La Patagonia bajo fuego: La vida hecha humo
Otra vez los pobladores de Epuyén vieron oscurecer el sur antes que el este. En el cielo despejado, cobraron forma nubes diferentes. Por momentos el rojo se reflejó en ese gris vaporoso. Los contornos de los cerros se desdibujaron, envueltos por una neblina sucia. Sequedad que se extiende por meses dando aviso. Las golondrinas y zorzales patagónicos volando veloces de sur a norte, nerviosos, ida y vuelta. Arden coihues, ñires, lengas, radales. Repetición del fuego, una herida que no cierra…vidas reducidas a cenizas.
El gobernador de Chubut, Ignacio Torres, justifica la desidia, acusando intencionalidad y tentativa de homicidio, atribuido a la toma ilegal de territorios; ergo más represión contra las comunidades mapuche. El gobierno nacional de Milei se ausenta con aviso: “el infierno está encantador”, mientras compra chatarra volante por 300 millones de dólares a Dinamarca.
El fuego como engranaje de un modelo. Monocultivo de pinos y eucaliptos abrasados como si nada, presión inmobiliaria, minería al acecho, turismo sin control, agua siempre agua, gobiernos cómplices… Pobladores escrutando el cielo ¿y los aviones hidrantes?
La única humedad es la que entorpece sus miradas.
¿Acaso este es un país que se quema o en realidad Argentina ya está quemada?
Allí el temido infierno
no en el fondo de la tierra
sino cerca del cielo
allí montado en el cerro
Aquí el temido infierno
quema la garganta y el pecho
ojos secos bien abiertos
tragándose el horror del acecho
Allí se esparcen los pájaros
en alocado revuelo
dibujan figuras de espanto
arañan al cielo
Aquí las piernas tiemblan
como tiemblan las manos
y tiemblan también las voces
con sus gritos en vano
Allí y aquí el infierno
sin diablo de por medio
fue el dios de la codicia
el que encendió el fuego
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