos, resulta también dudosa, si se mira la cuestión en profundidad. Efectivamente, las provincias podrían imponer a las grandes empresas, que han obtenido ganancias gigantescas como producto de la devaluación, impuestos de emergencia con que satisfacer esos faltantes. En Chubut, donde los estatales cobran su sueldo en partes e inician el martes que viene un paro por tiempo indeterminado, duerme el sueño de los justos un proyecto de ley propuesto por los gremios para imponer gravámenes a las petroleras. El gobernador massista Mariano Arcioni, que venía incluido en el paquete con que Alberto adquirió al Frente Renovador, lo tiene cajoneado. En cambio, preveé endeudarse en  1500 millones de pesos para pagar los sueldos, a cambio de habilitar los proyectos megamineros que el pueblo de Chubut ha rechazado con movilizaciones.

Diario “La Nación”
Política mediática para la reconciliación burguesa

La participación de Alberto en el evento de Clarín la próxima semana expresará con mucha claridad la reconfiguración del campo mediático que se está desplegando ante nuestros ojos y oídos, y cuya evidencia más notoria es el “cambio de opinión” de notorios comunicadores. La reconfiguración mediática no hace más que acompañar el proceso de reconciliación de la burguesía. La reconciliación burguesa no puede más que expresarse en la unificación del mensaje mediático que no puede tener otro contenido que el de reforzar el proceso que encabeza Alberto.

Los nuevos contenidos del mensaje mediático apuntan a la construcción de la confiabilidad del postkichnerismo a los ojos de la gran burguesía y los mercados, en tanto el prisma con que observa el gran capital nacional el proceso de construcción del nuevo dispositivo político, devuelve todavía escenas del decurso rebelde del kirchnerismo épico, y eso aún horroriza. Contrariamente a lo que se cree, es el establishment nacional el que abriga las dudas más intransigentes respecto al postkichnerismo. Por eso, la difusión de los encuentros con los grandes empresarios, que bien podrían haberse mantenido en secreto, tiene el propósito de ayudar a alejar aquellas imágenes intimidatorias para el paladar del gran burgués.

Tapa de “Jornada”, diario de Chubut

Sobre el capital internacional ya han operado con fruición, desde bastante tiempo atrás, numerosos economistas con llegada a los organismos internacionales, a Wall Street y a las bolsas de Europa. Además del ya mencionado Nielsen, han pesado las garantías de empresarios como José Luis Manzano, socio de Daniel Vila, cuyos vínculos neoyorquinos son envidia del grueso del empresariado local. Manzano actuó como garante de la gira estadounidense de Axel Kicillof, cuyo ex viceministro Emanuel Alvarez Agis ha tejido desde la función pública relaciones de confianza con banqueros y consultoras norteamericanas. Las declaraciones de apoyo a Alberto por parte de Guillermo Calvo, días antes de las PASO, no salieron de la nada.

Pero el giro de los medios hegemónicos es sólo un aspecto y no el más preocupante. Los medios “progres” también abonan, desde el 11 de agosto, al viraje sostenedor de la paz social contra las inoportunas irrupciones de la movilización de masas. En ese contexto, la idea de que toda perturbación movilizadora conspira contra la estabilidad del proceso de transición y contra la del futuro gobierno, en el cual el pueblo ha depositado sus esperanzas y expectativas, será reforzada y machacada con inusitada fuerza. Como contrapartida, vamos a asistir a una crítica sistemática a la intransigencia de Macri, a su negativa a capitular ante el círculo rojo y, sobre todo, a un velado rechazo a sus medidas económicas “populistas”

Portada del diario “El Chubut”

La condena mediática de la movilización popular, hay que decirlo, puede perfectamente llegar a rayar la censura. Ocultar las expresiones que den cuenta de la reactivación de un proceso movilizador es indispensable para reforzar la eficacia comunicativa de los contenidos condenatorios de la protesta. Sin embargo, ese proceso, cuyas perspectivas son muy profundas, ya se ha desatado. Incluso, puede decirse que, contradictoriamente, el acto electoral ha sido su punto de partida: La avalancha de votos a la fórmula Fernández-Fernández expresa la tajante resolución popular de poner fin, de una vez y para siempre, a este estado de cosas.

Conjurada por las maniobras de las burócratas sindicales y de una parte de los movimientos sociales durante todo un período, la movilización parece haber encontrado en el acto electoral del domingo 11 un paradójico instrumento de habilitación, más que un obstáculo, un punto de partida más que un límite. La comprobación de la impopularidad del macrismo y de su política económica puede haber catalizado la idea del retorno a la calle. Esta dinámica movilizadora representaría entonces, contra las pretensiones contenedoras del “Hay 2019” y del “Votá bien”, la verdadera continuidad política del aplastante resultado electoral. Por eso, la apelación a la movilización debe ser desprestigiada y atacada.

Y eso ya se ha puesto en práctica desde esta semana, con la invisibilización de la marcha de más de 30 mil trabajadores ocupados y desocupados, movilizados en gruesas columnas del Polo Obrero, del FOL y de otras organizaciones, que convergieron en Plaza de Mayo el mismo día en que Alberto convalidaba el dólar a 60 pesos. El viernes, la cobertura de la detención ilegal de dos dirigentes docentes en Comodoro Rivadavia, que desencadenó una huelga de solidaridad de las bases petroleras y los trabajadores de la construcción y que obligó al gobierno a desistir de la represión y a liberarlos, brillo por su ausencia en radio y televisión. El jueves próximo, sin embargo, el cerco mediático deberá recurrir a todo su ingenio: El Plenario Sindical Combativo resolvió movilizar a la reunión del Consejo del Salario Mínimo, un evento que no puede ser dejado fuera de la agenda periodística, y en el que la presión movilizada de los trabajadores no podrá dejar de hacerse sentir sobre los burócratas sindicales. Veremos.

Tapa de “El Diario”, Puerto Madryn

¿Qué proporción de los trabajadores que protagonizaron el mini chubutazo del viernes votaron a los Fernández el domingo? ¿Cuántos lo hicieron entre los que el jueves marcharon a Plaza de Mayo, desoyendo los llamados a la calma? ¿90, 95 por ciento? El recurso electoral, promovido como panacea por quienes pretenden contener la dinámica movilizadora, parece haberse convertido en el punto de apoyo de su relanzamiento. No es nuevo: La dinámica de movilización de nuestra clase trabajadora ha seguido históricamente itinerarios de este tipo.

Algo de eso está en la cabeza de la burguesía: las mismas fuentes que, desde el Patria, hablan de una gestión porteña detrás de las declaraciones de Diosdado Cabello, sostienen que Alberto tiene “pánico” a una probable reedición de un ciclo movilizador, del tipo del que abrió su curso rebelde a finales de 2001.

Veremos.