lunes, abril 22, 2024
Géneros

Ayelén Roldán: carne de presa para los medios

Agustina Lanza/El Furgón – Muerta. Tirada en el piso del living. Así encontraron Adrián y Natalia en su casa de Glew a la niñera de sus cinco hijos, Ayelén Roldán de 19 años y embarazada de seis meses. Más tarde la autopsia diría que murió porque alguien la asfixió de forma mecánica con un elemento que dejó heridas en su cuello. La fiscal a cargo de la UFI N°3 de Lomas de Zamora, María Laura Alfaro, no descartó que haya sido con el cable negro de DVD que encontraron los forenses en el tacho de la basura. Desde un robo violento hasta un ahorcamiento durante una práctica sexual. Las hipótesis fueron variando y, a pesar de la confusión, dejaron entrever un femicidio. En un comienzo, la investigación sospechó de la pareja que le daba trabajo. Se enteraron de que Ayelén tenía sexo con ellos. Pero los liberaron por la confirmación parcial de su coartada y adquirieron la calidad de testigos.

CARTEL3Ante ese escenario, la figura de Ariel Hernán Vallet, de 35 años, pasó casi inadvertida. Era la pareja de Ayelén. Otro sospechoso del crimen que quedó libre. “Ella era re seria desde que se juntó conmigo”, dijo al micrófono de TN. Posó para las cámaras pidiendo el esclarecimiento del caso y echó culpas a la pareja. Después trascendieron sus antecedentes: atravesó cuatro procesos penales por lesiones cometidas en contexto de violencia de género. Según lo que Natalia dijo a los periodistas, Ayelén y Ariel discutían seguido. La víctima le había contado que en una de esas peleas él le apuntó con un arma. En estos días, los peritos encontraron rasguños en su espalda que podrían significar signos de defensa. Él dijo que se las había hecho rascándose. Tenía las uñas cortas.

La espectacularidad del caso acaparó a los medios de comunicación. En una nota, La Nación utilizó el término “promiscuidad” para referirse a los últimos momentos de la joven. Pero no sólo se dedicaron analizar, una vez más, la sexualidad de una mujer que ya no puede defenderse. Hubo una pueblada. Los vecinos de Glew, indignados por la falta de culpables, tiraron piedras a la comisaría séptima, prendieron fuego varios autos y la casa donde vivían Adrián y Natalia. La fiscal se quejó. Dijo que había otras maneras de pedir justicia.

Pero, ¿cuál es la forma de que esa justicia nos escuche al fin? En los primeros cinco meses de 2017 murieron 133 mujeres a manos de la violencia machista y no hay miras de que las cifras disminuyan. Una por día. De algunas ni siquiera sabemos sus nombres. Ya no alcanzan el fuego, el dolor y la furia. Ya no alcanza con pedir que paren de matarnos.