lunes, abril 22, 2024
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Mujeres tejedoras de tecnología

Roma Vaquero Diaz (Texto y fotomontajes) / El Furgón – Cuando comenzamos a indagar acerca de la relación que han construido las mujeres con los objetos tecnológicos, advertimos que ésta ha sido lo que Simondon entiende como mediación entre cuerpo y naturaleza, no como una otredad sino como un puente o interfaz. La tecnología es y ha sido para las mujeres una mediación que optimiza la vida y su propia potencia creativa. De la misma manera, observamos que el tejido es un concepto que se encuentra presente tanto en los desarrollos femeninos originarios como en las redes ciberfeministas en nuestro días.

La realidad social son nuestras relaciones sociales vividas, nuestra construcción política más importante, un mundo cambiante de ficción. Los movimientos internacionales feministas han construido la ‘experiencia de las mujeres’ y, asimismo, han destapado o descubierto este objeto colectivo crucial. Tal experiencia es una ficción y un hecho político de gran importancia. La liberación se basa en la construcción de la conciencia, de la comprensión imaginativa de la opresión y, también, de lo posible. (Haraway, 1984)

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Tejer es un arte sagrado. Tejer es entrelazar, componer, ordenar, idear, anhelar y organizarse. Desde tiempos ancestrales las mujeres se han reunido en círculo ritual a tejer, y junto al vellón que circuló por sus manos, han transitado historias, recuerdos, deseos, estrategias y crianzas. Simultáneamente, fueron desarrollando en esos telares distintos niveles de tecnología: con palos, espinas de pescado, agujas de cardón, de crochet, dos agujas; y gracias a estos tejieron sus ropas, sus casas, sus abrigos; las redes de pesca, las redes de transporte y los objetos de caza; las mantas, las alfombras y las banderas. De esta manera, el tejido, al igual que las artes y los saberes de mujeres, se han transmitido de generación en generación, de boca en boca, en los márgenes de la historia. Con una potencia que trasciende los tiempos, el tejido liga y sostiene a las mujeres como una red de vida y de desarrollo tecnológico, desde aquellos encuentros ancestrales, pasando por los sindicatos de costureras y las programadoras informáticas, hasta los círculos ciberfeministas en nuestros días.

En 1801, Joseph Marie Charles, un tejedor que se crío entre hilados, inventó el telar que funcionaba con tarjetas perforadas. En 1833, Charles Babbage desarrolló la máquina analítica a partir de la idea de las tarjetas de telar. Ese mismo año, Ada Lovelace conoció a Babbage y descubrió que la máquina que su inventor creía funcionar simplemente como una calculadora, podría representar no sólo los números, sino entidades genéricas como las palabras y la música. Este salto intelectual es la base de la forma con la cual hoy en día experimentamos las computadoras. Ada Lovelace continuó trabajando en su descubrimiento y en 1843 hizo público sus escritos, pero no se animó a firmarlos con su nombre por miedo a no ser publicada debido a ser mujer. En su lugar, utilizó sus iniciales. Allí registró la primera secuencia de operaciones de una computadora, conceptos como bucle y la subrutina, y describió el algoritmo necesario que permitió calcular los valores de los números de Bernoulli. A su vez, describió cómo realizar operaciones trigonométricas en la máquina analítica. De esta manera, esta mujer, que sostiene que la máquina teje patrones algebraicos del mismo modo que un telar teje flores, fue la primera programadora de computadoras de la historia. Sin embargo, el discurso acerca de que la tecnología se desarrolla mejor en las manos masculinas sigue siendo tan fuerte como el que sostienen que el razonamiento abstracto que requiere la ciencia y la habilidad creativa que necesita el arte, es más apropiada para la mente masculina.

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En las reconstrucciones históricas acerca de arte, ciencia y tecnología, las mujeres apenas aparecen, siendo éstas quienes han desarrollado el pensamiento necesario para la interconexión y el trabajo en red, por lo cual es indispensable la recuperación del hacer de las mujeres que han sido olvidadas. A lo largo de la historia, un colectivo de mujeres ha desarrollado silenciosamente labores tan imprescindibles como invisibles: desde el hacer de tejidos y utensilios necesarios para la supervivencia, pasando por los roles de reproducción y cuidados, hasta las funciones de secretaria, mecanógrafa y telefonista; las mujeres hemos sido mano de obra barata oprimidas en relaciones de poder patriarcales y capitalistas. Por lo cual, denunciar y documentar estas exclusiones históricas es una parte imprescindible del compromiso feminista. Al igual que Lovelace, muchas mujeres ocultas en la historia han logrado descubrimientos tecnológicos que al mismo tiempo conectan con el concepto de tejido. Tal es el caso de Grace Hooper, quien fue la primera programadora que utilizó el primer ordenador electromagnético e inventó el lenguaje COBOL de programación, o Hedy Lamarr, precursora del wifi, el bluetooth y las comunicaciones inalámbricas. Es importante aclarar que estas mujeres no son casos aislados o excepciones, sino que recién hace pocos años y gracias al trabajo de las investigadoras, se recuperaron las historias de estas científicas e inventoras que trabajaron en la sombra, en la semioscuridad de un laboratorio casero, en la soledad de unas investigaciones clandestinas, asesinadas por ser acusadas de brujas, firmando con el nombre de sus maridos o a la sombra del éxito de sus propios colegas varones.

Ciberfeminismo: somos la vagina del futuro

Somos el coño moderno

Anti razonamiento positivo

Sin límites sueltos sin perdón

vemos el arte con nuestro coño hacemos arte con nuestro coño

creemos en feliz locura santidad y poesía

somos el virus del nuevo desorden mundial

reventando lo simbólico desde dentro

saboteadoras de gran papá unidad central de computadora

el clítoris es una línea directa a la matriz

terminators del código moral

mercenarias de la suciedad

chupando el altar de la abyección

investigando el templo visceral que hablamos con la lengua

infiltrando perturbando diseminando

corrompiendo el discurso

somos el coño del futuro (MatrixVNS)

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A pesar del encierro en las sombras y de la quema de brujas, las mujeres siempre buscaron distintas maneras de juntarse y de modificar las situaciones de opresión en la que se hallan inmersas. Así, a principios de la década de 1990, los ciberfeminismos comenzaron a buscar su camino a través del Net Art, que nace con la experimentación de narrativas no lineales y el juego con el código como soporte, continúa con los blogs, las redes sociales y la Web 2.0, y últimamente explora el uso de la internet en espacios abiertos, denominada OuterNet Art.

Una de las primeras manifestaciones fue en Australia, donde un grupo de artistas y activistas (Matriz VNS), escribieron el primer Manifiesto Ciberfeminista. A partir de allí continuó creciendo y en 1997 se celebró la Primera Internacional Ciberfeminista. Para este movimiento, es fundamental la teoría de D. Haraway, que plantea que las nuevas tecnologías son fundamentales para la liberación de las mujeres, ya que a través de éstas es posible construir identidad, sexualidad y género. El existir cyborg, híbrido de humano y máquina, subvierte al androcentrismo y a los mandatos patriarcales, posibilitando otras maneras de existencia.

El espacio virtual es el círculo que se representa como prótesis y prolongación de cuerpos para tejer nuevas redes donde se interactúa, se comparte y se lucha. El ciberfeminismo pretende construir nuevas concepciones de cuerpos femeninos donde ya no es posible pensarse como sujetas cartesianas, sino como cada una desee, con la posibilidad de ser cuerpo expandido donde la membrana que separa el cuerpo propio con los otros cuerpos quede desdibujada en este hilado que nos une y nos vuelve colectivas.

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Para las mujeres mayas, según Pilar Máynez, el tejer representaba el nacimiento y la creación. Los bastidores del telar eran: el de arriba la cabeza, el de en medio el corazón y el de abajo los pies. La lanzadera representaba las costillas, y los hilos de la urdimbre (que pasan por el corazón) eran el sustento. El telar se sujeta con una cuerda (cordón umbilical) a un poste o árbol (que era el símbolo de la madre o del árbol que estaba en el centro del Universo). El movimiento de abrir y cerrar el telar era representar el latido del corazón. Y el que hacía la tejedora al mecer su cuerpo representaba las contracciones del parto.

Las mujeres siempre hemos estado tejiendo creaciones y relaciones descentradas y rizomáticas que nos llevan al círculo y al encuentro. Más allá de los años de opresión, la memoria ancestral se encuentra en nuestro propio territorio cuerpo. Recuperar nuestros saberes es recuperar nuestra historia y el de todas nuestras abuelas.

Las mujeres siempre han estado unidas a la tecnología, desde los primeros telares precarios hasta los más avanzados desarrollos de interfaz, siempre en el núcleo laboral de todo tipo de redes. Si históricamente nos han tildado como un cero a la izquierda, somos precisamente los ceros necesarios para crear el código binario. Somos cero y somos matriz. La esfera digital proporciona un espacio de valencias que existe más allá de las estructuras patriarcales y que potencialmente las supera, desarrollando una alianza cada vez más fuerte entre mujeres, máquinas y tecnología. Estamos tejiendo nuestra historia y este tejido es cada vez más grande.