lunes, julio 15, 2024
Nacionales

La repetida ferocidad contra los pibes

Carlos Del Frade*/El Furgón – María de los Ángeles Cóceres tenía solamente dieciocho años y hacía poquito que era mamá. Vivía en Coronda, cuna de la frutilla más dulce de la Argentina, geografía que alguna vez soñara con ser la capital del país y que desde hace mucho tiempo alberga la cárcel más grande de la provincia de Santa Fe, el segundo estado de la república del sur.

El viernes 13 de octubre de 2017, alrededor de las 18, cuando volvía con su pareja, quedó en medio de una pelea a los tiros.

Las explicaciones, entonces, fueron a los lugares comunes: ajustes de cuentas, disputas familiares y fatalidad o tragedia, las repetidas palabras tapahuecos.

“El enfrentamiento entre las dos familias que fuentes policiales identificaron por las iniciales de sus apellidos, S. y O., es de larga data y la discusión del viernes comenzó cuando al cruzarse se insultaron por esas viejas diferencias. Entonces primero comenzaron a arrojarse cascotazos y a intercambiar golpes de puño y palazos, pero la gresca fue escalando en intensidad. María de los Ángeles, ajena a la pelea, recibió el tiro fatal en el pecho”, sostienen las noticias.

“La chica era pareja de uno de los integrantes de la familia S. y el apuntado como tirador estaba acompañado por su hermano, Daniel Alejandro ‘Tato’ O.”, dicen las crónicas periodísticas.

Por otro lado, en Coronda corrió la versión de que las familias estarían disputando el territorio para la venta de drogas a bajo nivel, el llamado narcomenudeo, palabra que se repite como estrategia para imponer la ley 26.052 que solamente sirvió para duplicar las poblaciones carcelarias en las provincias en las que está, mientras el negocio del narcotráfico crece y se multiplica.

Lo cierto es que María de los Ángeles tenía solamente dieciocho años.

En Rosario, mientras tanto, el martes 3 de octubre, la víctima fue Milton González, un pibe de diecisiete años con un tenue parecido al ya mítico ex líder de la banda “Los Monos”, Claudio “el Pájaro” Cantero.

Cuenta su mamá que “ese día fue a buscarle un gallo a mi otro hijo Elian. Vino a buscarlo Ezequiel Aquino, conocido como Barretín, que vive en ese barrio (Mendoza al 9000). Le dije que tuviera mucho cuidado porque ese pibe tiene más broncas que Bin Laden, y encima con esa familia Villalba que lo mató a mi hijo. Lo mataron cerca de la casona de Luis Paz, porque al lado de esa casa vive Gonzalo Villalba, con quien discutió Aquino. Parece que mi hijo se bajó del auto para tratar de parar la bronca. ‘Pará que estamos lisos, vinimos a hablar bien’, le dijo mi hijo, refiriéndose a que estaban sin ningún arma y sin ánimo de pelear. Ahí apareció Luis Villalba, alias Mullinga. ‘Tomátelas de acá, que vos no sos de este barrio, vos sos el hijo del Pájaro, no tenés nada que hacer acá’, le gritó. Y cuando Milton se sube al auto, desde atrás ese Mullinga le tira por la espalda. Entonces desde la casa de enfrente otro hombre, Ezequiel busca un arma y empieza a tirarles del costado. Aquino contó que se hizo el muerto y pudo zafar. Cuando se fueron lo cargó a mi hijo en el auto y lo llevó al Policlínico San Martín donde lo vio la policía, lo persiguió y lo detuvo”, apuntó la madre.

“A mi hijo lo entregaron, no sé con qué fines lo llevó Aquino para ese barrio, tal vez para que mi hijo le sirva de escudo para chapear con él o no sé qué”, terminó diciendo Laura González.

Por el asesinato de Milton, el jueves 12 de octubre, la Policía de Investigaciones (PDI) allanó la casa de Luis Paz, el padre del hombre cuyo homicidio permitió a la Justicia avanzar sobre la banda de Los Monos.

La medida judicial se concretó en una vivienda ubicada en Jacobacci al 9100, propiedad de Luis Paz, fue ordenada por el fiscal Luis Schiappa Pietra y tuvo como objetivo incautar o secuestrar el material que pudieron haber registrado las cámaras de seguridad de ese inmueble, ya que el crimen de González ocurrió prácticamente en la puerta de esa vivienda.

Fuentes cercanas a la investigación aclararon que sobre Luis Paz, quien estaba en su casa en el momento en que llegaron los investigadores, “no hay ninguna cuestión ni atribución” al padre del Fantasma. La hipótesis preliminar que maneja el fiscal estaría centrada en una disputa por narcomenudeo.

Una vez más la palabra que intentará desembarcar en Santa Fe para tranquilizar conciencias y llenar los penales de pibas y pibes desesperados.

Lo real y lo concreto es que mientras van terminando las campañas electorales y aparecen números que sostienen la reducción de homicidios en la provincia de Santa Fe, siempre son las chicas y los chicos de los barrios los que pueblan las noticias policiales.

Una constante que demuestra la siempre vigente ferocidad del capitalismo.

*Artículo publicado en Agencia Pelota de Trapo