jueves, julio 18, 2024
Nacionales

Raimundo, Independiente y militante

Por Coordinadora de Derechos Humanos del Fútbol Argentino/El Furgón –

No hay ninguna certeza sobre por qué Raimundo se hizo hincha de Independiente. Una de las teorías es el barrio: ser de Valentín Alsina significaba estar cerca de la Doble Visera. La otra teoría posible al respecto tiene nombre y apellido: Arsenio Pastor Erico. Sí, el delantero paraguayo, máximo goleador del fútbol argentino, que llenó de goles los arcos rivales vistiendo la camiseta de Independiente.

Raimundo Aníbal Villaflor nació el 30 de marzo de 1934 en Valentín Alsina. Su padre, Aníbal Clemente Villaflor, era hincha de Racing. Su madre, Josefina Gómez, simpatizaba por Boca Juniors. Sin embargo, ningún vínculo familiar pudo contra el goleador Erico. En ese mismo año y en medio de una Argentina que presidía Agustín Pedro Justo a través del recurso del fraude electoral, debutaba en Independiente un joven paraguayo con tan solo 19 años. Raimundo tenía apenas cinco años e Independiente era bicampeón del fútbol argentino. Entre ambos torneos, el de 1938 y el de 1939, Erico convirtió 83 goles. En la calle, con sus amigos y una pelota, Raimundo jugaba a ser Erico.

El fútbol se dividía entre varios equipos en la familia de los Villaflor. Pero la política y la militancia no. Ahí los Villaflor tenían puesta la misma camiseta: la de un país erigido desde la justicia social. Ya para principios de la década del cincuenta, Raimundo militaba en la Juventud Peronista.
Comprometido y solidario. Así era Raimundo. Ni la dictadura encabezada por Eduardo Lonardi –continuada después por Pedro Eugenio Aramburu- que derrocó a Juan Domingo Perón el 16 de septiembre de 1955 le silenció ese compromiso y esa solidaridad. Encabezó innumerables huelgas ante las políticas económicas que el gobierno de facto buscaba imponer.

Ni esa ni la dictadura de Juan Carlos Onganía, que comenzó el 29 de junio de 1966. La militancia de Raimundo Villaflor era constante. Ya no jugaba a ser Erico como en sus primeros años. Ahora se identificaba con el saludo particular que realizaba Independiente cada vez que salía a la cancha: en fila, paso firme, los once jugadores al centro de la cancha, el capitán Jorge ‘Chivita’ Maldonado un paso al frente y todos juntos los brazos en alto. Era un mensaje de protesta, era un mensaje para decir “acá estamos nosotros, contra cualquier rival”.

El 24 de marzo de 1976, el miedo, el terror y la persecución se apoderaron del país. Las desapariciones de compañeros y de compañeras llegaban a diario a los oídos de Raimundo. Pasaron dos temporadas y el horror seguía imponiéndose en Argentina. No sería 1978 un año más para Raimundo: junto con su compañera Elsa Martínez Garreiro, tuvieron a su hija Laura Villaflor Garreiro. Ser padre, sumado a las asiduas noticias de torturas y de muertes, llevó a Raimundo a tomar la decisión de atenuar circunstancialmente su participación política.

Laura, su hija, tenía tan solo once meses cuando, el 4 de agosto de 1979, un grupo de tareas lo secuestró junto a su mujer para trasladarlo a la Escuela Superior de Mecánica de la Armada. Allí, cinco días después, el 9 de agosto, tras días de torturas, Raimundo fue asesinado por órdenes del genocida Víctor Roberto Olivera.

Pasaron 39 años del asesinato de Raimundo Aníbal Villaflor. Mientras tanto, el Tribunal Oral en lo Federal Criminal Nº 5 ordenó la excarcelación del represor Víctor Olivera, beneficiándolo por haber cumplido dos tercios de su condena debido al tiempo que transcurrió en prisión preventiva.

En Valentín Alsina, en la calle, con una camiseta de Independiente, militando. No hay genocidio que pueda borrar la memoria de Raimundo Villaflor. Y tampoco hay genocidio que impida la lucha cotidiana: el único lugar para los represores como Víctor Olivera es la cárcel.