sábado, abril 13, 2024
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“¿Desde cuándo fue la vida de mi hijo? Desde que lo elegí”

Por Paula Pimentel*, exclusivo para El Furgón – Nunca antes se había dado en la historia de nuestro país un debate tan amplio y profundo respecto al aborto. El movimiento feminista lo intenta desde hace años, y esa lucha logró que éste sea el momento. Estamos a horas de la votación del proyecto por la despenalización del aborto en la Cámara de Diputados, y las grandes mayorías se fueron manifestando a favor y en contra. La agenda mediática de alguna manera nos empuja a posicionarnos. ¿Hay un punto medio en esto? Creo que no. Hablamos de legalización o clandestinidad sobre una realidad que se impone, que fue y seguirá siendo: las mujeres abortamos. La idea es morir, o no, en el intento. Y que el Estado garantice la vida.

Si hace 10 años me preguntaban qué opinaba del aborto mi respuesta sería diferente a la de hoy. A veces la soberbia intelectual, nos distancia del sentimiento del pueblo, diría el filósofo italiano Antonio Gramsci

Son tiempos en los que más allá del debate con el afuera,  el posicionarnos nos lleva a desarmar, rearmar, armar, nuestras ideas y nuestros sentimientos. Armar, desarmar, rearmar da cuenta que una idea (o una conducta) puede ser modificable. Uno no nace de izquierda o derecha, uno no llega al mundo ideologizado; se va formando, interviniendo en este proceso la pedagogía familiar, el barrio, la escuela, la experiencia, lxs amigxs, la militancia, y un sin fin de factores que nos atraviesan y construyen nuestra subjetividad. Si hace 10 años me preguntaban qué opinaba del aborto mi respuesta sería diferente a la de hoy. A veces la soberbia intelectual, nos distancia del sentimiento del pueblo, diría el filósofo italiano Antonio Gramsci, y por más caminar por el barro que tengas hay ideas y sentimientos que llegan cuando tienen que llegar.

A los 24 años quedé embarazada y en ese proceso fue cuando disipé mis dudas respecto al aborto. Tenía que nacer mi hijo para terminar de comprender que ser madre debe ser una decisión. Que aún dando a ese hijo en adopción, la mujer es la que pone su cuerpo durante los 9 meses de gestación, ¡y vaya si pone el cuerpo! Si esto se tratara de derribar argumentos, creo derribar con esto el que nos indica: “dalo en adopción”. Pero no creo que convenza a nadie de nada en estas líneas. Prefiero contar cómo yo fui cambiando mi opinión y mi sentir en algo que hoy expreso con total convencimiento y puedo resumir en la simpleza de esta frase: “mi cuerpo, mi decisión”.

No atravesé un aborto pero sí la maternidad, que no es fácil, es hermosa y que, sobre todo, siempre debería ser una opción. Ni me quiero imaginar criando a mi hijo que hoy tiene 8 años porque sí, porque me la mandé y me tengo que hacer cargo, porque falló el método, porque el rosario en mi ovario y mi vecina la moralista, porque hay un sector de la sociedad con determinada creencia religiosa, con determinada moral y determinada ética (esas que varían según los tiempos, esas que se construyen y deconstruyen). Ni mi vecina ni la moral ni la ética y mucho menos el rosario me ayudarían luego, como sospecho que tampoco lo hacen con tantos chicos con miles de carencias, pero bregan por su nacimiento para qué. Vamos.

Cuando me invitaron a escribir estas líneas dudé. “Dale, escribí algo del porqué sí”. Mi respuesta fue casi instantánea, además del por qué sí, quiero escribir, ¡si me animo! desde cuándo sí. Tener un hijo que vino cuando él quiso fue mi decisión, ahí pude entender y sobre todo sentir que el aborto debe ser también una opción.

No me puedo imaginar criando a mi hijo porque cientos de personas manifestándose con un bebé gigante por las calles dicen que debo hacerlo. Hay una lógica tan simple detrás de un debate tan complejo. Pero pongamos que le hice caso a la horda de gente con el bebé gigante, que por cierto, lo llaman Alma… Ponele que sobre mi vientre prima su voluntad y no la mía, el día de mañana mi hijo sabrá -porque si vamos a ser tan moralistas digámosle la verdad-, que él no nació porque yo quise, él nació porque quiso Marta de Caballito que es muy religiosa y “pro vida”. Vamos.

Nora Cortiñas en la marcha “Ni una menos” (Foto: Nadia Bascopé)

Quizás muchxs nacimos por algo así, o no, o sí, o no… ¿no sería un buen cambio que eso dejara de suceder? Que nuestros hijxs nazcan porque los deseamos. Dejemos a la moral de lado que nunca fue madre ni abortó. Dejemos a la ética, que nunca se embarazó con un diú en su útero, y también al rosario, que nunca se le pinchó un preservativo, que uno usa, ¡porque también es abortivo! Dejemos al prejuicio, que nunca fue buen consejero, y dejemos a las minas, que decidan sobre sus cuerpos.

Dejemos la idea del “camino fácil”. Preguntale qué tan fácil fue un aborto a tu amiga, fue espantoso, ¿sabés? No, no vamos a salir felices a abortar porque se despenalice.

Dejemos de buscar excusas porque no pedimos sólo el aborto, pedimos educación sexual para decidir, métodos anticonceptivos para no abortar, aborto gratuito, seguro y legal para no morir. Preguntale al Gobierno por el ESI (Educación Sexual Integral) y su recorte. Ni aborto ni educación, prohibición.

¿Cuántas vidas más habrá que esperar para sacarle la sábana al fantasma de la hipocresía? Si ya sabemos que las ricas abortan y las pobres mueren, si ya sabemos que la religión está plagada de hipocresía, si ya sabemos quiénes se benefician del mercado negro, si ya sabemos que no habrá más abortos, pero sí más vida.

Cuando me invitaron a escribir estas líneas dudé. “Dale, escribí algo del porqué sí”. Mi respuesta fue casi instantánea, además del por qué sí, quiero escribir, ¡si me animo! desde cuándo sí. Tener un hijo que vino cuando él quiso fue mi decisión, ahí pude entender y sobre todo sentir que el aborto debe ser también una opción, ¿por qué? Porque sí, hermanx. Porque es mi vida, mi cuerpo, mi hijx, mi no hijx.

Hay un punto bastante irreconciliable en todo esto, me permito el arbitrio de inventar una respuesta. ¿Desde cuándo fue vida la de mi hijo? Desde que lo elegí.

Gracias a toda la lucha feminista por llevarnos a este punto de la historia donde logramos que mañana se legisle sobre nuestra libertad, porque en definitiva, aunque suene tan arcaico, esto se trata de legalizar la libertad de la mujer. ¡Arriba las que luchan! ¡Abajo el patriarcado, que va a caer, que va a caer.

* Periodista. Integrante de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos de La Matanza (APDH-La Matanza)

Fotos interior y portada: Nadia Bascopé

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