Venezuela como punto de inflexión para nuestros pueblos
Mientras el mundo mira, nuevamente, hacia otro lado, Estados Unidos despliega una gigantesca flota militar en el Caribe, rodeando a Venezuela con portaviones y amenazas cada vez más explícitas. Trump ahora acusa al presidente Maduro de terrorista, tras autorizar a la CIA a operar en territorio venezolano con el argumento de frenar el narcotráfico y la migración. La retórica es la de siempre: “defender la democracia”. La realidad también: apropiarse del petróleo.
Es indispensable que los pueblos de nuestro continente estén conscientes y alertas, sobre la peligrosa escalada militar que el imperialismo estadounidense desarrolla en aguas del Caribe y el Pacífico oriental, mediante un despliegue sin precedentes en las últimas décadas. En días recientes, Estados Unidos ha concentrado en la región un enorme poder ofensivo: el portaaviones más grande del planeta, el USS Gerald R. Ford; alrededor de 15.000 efectivos militares; más de una docena de buques de guerra, incluyendo un submarino nuclear; y decenas de aviones de combate F-35.
El “combate al narcotráfico” no es más que una cortina de humo destinada a encubrir su verdadero propósito: intervenir en la nación venezolana para asegurar ventajas estratégicas y económicas a los capitales estadounidenses. Así deben interpretarse las recientes declaraciones del Secretario de Guerra, Pete Hegseth, quien afirmó con prepotencia: “El Hemisferio Occidental es el vecindario de América y lo protegeremos”.

La historia demuestra que el imperialismo estadounidense adapta sus excusas según el momento. Cuando existió el campo socialista, usó la “amenaza comunista” para justificar golpes de Estado, invasiones y operaciones encubiertas. Tras el 11 de septiembre, el pretexto pasó a ser la “lucha contra el terrorismo”. Hoy instrumentaliza el “combate al narcotráfico” para perpetrar ejecuciones extrajudiciales en el Caribe y el Pacífico oriental, que hasta ahora han dejado 83 personas asesinadas de manera sumaria.
A ello se suma la afirmación reciente de Donald Trump, asegurando haber autorizado a la CIA a operar dentro de Venezuela. Las operaciones encubiertas de esta agencia imperialista han dejado una larga estela de sangre y desestabilización en el continente, desde el financiamiento a los contras en Nicaragua -con recursos provenientes del narcotráfico-, hasta la intervención en Guatemala, El Salvador, Brasil, Chile, Bolivia, Uruguay, Argentina… donde promovieron golpes de Estado, desataron dictaduras criminales y violaron sistemáticamente los derechos humanos.
Esta ofensiva militar ha sido promovida por el sector más reaccionario de la derecha venezolana, liderado por María Corina Machado -reciente premio Nobel de la Paz- que plantea convertir a Venezuela en un enclave minero-energético diseñado para el saqueo transnacional.
Washington viene alimentandodesde hace rato al sector fascista de la oposición venezolana y financiando el terrorismo para enfrentar la Revolución. Acompañada por la inmensa mayoría del pueblo, la República Bolivariana resistió.Uno a uno los títeres manipulados por el Departamento de Estado fueron cayendo: Pedro Carmona, Henrique Capriles, Leopoldo López, Juan Guaidó, la misma Corina Machado.
Resulta obvio que un eventual ataque a Venezuelase extendería a Colombia, Nicaragua y Cuba. Es claro que todo el continente está amenazado.
América al sur del Río Bravo es el último recurso para posponer la inexorable catástrofe estadounidense. Replegarse al “patio trasero” y dominar el hemisferio como parapeto final en su inevitable caída.
Argentina fue colocada por sus gobiernos del lado de los asesinos. Los usureros internacionales pretenden embarcar al país en otro conflicto de dimensión internacional que podría derivar en una confrontación aún más sangrienta que la de Palestina: la maquinaria bélica estadounidense contra América Latina.
Es antiimperialismo o barbarie. Nadie debería encandilarse con “terceras posiciones”.
