lunes, abril 22, 2024
Géneros

No olvidemos a Ayelén Gómez

Alma Fernández/El Furgón* – Ayelén Gómez tenía 31 años. El sábado pasado encontraron su cuerpo con signos de asfixia debajo de las tribunas del club Lawn Tennis de Tucumán. Hoy a las 17 hs, en Buenos Aires, darán la vuelta a la Pirámide de Mayo con las Madres Víctimas de Trata para recordarla a ella y a todas las trans y travestis asesinadas. La activista travesti Alma Fernández despidió a su amiga con unas palabras.

Este domingo Ayelén Gómez tampoco pudo votar en las PASO, y a nadie le importó ni le llamó la atención. Tampoco había podido acceder a la educación pública y gratuita hasta terminar sus estudios para resignificar su apellido y dejar de abrazar esa pobreza estructural que tanto persigue a nuestro querido colectivo travesti y trans. Resignadas a caer y engrosar la enorme lista interminable que sigue sumando más nombres. Nombres que, a pesar de los ocasos tan dolorosos de nuestras vidas, todavía despilfarran purpurina resistiéndose a quedar olvidas en un rincón, como nos pasó en vida.

Ayelén Gómez tampoco tuvo la posibilidad de tener por lo menos una vez en su vida una entrevista laboral. Ni mucho menos acceder a un puesto de trabajo, ni en lo público y ni en lo privado. Otra más que no superó la expectativa de vida que cada día se hace más corta.

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Conocí a Ayelén cuando ella tenía trece años. Hermosa criatura, de niña fue expulsada a prostituirse, como muchas de nuestras infancias arrojadas a la calle. En su momento, sus familiares no pudieron sostener esa realidad, ni mucho menos cuidar esa nueva flor que estaba naciendo. La llevamos con nosotras.

Vivíamos en el barrio Samore de Tucumán, en una casita machimbrada. La instalamos en la vereda gracias a la decisión de los y las vecinas del barrio. Todas siempre lo supimos: la unión hace la fuerza y juntas somos imparables.

Le enseñamos a vestirse, maquillarse, a aprender a transitar el arte del travestismo. Sin saber el peso político y la lucha que se construía de la mano de las más grandes referentes, las que sabían que somos ciudadanas y que necesitábamos ganar esos derechos para vivir dignamente.

Sin tener en cuenta lo que pasaba en el exterior del colectivo, ni mucho menos lo que significaba sobrevivir todas las noches.  Aquellos días éramos niñas, hermanas y madres. Y no nos importaba la diferencia de edad, que no era tan larga.

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Las mismas fotos que nadie repudia

El sábado 12 de agosto a la noche, me estaba preparando para las elecciones PASO 2017. Por primera vez para mí y para mi colectivo, estábamos en las listas para ser las primeras candidatas travestis y trans de la historia electoral en nuestro país. Apenas me llegó la noticia de que Ayelén había sido asesinada en Tucumán, lo primero que me llegó fue esa foto.

Las mismas fotos que nadie repudia, las venimos viendo últimamente de cada una de las compañeras asesinadas. Las imágenes de los cuerpos violentados y arrojados a un vacío donde se siguen violentando.

Las mismas fotos: Ayelén Gómez en Tucumán, Pamela Tabares en Rosario (hace casi tres semanas), de Evelyn Rojas en Misiones, y de tantas más. Esas fotos naturalizadas y que no reclamamos nosotras ni nadie del colectivo ni del feminismo, ni hacia adentro ni hacia afuera.

Qué crueles y oscuros los escenarios donde aparecen arrojados los cuerpos travestis y trans. Cuánto miedo me dan los descampados, las tribunas de los clubes o las fábricas abandonadas donde matan a mis hermanas.

Los recuerdos de las compañeras entran todos en una sola canción, mientras en mi cabeza de a poquito voy armando ese cementerio de nombres del que tanto habla la tía Marlene Wayar. Repudio al siniestro medio de comunicación que sigue mostrando esos cuerpos mutilados de mis hermanas. El consuelo y el dolor no alcanzan, ni mucho menos terminan.

*Nota publicada en la Agencia Presentes

Fotos: Ariel Gutraich