Cuba: Patria o Muerte. ¡Venceremos!
“Tenemos que defender el socialismo, tenemos que defender la independencia nacional, tenemos que defender la dignidad de nuestro pueblo; pero también tenemos que defender los sueños y las esperanzas de todos los explotados, de todos los humillados y de todos los sufridos de este mundo”.
Fidel Castro Ruz.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dijo este viernes que “Cuba es la siguiente” durante un discurso pronunciado en un foro de inversión celebrado en Miami, en el que alabó los éxitos de la intervención militar estadounidense en Venezuela e Irán.
La economía de Cuba se ha visto muy afectada por las interrupciones en las importaciones de petróleo, de las que depende para el funcionamiento de las centrales eléctricas y el transporte.
Antes de la operación estadounidense para capturar al ahora derrocado líder venezolano Nicolás Maduro en enero, Venezuela había cubierto gran parte de las necesidades petroleras de Cuba, pero el nuevo gobierno de Caracas, bajo la presión de Washington, dio por terminadas las entregas.
México también ha puesto fin a los envíos de hidrocarburos a la isla, y Brasil ni siquiera las intenta… que queda entonces para el resto de las “democracias latinoamericanas”, que se desgañitan contra Cuba.

Democracias que estrangulan, ahogan, oprimen y violan los derechos humanos gritando libertad. Demócratas de pacotilla que se refugian en la crítica fácil denunciando el hambre sin apuntar a sus responsables. Demócratas que no tienen empacho en declarar que viven en democracia y sus gobiernos venden armas, desestabilizan países, patrocinan invasiones, justifican genocidios y golpes de Estado. Demócratas que bajan la cabeza cuando se trata de pagar deudas espurias, a costa del hambre de sus pueblos.
¿O serán los demócratas con cuentas en el extranjero y gritan “viva la libertad carajo”?
¿Serán acaso los gobiernos democráticos cuyos gobernantes dejan morir a miles de personas que cruzan el Darién tratando de escapar del hambre y de la muerte? ¿O acaso son los demócratas que construyen campos de hacinamientos para refugiados donde esperan un asilo que nunca llega?
¿O, por el contrario, son los gobiernos democráticos que esquilman las riquezas naturales en América Latina, bajo el principio de practicar la libertad de mercado?
¿Serán los gobiernos democráticos que contaminan ríos, mares y se ufanan de hacerlo en nombre de la libertad? ¿O, por el contrario, son los gobiernos democráticos que han deforestado y desertizado, poniendo en riesgo la biodiversidad del planeta?
Me pregunto si ¿serán aquellos gobiernos donde asesinan a dirigentes sindicales y defensores de los derechos humanos? O por el contrario, ¿serán los demócratas que persiguen al inmigrante bajo la estatua de la libertad? ¿Igual son los que levantan muros de la vergüenza?
Me cuesta pensar que fuesen los demócratas que han vaciado las arcas públicas en beneficio propio. Que reprimen jubilados puntualmente. Que condenan a muerte a sus pueblos mediante los ‘acuerdos’ con el FMI u otros organismos financieros. Tal vez sean otros demócratas, los que pagan sueldos de miseria, defraudan a la salud y la educación públicas, solicitan planes privados de pensiones, y ofrecen a la juventud “cárcel o bala” como único futuro.
¿O tal vez, sean los demócratas, cuyos principios les impide condenar el racismo? Igual me imagino a los demócratas homófobos y machistas que niegan la violencia de género.
Contra Cuba, ¿podrían ser demócratas convencidos de la superioridad de la raza blanca? ¿Tal vez, sean los democráticos gobiernos que patrocinan guerras, negocian con la muerte y trafican con la paz? ¿O los políticos democráticos cuya corrupción les precede y cuyas fortunas son fruto de la estafa, la trata de personas y el narcotráfico? ¿Tal vez, pueden ser los sacerdotes pederastas y la iglesia que les protege, quienes levanten la bandera de la libertad en Cuba?
Las preguntas se me acumulan cuando pienso que pueden ser los demócratas que a precio de saldo vendieron empresas públicas a compañías trasnacionales. No sé si quienes hablan de falta de medicamentos en Cuba, son los mismos que han privatizado la salud, hacen negocio con la enfermedad, desmantelan hospitales y construyen clínicas privadas. Tengo más dudas: ¿serán los gobiernos democráticos que lucran con fondos buitres, rematando la vivienda social al tiempo que desahucian a sus legítimos dueños? Y ahora que hablamos de las falsas noticias y la libertad de prensa, ¿pueden ser los democráticos dueños de los medios de comunicación, que mienten, censuran y rotulan libertad y democracia para Cuba? En este suma y sigue: ¿tal vez, pueden ser los democráticos banqueros y sus consejos de administración, cuyas entidades se han beneficiado de la crisis, llevando a la quiebra a infinidad de países y sus pueblos? ¿O pueden ser los bien pagados y democráticos periodistas condenados por difamar, mentir y desinformar?
En este mar de preguntas, busco respuestas para entender cómo han surgido tantos demócratas y democracias cuyos gobiernos se arrogan el poder de exigir a Cuba aquello de lo que carecen. No dejo de interrogarme sobre los gobernantes democráticos cuyas promesas se van al limbo y no renuncian. Pienso en los oligarcas, terratenientes, empresarios que expropian tierras comunales, matan a dirigentes de los pueblos originarios bajo el grito de libertad de mercado y democracia, apoyados en sus fuerzas paramilitares. En definitiva, pienso en los gobiernos democráticos y tantos demócratas, literatos, académicos, cantantes y cientistas, que se rasgan las vestiduras al hablar de Cuba, desde la equidistancia, pero restan importancia al bloqueo o lo minimizan hasta dejarlo en una caricatura. Una excusa de algunos izquierdistas trasnochados, dirán. Hoy, todos contra Cuba.
No son los defensores de la democracia son sus verdugos.
El intelectual Jesús Arboleya tal vez sea quien mejor definió la vigencia de ‘Patria o Muerte ¡Venceremos!’:
“Si todos los humanos se convencieran de que Cuba debe regresar al capitalismo, todavía faltaría lo más importante: convencer a los cubanos. Y eso, lo predigo, será mucho más difícil”.
