jueves, junio 20, 2024
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Docentes y estudiantes: ¿Sujetos o superhéroes?

En la Argentina hoy se ubica en el lugar de superboy a un niño que para estudiar camina tres kilómetros y cruza dos arroyos, cuando en su cotidianidad debería poder hacerlo sin padecer ya que educarse es su derecho. Se convierte en héroe a un profesor (Martín Salvetti) al ser elegido, por su compromiso y pasión, finalista del concurso Global Teacher Prize el cual otorga al ganador un millón dólares. Sin ninguna animosidad y sin querer quitarle mérito a Martín; no queremos héroes, queremos seres humanos.

Qué sucede en nuestra cotidianidad y realidad que llegar (literalmente) al sistema educativo parece ser una odisea o un privilegio, y ser docente y ganar un sueldo digno un imposible. Ser educador en nuestro país es un acto de valentía en el cual nuestros maestros no solo deben abordar la complejidad del acto educativo, sino lidiar también con la falta de recursos, el hambre de los niños/as, la preocupación por trabajar para ayudar a sus familias, cuidar a sus hermanos y las inmensas falencias que los estudiantes atraviesan.

Este contexto en el que están inmersos los niños genera una inmensa catarata de emociones e inquietudes que aparentemente incomodan y mucho. En estos días han comenzado a surgir propuestas para manejar, controlar y dominar estos sentires mediante capacitadoras que se denominan “Neurosicoeducadora, Self-Esteem Practitioner, docente de alma y aprendiz eterna” y que tienen como objetivo generar alumnos más eficaces. ¿Cómo?, ¿domando los sentimientos¿, ¿excluyendo a los sujetos de sus contextos? ¿Cuál es la vara para medir la “eficacia”? No queremos estudiantes domados, sino sujetos críticos que puedan hacer con sus emociones, construir y transitarlas.

Un docente cuando enseña lo hace a través un acto de amor, dona lo que sabe y lo que no también mediante un vínculo subjetivante con un otro e intenta interpelar, generar movimientos, sentimientos, inquietudes más que certezas y saberes estancos, Es imprescindible comprender que este hacer es un trabajo, una gran labor y que aunque se realice con un placer inmenso dejando todo en la cancha el docente trabaja y merece una retribución digna por ello sin tener que morir en el intento.

Por qué los docentes deben pelear, luchar, marchar, parar en pos de visibilizar los conflictos que atraviesa el sistema educativo y la sociedad. Paritarias, el estado de las escuelas, los profesorados y las nocturnas que intentan cerrar, niños que llegan con la panza vacía al colegio, escasez de espacios educativos. ¿Por qué ser docente implica poner en riesgo la vida como lo hicieron Sandra y Rubén?

¿Cómo entender a un Estado que no defiende el interés de sus  maestros y profesores que son los educadores de las generaciones que construyen y construirán nuestro país? ¿Por qué la mirada tiene más que ver con un gasto que con una inversión? Una mirada mercantilista de la eficacia.

Niños/as en listas de esperas eternas para que los colegios los alojen. Falta de jardines  para que nuestros pequeños comiencen a construir su devenir subjetivo en un espacio de socialización. Infantes que tienen que pensar en trabajar y alimentarse y no en asistir a la escuela a aprender, crecer y jugar. Los valores parecen estar trastocados. Puestos patas para arriba.

Tanto el docente como el estudiante tienen y deben ser valorados en su rol, en su relación complementaria que se enlaza en un vínculo amoroso como es el de enseñar y aprender y en ese hacer generar una retroalimentación.

En la novela “Stoner” de John Edward Williams, el protagonista se define como un buen profesor y enumera una serie de características que intentaré comentar. Ser un buen profesor es para William, el protagonista del libro, alguien quién aún cree que en los libros hay saberes, que logra ser un artista porque de eso se trata educar y quien parte de la premisa de su gran estupidez. En este sentido, escuchando a Carlos Skliar hablar sobre este libro comprendí que el docente también es un ser frágil que tiene la capacidad de dejarse penetrar, tanto por el sujeto que tiene en frente como por el objeto de conocimiento y hacer con ellos. Crear, enseñar y aprender son, sin dudas, actos fundantes, dinámicos y subjetivantes.

Es esencial entender que los docentes que luchan, marchan, se promulgan, denuncian y defienden sus puestos de trabajo están, en ese hacer conjunto y colectivo, educando, construyendo sujetos críticos y generando movimientos.

Movimientos que promueven el aprendizaje que va más allá de Lengua, Geografía, Matemática o Historia sino que tiene que ver con una ética del ser, de ser sujeto y ubicarse en el mundo. Con una ética de la mirada.

Ser docente es una de las actividades más hermosas que he realizado en mi vida y así  seguiré sintiéndolo, pero no podemos ni debemos como sociedad naturalizar el hecho de que tengamos que luchar año a año por lo que es un derecho como trabajadores y educadores y también lo es para los estudiantes.

Me gustaría dejar esta reflexión que hace poco leí de la gran educadora Carina Kaplan: “Me da tristeza escuchar cuando mis estudiantes universitarios me cuentan que no les alcanza la plata para el transporte para venir a la facultad, que van a cursar solo una materia porque están desempleados y no pueden costear sus estudios, que llegaron tarde a clase porque el tren se demoró y luego de bajarse del tren tienen que pedalear una hora en la bici, que en el trabajo no les reconocen días por estudio o para rendir, que no pueden comprarse todos los apuntes porque sus padres ya no pueden apoyarlos, que tuvieron que volver a vivir con sus familias porque se devaluaron sus ingresos, que son padres y ya no pueden pagar a una niñera para cuidar a sus hijos mientras cursan, que toman mate para no sentir hambre cuando están en clase. Los docentes universitarios estamos escuchando historias repetidas que dan cuenta del sufrimiento estudiantil. Y a pesar de todo, debemos transmitirles fuerza y reorganizar lo necesario para que no abandonen sus estudios. Y enseñar cada día mejor. En tiempos de dolor social, el vínculo docente-alumno se resignifica y redobla su sentido ético-político”.

Carla Elena. Psicóloga Social y docente, miembro del Forum Infancias.