Lorca hubiese alabado a Messi
Sospecho que el poeta y dramaturgo español Federico García Lorca hubiese estado encantado con la carrera y el desempeño de Lionel Messi en el Mundial. De acuerdo con una nota autobiográfica, a Lorca le gustaban los deportes, entre ellos el fútbol. Era un aficionado refinado que simpatizaba con el equipo más lucido. En una entrevista de 1931, cuando tenía 33 años, explicó: “Cuando presencio un partido, unos me son más simpáticos que otros. Conquistan espontáneamente la simpatía por cualquier accidente del juego. Y deseo que gane el que más rápidamente captó mis simpatías”. A diferencia de gran parte de la intelectualidad de la época, no dudó en declarar: “Voy al espectáculo deportivo sin prejuicio alguno”.
Aficionado al fútbol, Lorca no se encariñó con ningún equipo. Pero eso cambió cuando se enamoró de Rafael Rodríguez Rapún, un compañero de La Barraca, el grupo de teatro ambulante que Lorca había creado en 1932 para promover el teatro clásico español entre quienes no tenían acceso a esa actividad. Rapún, apodado “el futbolista”, era jugador de las divisiones inferiores del Atlético de Madrid y socio del club. Fue precisamente ese amor el que transformó a Lorca en simpatizante colchonero.
¿Habrá asistido al fútbol durante su prolongada visita a Buenos entre el 13 de octubre de 1933 y el 27 de marzo de 1934? Me complace pensar que, cultivando su propensión futbolera, visitó algún estadio porteño o bonaerense… pero no hay evidencia de ello. De todos modos, lo imagino en su habitación del Hotel Castelar en Avenida de Mayo leyendo las crónicas futboleras de El Gráfico o del periódico Crítica o escuchando las transmisiones de la “Oral Deportiva” de Radio Rivadavia.
A su regreso de Buenos Aires, Lorca realizó una alocución en la Universidad de Madrid en la que presentó al poeta chileno Pablo Neruda, futuro Premio Nobel de Literatura. En una parte de la alocución, estableció una relación infrecuente entre poesía y deporte: “Yo os aconsejo oír con atención a este gran poeta y tratar de conmoveros con él cada uno a su manera. La poesía requiere una larga iniciación como cualquier deporte, pero hay en la verdadera poesía, un perfume, un acento, un rasgo luminoso que todas las criaturas pueden percibir. Y ojalá os sirva para nutrir ese grano de locura que todos llevamos dentro, que muchos matan para colocarse el odioso monóculo de la pedantería libresca y sin el cual es imprudente vivir”.
Supongo que Lorca diría lo mismo si tuviese que presentar a Messi. Aconsejaría observar atentamente sus movimientos en el terreno de juego y conmoverse con su rendimiento cada cual a su manera. Con estupefacción, extrañeza, estremecimiento o placidez; con llanto, silencio, grito o recogimiento. Como la poesía, su fútbol, verdadero, también emana un perfume, un acento, un rasgo luminoso que es percibido y con el que se regocijan y por medio del cual millones de personas, en Argentina y en todo el mundo, le encuentran sentido a la vida. Es decir, el fútbol de Messi engendra una locura –ilusiones y pasiones liberadoras– que, parafraseando al célebre libro Elogio de la locura de Desiderio Erasmo, promueve la salud del género humano y hace que la vida sea más vivible.
Lorca, asesinado por las fuerzas franquistas en 1936, elogió a su colega Neruda y, con la misma franqueza con la que declaró asistir al fútbol sin prejuicio, hubiese elogiado la maestría de Messi. Y así como hubiese celebrado el Premio Nobel de Literatura otorgado a Neruda en 1971, de existir, también celebraría si a Messi se le otorgase el Premio Nobel de Deporte.
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César R. Torres. Doctor en filosofía e historia del deporte. Profesor distinguido emérito de la Universidad del Estado de Nueva York (Brockport) y docente e investigador en la Universidad Estatal de Pensilvania.
