lunes, abril 22, 2024
Cultura

Semana Polosecki: “La sed del terrible ciudadano Wells”

El Furgón – Durante toda esta semana, y hasta el 3 de diciembre, cuando se cumplen veinte años de su fallecimiento, vamos a saludar a Fabián Polosecki, a ese flaco creativo y curioso que nos marcó un camino por el lado del periodismo, con una serie de notas de su autoría, publicadas en diversos medios gráficos.

“La sed del terrible ciudadano Wells”

Hace pocos meses, la única película editada en video de quien fuera considerado el más grande realizador de Holywood era, justamente, la que le había ganado el título: El ciudadano (Citizen Kane). De Orson Welles, podía verse su actuación en El tercer hombre y su participación en el homenaje que los Muppets de Jim Henson le prodigaron en uno de sus largos, pero no mucho más.

welles-1La editora VER, que acumula un catálogo de clásicos imprescindibles, comenzó un lento proceso de reparación lanzando primero La dama de Shangai (The Lady from Shangai, 1984) y ahora otro título clave de la tormentosa obra wellesiana: Sed de mal (Touch of evil, 1958), una película nacida del equívoco. Cuenta la leyenda, en este caso bien documentada, que en principio Welles había sido convocado por la Universal por medio del productor Albert Zugsmith, para interpretar el papel principal de un jefe de policía en un melodrama protagonizado por Charlton Heston. A esta altura de su carrera, el hombre que había conmocionado a los Estados Unidos con su relato radiofónico de La guerra de los mundos, de HG Welles, había adicionado a su condición de genio por El ciudadano la de director poco taquillero, y los grandes estudios de Hollywood se negaban a conchabarlo para dirigir. La anécdota indica que Heston creyó que Welles tendría en sus manos la realización de la película, y Zugsmith, por temor a perder a su estrella, terminó encargando a Welles la escritura del guión y la dirección del filme.

Escrita sobre la base de a novela de Whit Masterson, Badge of evil, la película terminó convirtiéndose en el contrapunto entre un policía venal norteamericano interpretado por Welles y otro incorruptible de nacionalidad mexicana (Charlton Heston), que se enfrentan durante la investigación de un crimen en un pueblo de frontera. El elenco se completa con Janet Leigh, Marlene Dietrich, Joseph Calleia, Zsa Zsa Gabor, Joseph Cotten, Valentine de Vargas y Mercedes McCambridge.

La película se estrenó en 1958 en los Estados Unidos y sirvió también para complicar aún más la relación de su director con las grandes compañías, aunque en Europa la recibieron como una obra maestra.

welles-3Quien pueda estar interesado en una revisión hogareña del trabajo de Welles como director, chocará contra el escollo de la falta de algunas de su obras fundamentales, como El proceso, una magnífica versión de la novela de Kafka que influyó en filmes posteriores como Brazil, o su adaptación de Otello, que sumó a su eterna obsesión por Shakespeare, que comenzó a leer a los seis años. De todos modos, la existencia de El ciudadano en los videoclubes alcanza para más de una noche de desvelo.

La filmó cuando tenía 24 años, fue su primera película y también la primera vez que Hollywood se ponía a los pies de un director debutante y sin ponerle condiciones. La historia, cuya autoría se debate entre Welles y Herman J. Mankiewicz, reproducía la vida del magnate de la prensa William Randolf Hearst cuando ostentaba el suficiente poder como para ofrecerle a la RKO la compra del filme para su destrucción. Charles Foster Kane había construido un imperio sobre la base de la corrupción de sus propios valores, y Welles, después de llevarlo a lo más alto, lo hacía morir en la soledad de su mansión, murmurando una palabra misteriosa, rosebud, que luego aparecía grabada en el trineo que había sido suyo en la niñez.

Más allá de lo provocador del guión, el filme partió en dos la historia del cine por su estilo narrativo, la luz y el encuadre, absolutamente revolucionarios. “Es el filme que probablemente haya impulsado la carrera cinematográfica del mayor número de realizadores”, dijo de El ciudadano el director francés Francois Truffaut. El enorme magnetismo de la película se desprendía más que de su argumento, de la renovación que instalaba en el lenguaje cinematográfico, que lo hacía avanzar despojándose del lastre del relato lineal y las puestas teatrales.

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El salto hacia delante que Welles le imprime al cine con su primera película puede ser leído como la consecuencia lógica de quien sintetizaba en sí mismo las diversas formas del arte. Como actor y director de teatro, Welles creó el Phoenix Theatre, y adaptó varias obras de Shakespeare, que luego llevó al cine. La ya legendaria versión de La guerra de los mundos que hizo en radio era parte del proyecto del Phoenix, que lo encumbró al punto de poder domesticar las ambiciones de Hollywood cuando nadie lo lograba.

Si todavía las promesas tienen valor en este país, vale decir que sobre ellas pesan la edición próxima de El extranjero y Soberbia. Habrá que esperar, algo que Welles jamás se hubiera permitido.

*6 de julio de 1990