sábado, abril 13, 2024
Por el mundo

Siria: conspiraciones, servicios secretos y potencias mundiales

Por Franco Vanni/El Furgón – Desde el año 2011 presenciamos uno de los desastres humanitarios más grandes de los últimos tiempos. Según el Centro Sirio para Investigación Política, los muertos por la guerra ascienden a los 470.000; para la ONU, los exiliados llegan a 5 millones, el mayor éxodo registrado de un pueblo durante la modernidad. Ahora bien ¿Se puede comprender el nudo que foguea este conflicto? ¿Hasta qué punto una persona promedio puede considerar que sabe del tema? ¿Bajo qué parámetros se puede estar a favor o en contra de las facciones en pugna con la información hasta el momento conocida? Las posibles respuestas a estas cuestiones, están al menos por ahora, viciadas, carentes de certezas.

En términos históricos Medio Oriente es una tierra disputada, religiosamente heterogénea  y con una sociedad tradicionalista. El territorio sirio fue dominado por egipcios, cananeos, hititas, persas, griegos, selyúcidas, romanos, árabes, mongoles, otomanos y franceses. Luego de la caída de estos últimos, los aires independentistas lograron conformar las naciones que hoy se conocen como Republica Libanesa y la Republica Árabe Siria. No ha sido mera contingencia histórica este constante pasaje de un dominio al otro. Quien haya poseído el control en terreno sirio, también manejó sus costas, que tienen una posición estratégica de cara al Mediterráneo.

El culto predominante es el Islam suní, rama mayoritaria de dicha religión. Sin embargo, el gobernante actual, Bashad al-Assad, hijo del ex presidente anterior Háfez al-Ásad,  pertenece a una minoría islámica chií llamada “alawuíta”. Además de este último asunto que lo posiciona como un blanco de intrigas para sus vecinos fronterizos suníes debido a sus discrepancias religiosas, también es la cabeza del partido Baaz Árabe Socialista, el cual se asienta sobre el nacionalismo, el socialismo arábigo y el laicismo. La dirección gubernamental mantiene a lo largo del tiempo un enorme rechazo a las políticas pro-occidentales, a la vez que desarrollaba prosperas relaciones con Irán, el gigante chií (segunda rama con más fieles del Islam) que disputa el control y la influencia sobre Oriente Medio a Israel y Arabia Saudita. Sin lugar a dudas, las especificidades que definen al mandatario han sido caldo de cultivo para una enorme serie de intrigas y conspiraciones que acabaron en una de las guerras más brutales de la época.

Alguna vez, un músico argentino escribió: “fijate de qué lado de la mecha te encontrás,/ con tanto humo el bello fiero fuego no se ve”. ¿Por qué la frase? No solo por el humo de los bombardeos, sino porque uno queda pasmado ante la irrefutable prueba de que en la Guerra Siria no existen buenos ni malos, no existen bandos por los que uno -ser consciente y moral- podría inclinarse, sólo existe un macabro juego de intereses que aplasta la legitimidad de todos los gobiernos involucrados en el conflicto.

Veamos algunos ejemplos esclarecedores de la red de tramas, suposiciones y acusaciones que tuvieron lugar durante el desarrollo de la contienda.

En enero de 2011 se inician protestas a lo largo y ancho del país, influidas por la “Primavera Árabe”, en donde su buscaba una mayor apertura política, libertad de prensa y la renovación del sistema democrático. El 20 de marzo del mismo año, una serie de manifestantes quemaron una sede del partido Baaz. La Seguridad Nacional reprimió y quince civiles resultaron muertos. El oficialismo acusó que el incendio fue provocado por una serie de conspiradores que estaban aunados a los intereses de Israel. En julio hubo manifestaciones multitudinarias, algunas en las que figuraban los embajadores de países como EE.UU y Francia. Las protestas siguieron incluso durante la fiesta islámica de “Ramadán”, día en el que se registraron un total de 136 muertos a manos de las fuerzas policiales. De ahí en adelante comenzaron a formarse grupos opositores armados con desertores del ejército, los cuales pujaban por llevar el conflicto a una escala de guerra de guerrillas.

Rohuani, Erdogan y Putin

La impronta de al-Assad se volvió contundente, ya que prometía “aplastar” al “terrorismo apoyado por el exterior”. Como puede verse, se comenzaban a cargar culpas ya no sobre un país en específico, sino contra un aparato más general, “el exterior”.

A medida que los eventos seguían su curso, “la oposición” comenzó a mostrar sus enormes discrepancias. Dentro de ella se encontraban los rebeldes moderados, por un lado, y el ISIS, por el otro. También los kurdos al norte de Siria, aprovechando el caos, iniciaron un plan de contención que afianzara sus áreas de control en la zona. De esta manera se dio inicio a lo que se conoce como “guerra dentro de una guerra”. Cada facción comenzó a atacarse la una a la otra, al mismo tiempo que peleaban contra el régimen de facto.

Occidente comenzó a preocuparse por la situación, y EE.UU, fiel a su accionar histórico, comenzó a brindar apoyo económico, militar y logístico a los grupos de rebeldes moderados. Pero éstos, con el tiempo, fueron embebidos por células extremistas del Estado Islamico (EI) debido a la mejor paga (éstos cobraban entre 370 y 555 euros al mes), mientras que aquellos que no se rendían a la yihad, le vendían su armamento para poder subsistir.

La guerra continua en este panorama confuso, mientras el gobierno sirio comienza a perder posiciones, llegando a dejar en manos del EI (yihadistas) un territorio con una población que ronda las 6 millones de personas, mientras que el Ejercito Libre Sirio (moderados), solo pudo lograr victorias sobre ciertas zonas, intentando mantener una resistencia desde allí.

Ejecuciones a manos del Estado Islámico

Los extremistas en control de sus zonas declararon oficialmente el Estado Islamico de Irak y el Levante, basado en un sistema autoritario que se rige sobre la ley jurídica islámica, la “yihad”, con una interpretación “salafista” de la misma, es decir, la comprenden desde un caracter absolutamente literal. Cumplen reglas dictadas hace unos 1500 años. Con la ayuda de Arabia Saudita y Qatar, socias del mundo occidental, que han sido acusadas por diversos medios de comunicación de financiar con petrodólares a miles de extremistas provenientes del mundo musulmán y Europa, dándoles entrenamiento militar y apoyo logístico, el EI cometió actos de brutalidad que solo pueden ser comparados con el nazismo o el stalinismo. A su vez, gracias a la financiación extranjera, pudieron expandirse y realizar atentados en distintos puntos de Europa. A modo de ejemplo, en diciembre de 2015, altos mandos militares rusos culparon abiertamente el presidente turco Erdogan de comprarle petróleo al ISIS, lo que vendría a ser una forma de financiarlo. El viceministro de Defensa, Anatoli Antónov dijo al respecto; “Turquía es el principal consumidor de este petróleo robado a sus dueños, Siria e Irak (…) según los datos obtenidos, en este negocio delictivo están involucrados los altos dirigentes del Estado, el presidente Erdogan y su familia”.

Militares rusos muestran el mapa con las rutas del trafico de petróleo

Ahora bien, mientras Assad perdía la guerra, la cual de todas formas iba a acabar con una victoria occidental luego de que el ISIS tomara el poder, en 2015, Rusia aparece en la escena como un personaje central, lanzando bombardeos las posiciones estratégicas de los terroristas. A los rusos, se suman los iraníes y el Hezbollah del Líbano, quienes enviaron soldados, armamento y dinero a la región. Gracias al apoyo de todo tipo que dieron estos países al gobierno sirio, hasta ese momento asediado y en constantes pérdidas bélicas, pudo comenzar su ofensiva.

Una ofensiva que desde su comienzo no ha tenido grandes contramarchas, ya que debido a la determinación y formación de los soldados que tomaron parte por el gobierno sirio, los sublevados solo han logrado perder terreno, llegando a ser los grandes derrotados de la contienda. La brutalidad que caracterizó el conflicto es ampliamente conocida, sobre todo por la difusión que le dieron los grandes medios de comunicación.

Sin embargo, no solo la crueldad y el desastre han sido registrados, sino también algunas evidencias que demuestran lo más terrible de la política internacional.

A modo de ilustrar ésto, cuando el Ejército Sirio liberó Deir Ezzor (ciudad ocupada por los extremistas), según sus mismas fuentes, hallaron “arsenales con numerosos cohetes, morteros y proyectiles antitanque, algunos de ellos fabricados en Israel, también habían piezas de artillería y explosivos de fabricación casera”. Es decir que Israel, meca del pro-occidentalismo en Oriente, apoyaba de una forma u otra a los extremistas que profesaban debían ser eliminados.

Volviendo el tiempo atrás, en 2011, el cirujano sirio Nemer Hassan, fue obligado por los mandos militares a atender a los opositores, ya sean radicales o moderados, los cuales  solían ser lastimados, así como también a realizar falsos informes de defunción. El gobierno sirio torturaba opositores con la misma impronta que lo hacían sus adversarios. Las fotos que filtro el médico son impactantes.

Por otro lado, ha quedado registrado un intrigante encuentro en el que el senador republicano  John McCain se reunió con los principales líderes rebeldes sirios, para foguear la “primavera árabe” y desestabilizar la región. En una fotografía se lo puedo ver con Ibrahim al-Badri, quien utiliza el nombre de Abu Bakr Al-Bagdadi durante la guerra. Para quien no sabe qué significa ese alias, Al Bagdadi, fue líder y califa del Estado Islámico.

Existen denuncias de varios organismos distintos, periodísticos e internaciones, los cuales postulas que extremistas entrenados habrían entrado en Siria gracias a una vía segura propiciada por Turquía y Jordania, en una operación conjunta de la Mossad israelí, la CIA y el M16.

Entonces, ¿bajo qué parámetros se puede estar a favor o en contra de las facciones en pugna? Especialmente cuando los turcos atacan a los kurdos que piden autonomía al norte de Siria, a la vez que introducen extremistas en la zona. Los mismos kurdos con un sistema de auto-gestión socialista, armados con artefactos de fabricación estadounidense, los cuales prefieren su injerencia para finalizar su plan independentista. Sin embargo, los americanos no llevan solo la paz y la independencia, también llevan los grandes negociados de las constructoras multinacionales que quieren reconstruir Siria por miles de millones de dólares, junto a las grandes explotadoras de gas y recursos naturales. A su vez el gobierno sirio se defiende de esta injerencia, torturando a opositores y extremistas, aquellos que desean volver mil años atrás, apedreando mujeres, casándose con niñas y decapitando a sus enemigos, entre otras atrocidades. Estos últimos se hacen llamar ISIS, han desfilado por las calles de las ciudades tomadas con miles de vehículos Toyota, para comprar aquellas camionetas, necesitaron dinero, dólares, lo mismo para comprar armas, pagar sueldos, y demás. Su riqueza se basa en vender petróleo a países como Turquía, o recibir cuantiosas donaciones de gobiernos extremistas legitimados por EE.UU, como Arabia Saudita, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos.

Mientras tanto, Israel, introduce alimentos y armas en la zona, en una suerte de plan desesperado para fastidiar a sus enemigos acérrimos, los chiíes, personalizados en el Hezbolá del Libano, y el temible Irán, y así prolongar el conflicto. Un conflicto  que en verdad, se halla disminuido gracias a la injerencia Rusa, quienes hoy pactan acabar con el terrorismo junto a los turcos, a los cuales acusaron con pruebas explicitas de comprar petróleo al ISIS. En medio de toda esta sopa de violencia explicita, también figuran los bombardeos “estratégicos” que imparten Gran Bretaña y Francia. Contextualicemos tan tremendo lío en manos de los medios masivos de comunicación más importantes del planeta.

Oriente es complejo, eso lo sabemos, pero Al-Assad no murió, ningún mandatario murió, solo han caído por miles una enorme cantidad de personas que pedían participación democrática y vivir en paz. ¿El mensaje? ¿Cuál es? Pidan paz, tendrán guerra.

Foto de portada: https://pixabay.com