jueves, junio 20, 2024
Nacionales

La calle no es un lugar para vivir y menos para morir

La realidad que atraviesa nuestro país hoy es muy compleja y enfrenta una crisis de la cual no todos saldremos vivos y hablo literalmente. En lo que va del invierno 2019 han muerto 5 personas por hipotermia en las calles de distintos lugares de Argentina; una en Jujuy, otra en Santa Fe (Venado Tuerto), dos en la provincia de Buenos Aires (San Nicolás y Mar del Plata) y otra en Capital Federal.

El índice de pobreza alcanza un 35 por ciento y de indigencia un 5 por ciento. La pobreza infantil ha crecido a pasos agigantados y hoy existen casi 5 millones de niños en la Argentina que no pueden acceder a las necesidades básicas para construir una vida y crecer sana, dignamente.

Por otra parte en la Ciudad de Buenos Aires viven al intemperie alrededor de 7000 sujetos de los cuales casi 900 son niños/as, más allá de que las cifras oficiales arrojen un número de 1100 personas. Sólo con recorrer y caminar por nuestra ciudad se puede percibir que el número creció considerablemente. Esto es grave, preocupante e importante y urgen políticas públicas para abordar el tema.

La calle no es un lugar para vivir, pero cuando las políticas públicas los han excluido, los han dejado desamparados, a la deriva, la calle pasa a ser el único lugar.

En este sentido, los paradores y hogares que el Gobierno de la Ciudad tiene para ofrecer se encuentran colapsados, los subsidios habitacionales (5000 pesos) no alcanzan ni para pagar la mitad de lo que cuesta un cuarto en una pensión u hotel (9000 pesos) y a los seres no les queda otra opción que armar sus ranchadas en las veredas, plazas o recovas y comer lo que encuentran en los tachos de basura (si aún no están magnetizados) o lo que las casas de comida descartan a la noche y para subsistir recoger cartones o lo que hallen en los contenedores.

En este sentido hay dos puntos esenciales; el primero es el temor de algunos a asistir a los paradores: 2 para hombres y 1 para mujeres habilitados por la gestión porteña. Estos lugares si bien pueden dar un plato de comida, ofrecer un baño y una noche bajo techo no dejan de reflejar el padecimiento y sufrimiento por tantos años en las calles, de violencia y de derechos vulnerados, de exclusión y desamparo, por eso en muchos de estos paradores, se manifiestan situaciones de violencia y ahí radica el miedo de algunos seres a acudir a ellos. La persona luego de transitar y vivir en la calle no es la misma, su cabeza se va corroyendo, deteriorando. La calle no es un lugar para vivir y nuestro derecho es tener la posibilidad de acceder a un trabajo y a un vivienda.

Acá el segundo punto, la calle no es un lugar para vivir, pero cuando las políticas públicas los han excluido, los han dejado desamparados, a la deriva, la calle pasa a ser el único lugar, pero ¿qué sucede hoy donde existen 7000 personas habitando las mismas? Las echan. Sí, vienen con unas placas del Gobierno de la Ciudad del sector de Espacios Públicos y los retiran de las esquinas o de las veredas cosa que no se puede ni debe hacer ya que todo ser tiene derecho a permanecer en el espacio público. Cuando esto ocurre los sujetos comienzan a deambular temerosos buscando un lugar donde arrojar sus pertenencias para dormir unas horas, mientras que antes por lo menos sentían como propia la parada donde habían armado su ranchada.

Pero lo que sí debe, tiene y puede el Estado hacer es generar políticas públicas que no excluyan a los sujetos, que no los dejen sin trabajo, sin educación, sin recursos, sin subsidios y no los traten de culpables por morirse en las calles cuando es la única opción que les dejaron y hoy ni eso.

Es esencial la unión, la generación de tramas vinculares, el tejido de las redes entre los sujetos para sostenernos y ayudarnos

Ni a los tachos ni a los bancos pueden acudir las personas porque que el Gobierno ha tomado la decisión de magnetizar los contenedores y solo se abren con una tarjeta que tienen los encargados y los comerciantes (los llaman tachos inteligentes). Una vez que se cierra, el container queda bloqueado. En las redes sociales los llaman “tachos tapa pobres” ya que no permiten que las personas ingresen en ellos a buscar comida ni cartones. También han instalado unos bancos de madera divididos por hierros que impiden que una persona pueda acostarse sobre ellos, en este caso seguramente los llamarán “bancos superdotados”.

Es esencial la unión, la generación de tramas vinculares, el tejido de las redes entre los sujetos para sostenernos y ayudarnos. El Club Atlético River Plate abrió sus puertas, Vélez Sarsfield replicará esta acción, algunas iglesias también lo hicieron y así varios comedores y Centros, pero esto no depende de las buenas intenciones de la comunidad esto es responsabilidad de los que imparten las políticas públicas que deben ser de y para todos, sin seres de primera y de segunda, sin políticas meritocráticas absurdas e injustas, entendiendo que las políticas públicas implican el acceso de todas personas a bienes y servicios, que consisten en reglas y acciones que tienen como objetivo resolver y dar respuestas a la multiplicidad de necesidades, intereses y preferencias de los sujetos que integran una sociedad.

Me gustaría compartir la frase de María Aparecida Affonso Moysés, doctora y miembro de “Despatologiza” en Brasil: “La desigualdad es una gran forma de violencia. (…) Ciudadanía y derechos son cosas que o todos tenemos o nadie tiene. Si yo tengo derecho a tomar agua y tú no lo tienes, yo no tengo derecho; yo tengo un privilegio. Si todos no tienen derechos, nadie tiene derecho. Si hay una persona que no tiene ciudadanía, nadie es ciudadano. La desigualdad destruye derechos y destruye ciudadanía”.

Carla Elena. Psicóloga Social, Docente, Diplomada en Violencia Familiar y Género. Miembro de Forum Infancias.

Foto de portada: UTE (Unión de Trabajadores de la Educación) @utectera