jueves, julio 18, 2024
Nacionales

Cuando la mentira es la verdad

Agustín Santarelli/El Furgón – En su discurso inaugural de las sesiones del Congreso de la Nación, el presidente Mauricio Macri no hizo grandes anuncios, ni dio argumentos numéricos que expliquen cómo “la Argentina se está poniendo de pie” y justifiquen el futuro esperanzador que le depara.

A los chicos y a las chicas se les dice que siempre hay que decir la verdad. Ante todo. El macrismo ha tomado esa sugerencia y la ha hecho su consigna. Aunque lo que hace Macri es decir que dice la verdad. El problema es que es poco convincente, básicamente porque su relato (que Cambiemos dice que es un “no relato”) suele estar bastante alejado de eso que se llama realidad.

Macri congreso 2

“Hablar con la verdad es comunicar las cifras, las reales, y también hablar de los obstáculos que encontramos y decirles que la situación requiere del aporte de todos”, sostuvo el mandatario. En ese sentido, apenas aportó algunos datos con los que sostener su análisis de los primeros 15 meses de mandato, como el incremento en la cantidad de ventas de cosechadoras, maquinaria agrícola y camionetas cuatro por cuatro, o el crecimiento del 58 por ciento de exportación de arándanos. No hubo referencia al número de empleos perdidos, de los cierres de pequeñas y medianas empresas, del incremento de la pobreza ni de las nuevas familias en situación de calle.

En relación a la inflación prefirió destacar que “en el segundo semestre fue del 8,9 por ciento”, y no dar cuenta de que en el acumulado anual del 2016 la cifra se elevó al 40 por ciento. Y al mismo tiempo prometió que en este 2017 oscilará entre el 12 y el 17 por ciento.

Todo el discurso estuvo matizado por las frecuentes frases edulcoradas (el término debería ser azucaradas, así se emparenta más con los aforismos de los paquetitos  de azúcar) dictadas por Alejandro Rozitchner, de las cuales puede destacarse esta declaración de principios PRO: “Porque los sentimientos, las emociones son lo más real que tenemos”.

Macri protesta 1

A las claras, el presidente evitó hablar de los casos de corrupción que lo salpican y no hizo mención a la condonación del 98,82 por ciento de la deuda que su empresa familiar tenía con el Estado por la estafa del Correo Argentino. Tampoco habló de la aerolínea Avianca, causa por la que fue procesado un rato antes de su llegada al Congreso, ni de los Panamá Papers, ni del blanqueo de capitales para amigos y familiares, ni de las coimas de Odebrecht que involucran al titular de la Agencia Federal de Inteligencia, Gustavo Arribas y a su primo Ángelo Calcaterra.

No obstante,  le solicitó al Congreso que sancione una ley de responsabilidad empresaria de acuerdo a “los más altos estándares internacionales”.

En cuanto a las repercusiones, un poco por coyuntura y otro poco por la prepotencia cuasi patotera del presidente, el tema docente se llevó parte de las miradas. En el único momento que Macri se fue del libreto apuntó contra el titular del Suteba, Roberto Baradel, al decir que el gremialista “no necesita que lo cuiden”, a pesar de haber sufrido recientes amenazas.

Macri protesta 2

Tanto Macri como la gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal no confrontaron con los docentes en general, sino que lo hicieron apuntando a la dirigencia sindical, vinculada al kirchnerismo y con poca legitimidad incluso dentro de las bases docentes más activas. En el último tiempo, la paritaria docente ocupa buena parte de los discursos de inauguración del año legislativo. En 2012, la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner atacó a las maestras y maestros por no aceptar un 20 por ciento de recuperación salarial, argumentando que no era posible que se quejaran “con jornadas laborales de 4 horas y 3 meses de vacaciones”. El descontento de la comunidad educativa fue tal que la CETERA, alineada al propio kircherismo con Hugo Yasky a la cabeza, tuvo que llamar a un paro nacional docente.

En ese sentido, y a pesar de la bravuconada de Macri, desde Cambiemos no atacan a la figura del docente, aunque le ofrecen un mísero 18 por ciento de recuperación salarial en cuatro veces.

Macri congreso 3

Cada frase del presidente podría contrastarse. Habló de la necesidad de una Justicia independiente unos días después de que el ministerio de Trabajo nacional apuntara contra dos jueces que fallaron a favor de la homologación de la paritaria bancaria; dijo que se había terminado “el despilfarro y la corrupción” para recuperar el desarrollo energético a la misma hora que miles de familias sufrían cortes de electricidad y todos y todas padecen los tarifazos.

Al final, y tras un intento agitador de levantar la voz como cuando se cierra un discurso de campaña, el presidente tomó una bolsita de yerba que le había dejado en su atril la diputada misionera María Britez, y saludó sonriente, canchero, a no se sabe quién, señalando el paquete. Es probable que ni siquiera le haya cambiado la cara, ni le haya corrido un sabor amargo cuando leyó el mensaje que llevaba pegado el regalo enviado desde la Mesopotamia por productores yerbateros que un día después se manifestaban en Plaza de Mayo: “Macri = Economías regionales en crisis”.

Si se pudiera resumir la presentación del presidente en el Senado, se debería usar la palabra “cinismo”. Pero Cambiemos nos privó incluso de esa libre definición, porque en el límite, en el colmo absoluto, el presidente dijo que ya “no hay lugar para cinismos”.

Ojalá así sea, pronto.