lunes, junio 17, 2024
Nacionales

Recuerdo de un diciembre en llamas

Mi compadre Damián con su poderosa Ford Ranchera me pasaría a buscar temprano, al cabo de unas horas estaríamos armando el puesto en la Feria Navideña de Santa Fe. Cargamos los bártulos, el mate y a la ruta. Diciembre ya se notaba en el aire y con la segunda vuelta de mates ya no había ventanilla que te refrescará la transpiración.

Como siempre pasa, entre las cosas olvidadas, quedó en casa el estuche con los cassettes, así que el único que teníamos se mareó con tantas vueltas, calentito y todo, Stevie Ray Vaughan no desafinaba en lo que iba del viaje. Pasamos Rosario, ponemos gas y a marchar por la autopista.

-Ya lo tenemos, otros mates y estamos.

Hacemos unos kilómetros, la máquina empieza a fallar hasta quedar sin fuerzas tirada en la banquina. Con el picante sol del mediodía abrimos el capot y comenzamos la charla para dar un posible diagnóstico. Mi compadre pintor, yo titiritero, ambos bastante lejos de la mecánica, nos aventuramos a quemarnos los dedos tocando mangueras y tuercas sin saber por donde empezar. Algún que otro gaucho solidario paró, todos dijeron lo suyo y entre intentos de arranques y pronósticos la batería empezaba a flaquear.

-Pasalo a nafta, dice uno.

La camioneta modelo 79 hacía varios años que no sabía lo que era la nafta, con las mangueras resecas y la bomba muerta sería imposible.

-Es la válvula, tiró otro, puentealo y listo.

Con unos cables y un poco de ayuda arrancó y nuevamente a la ruta. Le dimos descanso al único cassette y temerosos fuimos escuchando cada ruido. Ya en Santa Fe, vamos directo a la plaza, cansados y tranquilos, ya que el primer día la gente mira y nunca pasa nada. Para nuestra sorpresa la plaza estaba vacía y no había jipi a quien preguntarle si habían cambiado de lugar a último momento. Dimos unas vueltas, pensamos que hacer hasta que decidimos ir a gastarnos las últimas chirolas a un bar, una pizza, un par de porrones y de paso miramos a San Lorenzo que esa noche podría ganar su primera copa internacional nada menos que contra el Flamengo.

Entramos a un bar, de refilón veo que en la tele no se veía el verde pasto de la cancha y encaro al mozo.

-Maestro no se podrá ver el partido? A lo que el tipo me mira y secándose la transpiración me responde, en que planeta vivís nene, el país se está prendiendo fuego.

Luego de la aventura del viaje, los problemas mecánicos y la música de Vaughan, estábamos verdaderamente en otro planeta. Prendidos a la tele, como los otros parroquianos del bar, nos fuimos poniendo a tono de lo que pasaba. La Plaza de Mayo era un infierno, la cana metiendo balas por todos lados, saqueos y muertos en varios puntos del país.

Después de dos días pudimos armar la feria, algo vendimos y nos volvimos a casa a pasar unas fiestas tristes sin una moneda. Con los días le fuimos poniendo rostro y nombre a los caídos, Pocho Leprati, Petete Almirón, Carlos Riva, etc, etc, etc. Con los días la consigna “Que se vayan todos” se convirtió en esperanza, con los días supimos que el 19 y 20 marcarían un hito y ese diciembre abriría un camino de Asambleas y organización horizontal que el país parecía haber olvidado.

Con los días los de traje se acomodaron las corbatas, se cambiaron el perfume y nos mandaron a todos a comer milanesas de soja al Club del Trueque y mientras trocábamos nuestras triquiñuelas nos mataron a Maxi y a Darío y nos siguieron exprimiendo como naranjas maduras, mientras se volvían a sentar en los cómodos sillones de los estamentos más rancios del Estado. A 20 años de esos días, diciembre será para siempre un mes para asomarse a la rebeldía y soñar un país más justo para los laburantes. Por la memoria de los que murieron, el 19 y 20 siempre será un faro.