lunes, junio 17, 2024
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Violencia machista y femicidios: “Nos están matando”

En lo que va del año 2019 son más de 35 las mujeres muertas por violencia machista en la Argentina, por rubias, por morochas, por trabajar, por madres, por lindas, por feas, por gordas, por flacas, por putas, por nuestra ropa, por decir, por hacer, por existir. Nos están matando por ser mujeres.

Denuncias que no se registran, relatos que no se tienen en cuenta, programas que no tienen presupuesto nos dejan desamparadas ante la violencia machista que necesita mostrar su poder sobre el cuerpo de la mujer.

Si bien existe la ley 26.485 sancionada hace 10 años que define la violencia contra las mujeres y nos defiende de ella la norma no se aplica como debería. Nosotras, las mujeres estamos expuestas constantemente a la violencia del macho, a ser víctimas del poder que ellos ejercen sobre nuestros cuerpos, mentes y vidas transformándonos en cosas sobre las cuales pueden disponer y hacer.

Las perimetrales no se cumple, los botones anti pánico al igual que las pulseras de alcance a 500 metros (que son un gran avance) no son suficientes para preservarnos de estas muertes que hoy parecen ser a una epidemia.

Denuncias que no se registran, relatos que no se tienen en cuenta, programas que no tienen presupuesto nos dejan desamparadas ante la violencia machista que necesita mostrar su poder sobre el cuerpo de la mujer. Muchas de nosotras no tenemos a dónde acudir ante una situación de violencia y tampoco podemos irnos de nuestras casas ya que no existe un alojo alternativo.

En este último tiempo con el empoderamiento de las mujeres los femicidios han aumentado como si los machos  necesitaran demostrar que no los han vencido, que el poder continúa siendo de ellos y que el dominio sobre nuestros cuerpos, también.

Vale la pena preguntarnos ¿cuál es esta dinámica del macho? Este hombre que se siente poderoso violentando y oprimiendo a otro ser más frágil y vulnerable. Como menciona la feminista boliviana Adriana Guzmán, el sistema patriarcal mediante la conducta machista explota al cuerpo de la mujer a lo largo de la historia. Somos el depositario de un sistema que conlleva años y mediante el cual también se sostiene el capitalismo ya que se beneficia de la opresión sobre la mujer no reconociendo el trabajo que realiza para que el hombre sea útil para el patrón, sostiene ella.

Es importante distinguir entre los diferentes tipos de violencia entendiendo que el término se refiere siempre tanto a la sexual, psíquica y física. Encontramos la violencia familiar, por otra parte la ocurrida en la comunidad y la tercera la que es tolerada por el Estado. A partir de la ley 26.791, de 2012, se crea la figura del Femicidio definiendo a éste como un homicidio perpetuado por un hombre mediante la violencia de género en el ámbito público o privado, con o sin relación con la víctima. Dentro de esta figura jurídica existen también diferentes modalidades; íntina, no íntima, familiar, por prostitución o por trata.

Es urgente e importante comprender que las feminista buscamos la equidad de derechos, de posiciones, de lugares y espacios, empoderarnos luego de años de sumisión vividos. No odiamos al hombre. Nos unimos, denunciamos y marchamos para defender a nuestros cuerpos oprimidos que se están muriendo y donde la única opción es la movilización conjunta, las denuncias y la educación.

En este último tiempo con el empoderamiento de las mujeres los femicidios han aumentado como si los machos  necesitaran demostrar que no los han vencido, que el poder continúa siendo de ellos y que el dominio sobre nuestros cuerpos, también. El camino que nos convoca como colectivo y como sociedad es la mayor presencia e intervención  del Estado que tiene la obligación prevenir, sancionar e investigar; generar mayor sororidad entre nosotras y brindar Educación Sexual Integral desde la infancia, tanto en las escuelas como en el seno familiar para que este sistema patriarcal que nos atraviesa comience a modificarse.

Es llamativo lo que sucede cuando se menciona la palabra feminismo una gran parte de la sociedad (incluyendo mujeres), aclaran no identificarse con el término. Es urgente e importante comprender que las feminista buscamos la equidad de derechos, de posiciones, de lugares y espacios, empoderarnos luego de años de sumisión vividos. No odiamos al hombre. Nos unimos, denunciamos y marchamos para defender a nuestros cuerpos oprimidos que se están muriendo y donde la única opción es la movilización conjunta, las denuncias y la educación.

Me  gustaría concluir con esta excelente reflexión de Rita Segato que creo es muy esclarecedora cuando explica que la violencia machista es un acto disciplinador, un crimen de poder: “Ese concepto es de altísima complejidad. Le cuesta mucho a la sociedad comprender a qué apunto. Mucha gente de bien, muy moral, saltó contra esto e intenta rápidamente diferenciarse de ese sujeto que considera anómalo, criminal, inmoral, en fin todo lo malo que se deposita en ese sujeto, en ese chivo expiatorio que es el agresor… y los otros hombres se salvan y dicen yo no soy eso. Yo eso lo pongo bajo un signo de interrogación. Yo creo que aquel último gesto que es un crimen, es producto de una cantidad de gestos menores que están en la vida cotidiana y que no son crímenes, pero son agresiones también. Y que hacen un caldo de cultivo para causar este último grado de agresión que sí está tipificado como crimen… pero que jamás se sucedería si la sociedad no fuera como es. Se sucedería en un psicópata, pero la mayor cantidad de violaciones y de agresiones sexuales a mujeres no son hechas por psicópatas, sino por personas que están en una sociedad que practica la agresión de género de mil formas pero que no podrán nunca ser tipificadas como crímenes”.

Carla Elena. Psicóloga Social, miembro de Forum Infancias. Docente.

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