sábado, abril 13, 2024
Por el mundo

Brasil no sale de la crisis

Lucio Garriga Olmo/El Furgón – Brasil sigue enredado en la peor crisis económica, política y social de su historia. Lejos quedaron los análisis que decían que ésta iba a ser la década brasileña y el momento de un crecimiento exponencial que colocaría al gigante sudamericano entre los países más poderosos del mundo económicamente. Pasaron cinco meses del golpe de Estado contra Dilma Roussef, pero los problemas no sólo siguen, sino que se agravan.

El gobierno de Michel Temer acaba de anunciar que recortará 1.500 millones de dólares del presupuesto nacional, un total de 4.600.000 de reales. Cabe recordar que el año pasado, el Poder Legislativo aprobó una enmienda constitucional que congela el gasto público por los próximos 20 años, hasta el 2036. De esta manera, lo destinado a sectores como salud o educación no aumentará por las próximas dos décadas a pesar del crecimiento demográfico, y como si fuera poco ahora se destinará menos de lo poco que fue aprobado.

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Ante la crisis, el gobierno busca respuestas en la ortodoxia financiera, como lo demuestra el reciente plan acordado con el Gobernador de Rio de Janeiro, Luiz Fernando de Souza: a cambio de una ayuda económica del gobierno federal, el gobernador se comprometió a recortar el personal estatal, reducir gastos, privatizar la empresa pública de servicio de agua y aumentar las contribuciones jubilatorias de los estatales. Como si fuera poco, la policía reprimió violentamente a los manifestantes que se movilizaron contra estos planes.

Lo cierto es que el Gobierno no logra sortear la crisis económica que ya se refleja en varios puntos de la economía brasilera: el desempleo en el cuarto trimestre del 2016 llegó al 12 por ciento, un total de 12,3 millones de personas. En el 2014 fue de 6,5 por ciento, es decir, en estos dos años casi se duplica la cantidad de brasileños y brasileñas que se están sin empleo. La producción industrial también sufre: en el 2016 cayó un 6,6 por ciento, siendo las actividades más golpeadas la minería y la industria textil (-9,4 por ciento), productos derivados del petróleo y los biocombustibles (-8,5 por ciento) y vehículos de motor y carrocerías (-11,4 por ciento).

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Ni siquiera el turismo se salva en el gigante carioca. Según la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA), Brasil fue el único país, entre los siete mercados de aviación más grande del mundo, que registró una disminución en el número de pasajeros nacionales en el 2016, con una caída del 5,5 por ciento. IATA emitió un comunicado en el que afirma que las aeronaves viajaron con el 80 por ciento de los asientos ocupados, lo que no ocurría desde la década de 1990. A estos problemas se le suma la crisis carcelaria que explotó este año y que ya ha dejado más de 100 presos asesinados y el brote de fiebre amarilla que ya provocó 42 muertes, siendo éste el peor registro desde el año 2003.

Los problemas del gobierno no son sólo económicos, ya que también los niveles de desaprobación en la opinión pública son muy altos. Según una encuesta de Ipsos, realizada entre el 5 y el 18 de enero, sobre una base de 1200 personas de todo el país, el 52 por ciento de los brasileros dice que el desempeño del gobierno está por debajo de las expectativas, el 12 por ciento dijo que el rendimiento está dentro de las expectativas, y solamente el 1 por ciento afirmó que superó las expectativas. También reflejó que el 40 por ciento considera que esta gestión es peor que la de Dilma Roussef y el 56 por ciento piensa que es peor que el gobierno de Lula da Silva.

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A la administración Temer le será difícil aumentar el nivel de apoyo social, teniendo en cuenta los índices económicos negativos y los escándalos de corrupción relacionados con la constructora Odebrecht, que siguen salpicando a funcionarios del gobierno y a otros políticos de primera plana. Es necesario recordar que el propio mandatario está nombrado 43 veces en una sola declaración de un solo ejecutivo, de los 77 altos y medianos directivos de la empresa que aceptaron un trato con la justicia, donde se afirma que recibió ilegalmente 10 millones de reales.

No sólo Temer está implicado en casos de corrupción. En estos días han sido elegidos los presidentes del Poder Legislativo, tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado. Rodrigo Maia, aliado de Temer, fue reelegido como máxima autoridad en Diputados y el oficialista Eunício Oliveira como titular del Senado. Ambos están siendo investigados por casos de corrupción: Maia aparece con el sobrenombre de “Botafogo” en la llamada lista de Odebrecht y  Oliveira está acusado de haber recibido 2,1 millones de reales.

A este escenario se le suma la decisión del Ministerio Público Federal de solicitarle a las autoridades de Suiza bloquear las cuentas del ex diputado Ronaldo Cezar Coelho, investigado por haber sido partícipe en el pago de 23 millones de reales (7,2 millones de dólares) por parte de la constructora al actual canciller José Serra durante su campaña presidencial del 2010. Esta confesión la hizo el propio ex presidente de Odebrecht, Pedro Novis.

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Pero no sólo el gobierno está manchado por esta trama de corrupción. El dirigente nacional del PSDB Aécio Neves, perdedor ante Dilma Roussef en las elecciones presidenciales del 2014, y hoy aliado de Temer, fue acusado recientemente de haber llegado a un acuerdo con el gigante empresarial por la construcción de la Ciudad Administrativa de Belo Horizonte. Según la declaración de Bendicto Jr, ex presidente de Odebrecht, la licitación inicial por el trabajo era de 500 millones de reales, pero luego de una reunión con el tucán se firmó una licitación por 2,1 mil millones de reales. Está claro que los casos de corrupción no son propios de Temer y que muchos partidos políticos están involucrados en el peor escándalo de la historia carioca, incluso dirigentes del propio Partido de los Trabajadores (PT).

El PT ante la crisis

El PT realizará su sexto congreso desde el 1 al 3 de junio en el cual se debatirá el ámbito internacional, la situación nacional, el equilibrio de los gobiernos del propio partido, la estrategia y la organización. Se desarrollará en un clima especial, ya que viene de sufrir un golpe de Estado, tuvo un magro desempeño en las elecciones municipales del año pasado y debe empezar a poner los ojos en las elecciones presidenciales del año que viene. El presidente del histórico partido, Rui Falcão, declaró que “Lula será nuestro candidato a Presidente”. Habrá que esperar las resoluciones del congreso pero hoy en día Lula es el político que mejor mide en las encuestas de cara a los comicios.

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El partido surgido del sindicalismo combativo de San Pablo a fines de los años 1970 se enfrenta a un problema muy grande: está ante la obligación de cambiar. No caben dudas que el golpe de Estado contra Roussef fue ideado y llevado a cabo por los grandes poderes del país y por políticos opositores, pero también es cierto que los errores del propio PT contribuyeron a su desarrollo. Como analizó Guilherme Boulos, Coordinador Nacional del Movimiento de los Trabajadores sin Techo (MTST): “La maniobra no habría no habría sido tan sencilla si el PT no hubiera cometido tantos errores. Renunció a solicitar la movilización popular, llevó a cabo repetidas alianzas con diversos sectores de la derecha (algunos de los cuales luego trabajaron en su derrocamiento) y escogió responder a la crisis económica por la vía de la austeridad, a riesgo de amplificar el descontento social”.

El partido de Lula debe volver a sus orígenes, ese comienzo en las fábricas paulistas, recordar sus luchas contra la élite política, el feminismo, el antirracismo y su lucha por un Brasil soberano e igualitario. Una vez en el gobierno se adaptó a la política tradicional brasilera, acordó con sectores de derecha y no combatió del todo a los poderes que finalmente participaron en su derrocamiento. Hoy está ante una nueva oportunidad histórica, pero para eso debe volver a “recuperar la radicalidad”, de lo contrario corre el riesgo de transformarse en un partido de la elite política que en tantas oportunidades criticó y combatió.