jueves, junio 20, 2024
Nacionales

Cuando la “Libertadora” dejó a Racing sin Perón

Por Julián Scher/El Furgón –

Una hoja blanca, de 35 centímetros de largo y 23 de ancho, expone con una prolija redacción en cursiva lo que durante 62 años permaneció en silencio: el 1 de febrero de 1957, Racing despojó a Juan Domingo Perón de su título de presidente honorario.

La Asamblea General Ordinaria, compuesta por 144 socios y realizada en la sede de Avenida Mitre 934, aprobó sin un solo cuestionamiento público la medida que la comisión directiva había impulsado exactamente un año antes y que precisaba la ratificación de los representantes de la masa societaria. “Manifiesta la presidencia que de conformidad con las disposiciones del artículo cincuenta y cuatro del Reglamento General, la Comisión Directiva, en su sesión de fecha primero de febrero de mil novecientos cincuenta y seis ha procedido a la expulsión de los socios honorarios señores Juan D. Perón, Juan A. Bramuglia y Ramón Cereijo, de lo que en cumplimiento de las disposiciones da cuenta a la Honorable Asamblea a los fines pertinentes”, informa el acta que detalla los pormenores de lo sucedido durante aquella noche de viernes.

Estadio “Juan Domingo Perón”. Fuente: Racing Club

El número 699 de la Revista Racing, publicada –casi sin interrupciones- entre 1943 y 2001, salió a la calle el 6 de febrero con una extensa cobertura de la asamblea. En un tono bastante crítico, expresó que sólo 250 socios decidieron cuestiones importantes de la vida de una institución que contaba para ese entonces con alrededor de 40.000 miembros. La posible venta de un predio en Monte Grande y la propuesta de que los vitalicios abonaran de modo obligatorio una cuota mensual asomaron como las dos grandes razones esgrimidas por el semanario para justificar las presuntas tensiones que rodearon a la cita. ¿Y sobre la decisión referida a quien fuera presidente de la Argentina en tres oportunidades? Apenas una mención, en la página 10 y resumida en seis palabras, que despeja todo tipo de dudas: “Ratificose la expulsión de socios honorarios”.

Perón dio el puntapié inicial el 3 de septiembre de 1950, en la inauguración del Estadio Presidente Perón, un rato antes de que Llamil Simes convirtiera para que el conjunto dirigido por Guillermo Stábile venciera por 1 a 0 a Vélez. Ramón Cereijo, ministro de Hacienda entre 1946 y 1952, ocupó un lugar de privilegio en la política del club durante aquellos años. Sus gestiones resultaron vitales para la construcción del Cilindro y para el armado del equipo que se consagró campeón en 1949, en 1950 y en 1951. La Memoria y Balance General de 1947 dejó constancia del potente vínculo y del reconocimiento que una década más tarde volaría por los aires: “Cada uno de los presentes, haciendo eco del reconocimiento general, entendió que la colaboración de los hombres de Gobierno amplia y desinteresada en beneficio del deporte y en el caso especial del Club, se hacía acreedora a la distinción honorífica que dejara grabado sus nombres en los libros que serán mañana la historia de Racing, ya que, íntimamente, cada uno nos sentimos vinculados con nuestro agradecimiento y por ello, se aprobaron las siguientes designaciones: Presidente Honorario, S.E. el Presidente de la Nación, General Don Juan Domingo Perón. Socios Honorarios, Señora María Eva Duarte de Perón; S.E. el Ministro de Hacienda de la Nación, Dr. Ramón A. Cereijo; S.E. el Ministro de Relaciones Exteriores y Culto, Dr. Juan Atilio Bramuglia; Presidente del Banco Central de la República, Señor D. Miguel Miranda”. Tanto importaban los cargos que en el original figuraban en mayúsculas.

Luis Chamizo, criado a orillas del Riachuelo y heredero por mandato familiar de la pasión celeste y blanca, asumió la presidencia del club el 15 de enero de 1956. “Es un hombre muy estructurado. Responsable. De clarísimas ideas políticas. En lo nacional y en lo racinguista. Hace obra. Acerca gente. Suaviza situaciones”, lo describió una crónica de esos días. “Se ha superado toda aquella época de oprobio para nuestro club, dado que una Revolución Libertadora…”, dijo enfáticamente Chamizo ni bien se dirigió al auditorio que lo escuchaba expectante. Lo interrumpieron con el argumento de que ese no era un espacio para hablar de política. Continuó ni bien retornó el silencio: “No me dan dejado terminar la frase; si debo definir la libertad, digo que no la considero política. La libertad no tiene partido político, como han dicho todos los revolucionarios”.

Revista “Racing”

El 20 de enero, en la primera reunión de la flamante comisión directiva, antes de que aglutinara esfuerzos para contratar al goleador mendocino Pedro Manfredini, Chamizo dio el visto bueno a un doble homenaje: por un lado, al ex presidente de la nación Bartolomé Mitre al conmemorarse medio siglo de su fallecimiento; y, por el otro, al diario La Nación, por su cumpleaños 86. La decisión de expulsar a Perón, a Bramuglia y a Cereijo se hizo pública en el cónclave del 1 de febrero y consta en actas. La excusa para eliminar del padrón a Eva Perón y a Miranda fue que ambos habían fallecido. En ese mismo encuentro, se mencionó con especial entusiasmo la carta que el almirante Isaac Rojas, en ese entonces vicepresidente de la Argentina y emblema del golpe de Estado de 1955, había enviado como respuesta a la adhesión formulada por las autoridades académicas.

El lazo de la familia Chamizo con la política cruzó las fronteras de Avellaneda. Julio, hermano de Luis, fue candidato a presidente del país en las elecciones del 11 de marzo de 1973 por Nueva Fuerza, el partido prohijado por Álvaro Alsogaray en 1972. El ingeniero Raúl Ondarts lo acompañó en la fórmula pero el frustrado aspirante a la Casa Rosada no alcanzó a cosechar ni siquiera el dos por ciento de los votos. También había sido candidato a gobernador de Buenos Aires en 1958 por el Partido Cívico Independiente.

“Entre los hermanos había diferencias por ese tema”, asegura una nieta de Julio. Susana, hija de Julio, sobrina de Luis y militante del Partido Revolucionario de los Trabajadores, estuvo detenida en 1980 a manos de la última dictadura. Luis Piriz, su compañero y el padre de sus dos hijas, fue secuestrado en mayo de 1976. Es uno de los 30.000 desaparecidos que dejó el proyecto genocida encabezado por Jorge Rafael Videla.

Eva Perón, socia honoraria de Racing Club. Fuente: http://laresistenciaracinguista.blogspot.com

El 16 de junio de 1955, tres meses antes de que Perón fuera derrocado por la autodenominada Revolución Libertadora, se produjo en el centro de la Ciudad de Buenos Aires un bombardeo brutal cuyo saldo fueron más de 300 muertos y cientos y cientos de heridos. Lo protagonizaron sectores civiles y militares que aspiraban a tumbar al gobierno constitucional reelegido el 11 de noviembre de 1951. En su edición del 22 de junio, la Revista Racing abordó la masacre con un discurso bien distinto al enarbolado por Chamizo en su asunción: “La revista RACING, que se siente parte integrante de una expresión popular, hace una pausa en su trayectoria para condenar, con el más profundo de los dolores, el acto de barbarie cometido por quienes quebraron la paz de la familia argentina, bajo el sino trágico de la muerte desparramada desde el cielo”. Ya no podrían ser tan elocuentes los mensajes a partir del 16 de septiembre.

El tercer golpe de Estado del siglo XX en la Argentina tuvo objetivos claros. “El presidente Aramburu intervino por decreto la CGT, disolvió el partido peronista, inhabilitó a sus integrantes para obtener empleos en la administración pública y proscribió de la representación gremial a quienes habían ocupado cargos sindicales a partir de 1952”, enumeró el historiador César Tcach. “Aramburu enfrentó el tema con una política dura de desperonización, que pretendía borrar de la historia y la sociedad argentina todo vestigio de peronismo”, puntualizó el también historiador Jorge Nallim. La Comisión Investigadora de Irregularidades Deportivas número 49 se ocupó de trasladar esa pretensión al plano deportivo y, además de perseguir a deportistas de la talla del fondista Osvaldo Suárez, del remero Eduardo Guerrero y de la tenista Mary Terán de Weiss, mandó a elaborar un informe de la situación de cada club. La Asociación del Fútbol Argentino y el Comité Olímpico Argentino fueron intervenidos.

Como ocurrió en muchos otros clubes, la Academia también quitó de la escena los bustos de Perón y de Evita. Volvieron a su sitio circunstancialmente en 1973 y regresaron a las sombras en 1976. Como certifica la Revista Racing en su número 891, recién en marzo de 1998, durante la presidencia de Daniel Lalín, fueron sacados definitivamente del ostracismo y ubicados en la puerta de la sede de la Avenida Mitre.

El Cilindro, entre tantas dosis de revanchismo adentro y afuera del fútbol, perdió en 1955 las letras de la fachada que lo identificaban con el líder del justicialismo. Eso sí: jamás cambió de nombre. Según algunos socios memoriosos, simplemente dejó de llamarse así por un tiempo. No faltará quien trate de explicarlo diciendo que la única verdad es la realidad. La duda es cuántas realidades caben en las idas y vueltas de un lazo que, expulsión mediante, sigue dando que hablar.