Recorriendo el espinel del Paraná. Un cuento de Luis Gudiño Krämer
Proletario, severo marxista-leninista y autodidacta, el escritor presenta una de las estéticas más vitales de la mitad del siglo anterior. Si bien su impresionismo es altamente emotivo- correspondería con las poéticas del yo, difundidas en la actualidad- su figura pasa desapercibida en las diferentes antologías del cuento argentino de la actualidad. En esta entrega presentamos uno de sus tantos relatos.
Luis Gudiño Krämer (1898-1973) comenzó a escribir sus primeros relatos en San Javier, en la costa norte santafesina, decía: “De noche encendía una lámpara, y empecé a recoger los latidos de esas poblaciones, los alaridos de los indios, las noches serenas, sólo interrumpidas por la ronda policial, los milicos al tranco de los caballos que tocaban el silbato a cada cuadra”. Pero éste era finalmente un giro irreversible en una vida llena de aventuras.
Entrerriano de nacimiento, el escritor tiene uno de los prontuarios de oficios más originales de la literatura argentina: grumete en el vapor en la línea La Paz-Rosario, ayudante de tenedor de libros, bibliotecario, empleado de banco, cuidador de ovejas, rematador, administrativo, segundo mayordomo de campo, topógrafo del Instituto Geográfico Militar, chacarero, periodista y, por último, jefe de redacción del tradicional diario El Litoral.

Se convirtió, pasado el tiempo, en uno de los más destacados escritores argentinos de la década del cincuenta del siglo XX. Su obra narrativa se inicia con Aquerenciada soledad, para luego editar Tierra ajena, Señales en el viento, Caballos, Sin destino aparente, Cuentos de Fermín Ponce, La creciente y otros cuentos y Las hermosas criaturas. En forma paralela, Gudiño Krämer publicó los libros de ensayo sobre literatura: Exaltación de los valores humanos en la obra de Hudson, además del reconocido Escritores y plásticos del litoral-referencia inmediata del quehacer artístico de la zona–; otros dos centrados en la historia y el folklore regional: Médicos, magos y curanderos, y Folklore y colonización. El indudable sesgo social de su obra debe colocarse en línea con la militancia que mantuvo, a lo largo de su vida, en las filas del Partido Comunista Argentino.
Perteneciente al libro Aquerenciada Soledad, “Solos”.
“De ceibo hizo don Pablo el cajoncito, y esa mañana de lluvia y viento, lo cargó en brazos y salió con rumbo al camposanto. Por el camino de la costa del río, el menos transitado, iba el hombre con su liviana carga en brazos. La primera legua…
Sobre la limpia arena dejó un instante a su hijo. Se sentó al reparo de un árbol, y así se quedó mirando el agua, el rio, las barrancas, los pajales extendidos hasta el confín de las islas. Tenía que caminar dos leguas más, solo con su carga. Una carga liviana, es cierto, para sus brazos acostumbrados al trabajo. El peso lo llevaba en su espíritu, en su corazón un poco viejo, en su esperanza cansada.
La mujer quedó acompañada por su fiebre, sola su alma, en el rancho que levantaron solos, también, acarreando juntos, como los horneros, el barro, la paja y la madera. Y después vino esa maldita fiebre. Y el hombre salta, sí señor, y buscaba la yerba del pollo, y la hoja de malva, y el saúco, y la raíz del tacurú. Pero la fiebre seguía y seguía y al chico lo tuvo muerto.
Cargó el cajoncito. Lo mató la fiebre de la madre. Sequito nació, chiquito y sequito por la fiebre de la madre. Ahora va, tan liviano en su cajoncito de ceibo, que el padre lo coloca bajo el brazo, cerca del corazón un poco viejo, y sigue su marcha. Con su cuchillo, no más, podría hacer el hoyito para enterrarlo. Poca tierra ocupará el angelito.
La mujer siente que se le salta la leche del pecho a medida que se aleja el hijo. Los dedos de la fiebre le estrujan los senos y un río de leche comienza a fluir de sus hinchados pechos. Y el hijo sequito en su cajón de ceibo y la leche derramándose por sus flancos. Rodeada de gentes, y sola con su fiebre. Señor…
Ahí queda la madre, pobre y sola, y allá va, solo con su cajoncito, el hombre, por el camino que no acaba nunca. Solos y rodeados de gentes, Señor”.
—
Portada: Imagen realizada con IA Chatgpt
