Matar en la escuela
Cuando un adolescente mata a un par dentro de un ámbito escolar hay una cantidadde tramas que se enredan y engarzan para poder pensar en complejidad. No hay una variable que determine y reduzca lo sucedido sino, por el contrario, hay un conjunto de variables que operan y circulan en ese transitar. Hay en principio, no para poner la culpa ahí con lupa sino para reflexionar como sociedad de la que somos parte, un odio que se cuela, aparece y se presenta con estatuto propio de “estar habilitado”, “todo vale”, “los insultos, las agresiones, las burlas, menospreciar, subestimar, descalificar”, como formas y modos de violencia que -lamentablemente- hoy vemos a diario, se van instaurando, instalando, naturalizando.
La idea de este artículo no es ir en busca de culpables y enjuiciar sino poder pensar (nos) como sociedad. No se trata de culpa a secas sino de responsabilidad y co-responsabilidades.
Entonces, no es la escuela, no es la profesional tratante, no son los padres o la ausencia de ellos, no es el joven en sí sino todo ese entrecruzamiento, esa intersección lo que termina por desencadenar ese desenlace fatal.
Al joven que disparó en su escuela lo describen como un chico tranquilo, “no ruidoso”, muchas veces suele confundir pensar que a un joven que se lo ve tranquilo o con buenas notas, con perfil bajo no le pasa nada. Que no haga ruido no significa que no pueda estallar, al contrario, con frecuencia nos suelen preocupar más jóvenes que se sobreadaptan y hacen de cuenta “como si” nada pasara a quienes pueden tener algún otro tipo de salida, recurso para poder manifestar y expresar por ejemplo su dolor, su impotencia, su bronca. Sin embargo, se suele poner el foco de atención y preocupación en jóvenes “quilomberos”, “ruidosos”, “con problemas de conducta”, “malos alumnos”, “con dificultades en el aprendizaje”, pero cuando hay una sobreadaptación, es una granada que estalla en silencio. No sé si exactamente éste sea el caso, pero sí sé que cuando es así con frecuencia pasan desapercibidos/as.
Un joven que mata y se autolesiona queda varado entre el lastimar o lastimarse, queda arrinconado en la no salida, entrampado en su dolencia psíquica. ¿Cómo se acompaña, cómo se interviene desde la escuela, desde la clínica cuando las diferentes formas de la violencia, tanto las ruidosas como las silenciosas, las escolares, las familiares, las institucionales son como un volcán en erupción?
El sufrimiento de un joven hostigado dentro de la escuela no puede pasar desapercibido, no debe de minimizarse como así tampoco la escuela debe de acomodarse a ese malestar. No hay que desestimar a la violencia.
Hablemos de responsabilidad más que de culpas, hablemos de cómo acompañar hoy a jóvenes que están en situaciones de riesgo desde la escuela, desde la clínica, hablemos de cómo tejer redes que contengan, hablemos de la necesidad de implementar políticas públicas de resguardo y protección, hablemos de cómo seguir reforzando la interdisciplina en equipos de orientación, hablemos de prevención, hablemos de que ser distintos no es ser enemigos…
Hay alertas, alarmas, signos,indicios, avisos, indicadores y conductas que con anterioridad suelen aparecer y pronosticar que algo no está bien. La prevención, la ESI (Educación Sexual Integral) como política pública indispensable, necesaria para abordar temáticas sociales, de cuidado, son fundantes. La necesidad imperiosa de fundar algo del orden de la no violencia, de alojar el padecimiento, el sufrimiento psíquico, el desamparo emocional ante situaciones familiares de riesgo que dejan a un joven a la intemperie, donde las redes sociales hacen de las suyas, la violencia digital que se viraliza en segundos desparramando odio como mercancía, adultos/as que no pueden hoy bordear, limitar, construir algo del orden de la legalidad como decía la inmensa Silvia Bleichmar, la falta de esperanza y de proyectos posibles a futuro, la ausencia de referentes sólidos.
Entonces, no es la escuela, no es la profesional tratante, no son los padres o la ausencia de ellos, no es el joven en sí sino todo ese entrecruzamiento, esa intersección lo que termina por desencadenar ese desenlace fatal.
Llevar una escopeta dentro de una funda de guitarra, es primero tener acceso a una escopeta y segundo es haber planeado, pensado la forma de acabar con un malestar padeciente de la peor manera, acabar con el otro, es una punta del iceberg. Sin dudas, que sus defensas, diques y bordes fallaron, pero los adultos también fallaron, fallamos, esto es producto social también.
Hablemos de responsabilidad más que de culpas, hablemos de cómo acompañar hoy a jóvenes que están en situaciones de riesgo desde la escuela, desde la clínica, hablemos de cómo tejer redes que contengan, hablemos de la necesidad de implementar políticas públicas de resguardo y protección, hablemos de cómo seguir reforzando la interdisciplina en equipos de orientación, hablemos de prevención, hablemos de que ser distintos no es ser enemigos, hablemos de las consecuencias y las causas que el bullying trae y arrasa ¡No lo subestimemos! Hablemos de cómo escuchamos a los jóvenes hoy, qué les pasa, qué nos tienen para decir, qué tenemos para aprender, hablemos de un estado que mira para otro lado cuando la ESI debería ser -como dice Carla Elena- un modo de hacer escuela. Hablemos no es algo que alcance para semejante hoyo profundo de violencia social en la que estamos inmersos, pero es poner en agenda que esto que sucedió es un síntoma social y funcional, no es algo al azar, algo aislado. Es una denuncia social que nos implica, nos tiene que interpelar y convocar a detenernos a pensar, no se puede seguir “como si nada”, hay algo que se resquebrajó, algo que se soltó del tejido social. Militar por la no violencia en todas sus esferas hoy es un desafío, es una apuesta de la que urge ser parte.
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Joana Rowinski. Joana Rowinski es psicóloga (UBA) docente y escritora. Es perito de parte, supervisora en temáticas de violencia sexual contra las infancias. Publicó como compiladora el libro “Violencia de género, abordaje interdisciplinario” (Ricardo Vergara ediciones), declarado de Interés por la Legislatura Porteña. Compiladora de “La deshumanización de la justicia en infancias vulneradas” (Ricardo Vergara). Compiladora y autora de “Feminismos y adolescencias” junto a Carla Elena, (editorial Raíces), declarado de Interés por la Legislatura Porteña (2025). Autora de “Cartas al cielo” (Raíces). Co-autora de “Tejiendo trayectorias: Narrativas y sintonías entre el analista y el niño”, compilado por Macarena Cao Gené (Raíces). Autora de diversos artículos en actualidad psicológica.
