lunes, junio 17, 2024
Ficciones

Maxi y Darío, un piquete diario a tanta mierda

Por Lucio Albirosa*/El Furgón –

Ellos andan por acá cerca, siempre. Cuando pases por el puente Pueyrredón puede que los veas en un cuadro imaginario pintado por el humo trepando a la historia pasada que vuelve una y otra vez. Claro. Están en el fuego de las gomas sobre cualquier ruta, no es necesario aclararlo. Andan entre llamaradas de pobres carentes de derecho , esos infinitos del barrio de cartón y chapas que sueñan ver un día solo las cenizas de la desigualdad y el padecimiento completo de sus historias. Ellos van, vienen, se cruzan al otro lado de las esperas.

No quieren esperar, ellos tienen vencido el plazo y las cuotas que la vida les arrancó injustamente. Saben que nadie más aguanta otro golpe en la jeta por el solo hecho de pertenecer al montón de abajo, de los que construyen la patria y ni siquiera de un techo propio son dueños, de los que jamás treparán al poder pero deben elegir a un poderoso en la urna para que los gobierne sin verlos. Ellos andan en esos barrios, en los merenderos, en alguna canción rebelde, entre el mate socialista que te invita Emerenciano allá en el Chaco, en las aulas universitarias. Andan en las remeras de quienes respiran lucha,  en cualquier iglesia se meten y toman las ofrendas para repartirla entre los pibes, son movimientos sociales y políticos, si, así. No podríamos mencionar a cada organización que los resalta ni cuantos piquetes lideraron desde que sus nombres fueron conocidos y difundidos por la prensa aquel 26 de junio de 2002 cuando les mataron la carne.

Fue desde allí que sucedió todo.  Sus sangres comenzaron a habitarnos de a poco las ganas, la furia hecha bandera y el amor repartido entre los platos vacíos de posibilidades, de igualdad, de todo eso que no tenemos.

Después, luego de tanto empuje, condenaron a Alfredo Fanchiotti y Alejandro Acosta. Perpetua y más nada. Esos, los asesinos, a la sombra del encierro y más nada .

Sigo con los imprescindibles. Ellos andan muy cerca, aquí y ahora. Son un libro de Zito Lema, la página leída por las nuevas generaciones, el sello estampado en sudor de cualquier obrero, los brazos acalambrados pidiendo el justo aumento de sueldos. Mañana, de seguro van a estar poniendo el pecho cuando el miedo se destile enfilado tras escudos sostenidos por bestias y suelten las 12.70 sus perdigones en búsqueda de cualquier humanidad, ellos volverán a dar la vida una y otra vez por los suyos, por el pueblo.

A ellos, a Maxi y Darío, no los aceptará jamás el olvido en ninguna de sus oficinas. Podes contar con ellos siempre, siempre que haya una necesidad y el reclamo por un derecho sea un incendio.

*Poeta. Extraído del libro La venganza del olvido, Ediciones Huentota, Mendoza. 2019