jueves, abril 2, 2026
Nacionales

La revista Así en la hora de los hornos

A principios de la década de 1970, muchos argentinos de clase media y trabajadora vivieron lo que consideraron una confluencia sin precedentes de violencia política y económica. En rápida sucesión tras el golpe de Estado de 1966 que llevó al poder a los militares y hasta principios de la década de 1970, los argentinos fueron testigos de la intervención autoritaria en las universidades y otras instituciones, que incluyó la Noche de los Bastones Largos, las fallidas políticas de liberalización económica del ministro Adalberto Krieger Vasena, los violentos disturbios laborales del Cordobazo, entre otros, la dramática fractura del movimiento obrero, los inicios de los movimientos revolucionarios y la incapacidad de las presidencias militares de facto de Onganía, Levingston y Lanusse para detener la espiral de inflación galopante y violencia política. Ante la crisis y la incertidumbre, muchos argentinos recurrieron a la revista Así como un importante respaldo del peronismo ortodoxo y antagonista del régimen militar.

Así se promocionaba como la publicación de mayor circulación en Argentina, con 1,5 millones de ejemplares por edición. Publicaba historias sensacionalistas sobre ovnis en Argentina y otras curiosidades inexplicables. Pero también ofrecía un enfoque único y a menudo profético sobre el cambio político y un fuerte apoyo al peronismo ortodoxo y su representación al frente del movimiento sindical, incluso cuando el peronismo fue proscrito por las fuerzas armadas. Prohibida brevemente por la dictadura de Onganía en 1970, Así representó una importante voz de oposición al régimen militar.

Gran parte de los artículos destacaba el triste final, bajo el régimen militar, del sueño peronista de dignidad para todos los argentinos patrocinada por el Estado y el fracaso de este último a la hora de defender los derechos de los ciudadanos. En junio de 1972, los informes de Así sobre la mortalidad infantil conmocionaron a los lectores. Al igual que en muchos índices de pobreza, Argentina iba en la dirección equivocada. Mientras que en muchos países ricos la mortalidad infantil era de aproximadamente 20 por mil (21,7 en Estados Unidos y 22 en Canadá), en Argentina era tres veces mayor, y en las provincias más pobres las cifras eran aún más impactantes. En Jujuy, había 140 muertes por cada mil. Mientras tanto, aunque en la década de 1930 Argentina había logrado controlar los brotes regulares de tuberculosis, ahora la propagación de la enfermedad era rampante. En 1964 se habían registrado 3050 casos y en 1969 esa cifra había alcanzado los 9200. Así criticó duramente los fracasos del Estado: “En pleno siglo espacial es imperdonable la indiferencia de la Sanidad oficial ante el desamparo de la mujer embarazada”. La mortalidad infantil se enmarcó en el contexto de las visiones perdidas del peronismo de ampliar la asistencia sanitaria estatal en las zonas rurales. Los hospitales estaban en ruinas y ahora escaseaban los médicos. El artículo razonaba que “esta desgraciada situación revela que no existe el derecho de tener familia”. El Estado era responsable de los derechos fundamentales de salud de la población, ahora negados por la concepción sanitaria errónea que comenzó en 1966 y que ahora defendía la subsecretaría de salud pública del estado. El plan actual del gobierno era arbitrario, improvisado y “huérfano de toda coherencia política”.

En mayo de 1968, Así se centró en la violencia política que se estaba desarrollando en el país, yuxtapuesta a los recuerdos del peronismo como movimiento unificador nacional. En agosto de 1966, el gobierno militar intervino en siete grandes ingenios azucareros de Tucumán, incluido el Bella Vista. Justificaron la medida alegando que el excedente de la industria azucarera estaba provocando una caída de los precios. Como resultado, el Estado asumió la responsabilidad de gestionar las empresas privadas afectadas. En 1970, casi la mitad de las 27 fábricas de Tucumán habían cerrado, lo que dejó sin empleo al 25 por ciento de la población de obreros activos de la provincia y provocó el primer (1969) y el segundo (1970) Tucumanazo. En mayo de 1968, Así envió al fotógrafo Andrés Lanchowski y al reportero Osvaldo Ferreira a Bella Vista. (Así y otros medios informaron varios nombres diferentes para la pareja con el fin de ayudarles a eludir el escrutinio del gobierno, mientras que el nombre de Lanchowski aparecía escrito de forma diferente en otros medios). A principios de ese año, en una decisión inspiradora, el propietario de Así, Héctor Ricardo García, emparejó al fotógrafo y al periodista, quienes desarrollaron una forma pionera de reportaje. Ambos eran expertos en eludir las barreras policiales, tenían éxito a la hora de entrevistar a los trabajadores en los lugares donde se desarrollaban las historias y eran capaces de comprender rápidamente los problemas sociales y políticos desde la perspectiva de la calle. Ese viaje fue uno de los varios que la pareja realizó a Tucumán y marcó el comienzo de su identificación como agitadores por parte de la secretaría de inteligencia del estado.

Ferreira y Lanchowski informaron sobre los conflictos callejeros en Bella Vista que comenzaron a finales de abril de 1968 y se prolongaron durante más de dos semanas. Las protestas en las ciudades ingenio no eran nada nuevo y no eran el tema del reportaje en sí mismas. Ferreira y Lanchowski estaban interesados en lo que consideraban una solidaridad peronista entre vecinos, trabajadores, familiares, empresarios y otras personas de la ciudad. “Toda la población participó en una marcha de protesta”, escribió Ferreira “en la que también tomaron parte numerosos sacerdotes”. Mientras tanto, los propietarios del ingenio, bajo la presión del gobierno militar, rechazaron una oferta del arzobispo de Tucumán para mediar en el conflicto laboral entre la empresa y los trabajadores en huelga que protestaban por el despido de empleados del ingenio. “Bella Vista presentaba todo el aspecto de una ciudad ocupada. Policías del escuadrón, los rurales con sus anchos sombreros y revólver al cinto, carros de asalto, ametralladoras, dotaciones lanzagases, camión hidrante Neptuno y todo un impresionante aparato represivo rodearon el ingenio”.

Así también cubrió lo que su editor consideraba la creciente amenaza de la izquierda revolucionaria, en particular los revolucionarios peronistas opuestos a los ortodoxos del movimiento y al regreso de Perón como presidente y líder del movimiento. En diciembre de 1970, Así publicó una nota sobre un ataque de las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP) a una comisaría de policía en Escobar, provincia de Buenos Aires. Los revolucionarios mataron a un oficial y escaparon con armas y uniformes policiales antes de incendiar la comisaría con nafta y bombas Molotov. Aunque los periodistas humanizaron la noticia, como hacían en otros reportajes de Así, en esta ocasión los agentes fueron retratados como víctimas de una violencia sin sentido, y no como los autores de tal violencia. Lanchowski fotografió a los angustiados familiares del suboficial mayor Dalmacio Federico Ortíz, asesinado, llegando a la comisaría tras el ataque. Ortíz, según señalaba el reportaje con simpatía, estaba a punto de jubilarse en unos pocos meses.

El informe de Escobar señalaba que, junto a las letras “FAP” pintadas en la comisaría destruida, los atacantes también habían escrito las letras “PV”, que significaban “Perón Vuelve”. Pero los escritores y editores de Así entendieron que, para los atacantes, las palabras habían pasado de ser un eslogan que anticipaba el regreso de Perón a la idea de un regreso metafórico. José Ignacio Rucci se convirtió en secretario general de la Confederación General del Trabajo (CGT) cinco meses antes del ataque y despreciaba a la FAP, lo que marcó la creciente división entre el peronismo ortodoxo sindicalista y los grupos armados revolucionarios que actuaban en nombre de Perón. Mientras tanto, los líderes de las FAP veían a Rucci y a otros líderes de la CGT como colaboradores del régimen militar. En diciembre de 1970, las FAP se encontraban inmersa en un debate de meses sobre si debían seguir apoyando el regreso de Perón como líder. “PV” se convirtió en el eslogan “Lucha y Vuelve”. Así, los periodistas entendieron lo que Perón seguía negando desde su exilio en Madrid, donde continuaba describiendo a las FAP y otros grupos revolucionarios peronistas como formaciones especiales al servicio del movimiento. A principios de 1971, las FAP se dividieron en dos grupos. Las FAP-17 de Octubre se mantuvieron fiel al regreso de Perón a Argentina como líder, mientras que las FAP-Comando Nacional lo veían ahora como una figura burguesa susceptible de traicionar la revolución que planeaban. Fue el inicio de este último grupo el que atacó la comisaría de Escobar en diciembre de 1970. Así vio este desarrollo en la izquierda peronista revolucionaria mucho antes de que Perón lo aceptara y antes de que el público comprendiera su significado.

La breve censura de Así por parte del gobierno militar se produjo después de que la revista informara sobre la colisión de dos trenes en Benavídez, en la que murieron más de 200 personas. El gobierno de Onganía intentó censurar las narrativas de los medios de comunicación sobre los acontecimientos y limitar las imágenes violentas de la escena. Trabajando al “estilo García” del periodismo —llamado así por la forma de reportaje descarnado defendido por el dueño de Así, Héctor Ricardo García—, Ferreira y Lanchowski se infiltraron en la escena del accidente, pasando por delante de los guardias militares y policiales; tomaron horribles fotografías de los restos del choque y las víctimas; y prepararon rápidamente su reportaje para su publicación inmediata. Dos años más tarde, y tras el fin del periodo de censura de la revista, Así publicó una aterradora historia que anticipaba el descenso exponencial de Argentina hacia una violencia aún mayor a mediados de la década de 1970. Los numerosos lectores que conocían la historia de la persecusiones sobre la publicación descubrieron una serie de nuevos horrores, lo que puso de relieve la creciente debilidad del Poder Judicial y la Policía como instituciones estatales democráticas.

Se habían recibido informes de sucesos extraños en una casa de Loma Verde, en las afueras de Gran Buenos Aires, una casa que podría haber estado en cualquier barrio del conurbano. En lo que muchos consideran la última intervención judicial exitosa de este tipo, que llevó al gobierno de Alejandro Lanusse a reconocer formalmente el caso (aunque culpó a malos policías en lugar de a la violencia sistémica), el juez Eduardo Fernando Millán, a cargo del Juzgado en lo Penal N.º 5 de La Plata, dirigió una redada policial que descubrió un centro de detención ilícito. Gracias a la información publicada por Así (y por su publicación hermana Crónica, también propiedad de García), los lectores se enteraron de torturas infligidas a Ferreira y Lanchowski en la propiedad, y de la posterior muerte de este último como consecuencia de sus lesiones. En una aterradora ilustración de la precariedad incluso de los medios de comunicación más exitosos, Así informó incorrectamente de sus nombres y ocupaciones para intentar protegerse del cierre y a Ferreira de las recriminaciones del Gobierno. “Eladio” Ferreira fue descrito como conductor de un vehículo taxiflet, mientras que “Juan” Lanchowski fue identificado incorrectamente como operador de la planta automotriz Safrar-Peugeot de la localidad de Berzátegui. Ambos habían sido sometidos a una picana eléctrica durante la tortura. Los reporteros de Así estaban en el lugar cuando el juez Millán llegó para evaluar lo que había sucedido en la “casa del terror”. El colapso de la policía a nivel vecinal y en general quedó patente en el informe de Así, que reveló que Francisco Benevento, propietario del inmueble en cuestión, pertenecía a la cooperadora policial local y había cedido su local para el rapto y la paliza a los dos periodistas y el asesinato de Lanchowski.

Como ferviente opositor al régimen militar, poderosa voz de millones de argentinos y declarado partidario del peronismo ortodoxo (que muchos oficiales militares consideraban cada vez más peligroso), ¿por qué Así solo quedó prohibida entre febrero y mayo de 1970? El accidente ferroviario de Benavidez, tal y como lo informó la revista, provocó el cierre y la acusación del Gobierno de que Así se había dedicado a un periodismo sensacionalista que socavaba el orden público. Pero García contraatacó de varias maneras. Los periodistas y fotógrafos continuaron informando como siempre lo habían hecho, pero para el periódico Crónica de García. García acudió a los tribunales utilizando un recurso de amparo que no solo permitió que la publicación volviera a los quioscos, sino que también dio lugar a una sentencia que establecía que, si bien el Gobierno podía procesar a García por el contenido, no podía cerrarla de forma permanente.

La revista publicó una edición especial el 28 de mayo de 1970 sin ofrecer ninguna disculpa. Irónicamente, el aumento de la violencia política que se reflejaba en las páginas de Así provocó la destitución de Onganía de la presidencia en junio de 1970 por parte de las Fuerzas Armadas, descontentas con lo que consideraban su débil gestión de la izquierda revolucionaria y la economía. Aunque los militares eligieron a un oficial de inteligencia, el general Roberto Levingston, para suceder a Onganía, este fue igualmente incapaz de frenar la violencia política y económica. Al mismo tiempo, mientras que Onganía se había obsesionado con censurar lo que consideraba una amenaza moral para el orden, Levingston se centró más en reactivar la economía, aunque el gobierno militar siguió vigilando el trabajo de los empleados de Así cuando viajaban a Tucumán y otras zonas de conflicto. Finalmente, Levingston fue un poco más astuto que Onganía al reconocer que un gran número de trabajadores leían tanto Crónica como Así. Consideró un error cerrar esas publicaciones, incluso cuando rápidamente creció el coro de críticas por su mala gestión de la creciente crisis nacional.