• 7 diciembre, 2022

“Ulalume” o la lírica del adiós

Así como “A Helen” es el inicio literario de Poe, Ulalume (una fusión de la palabra latina luz-lumen- con la turca muerto- ula-), anticipa el final de la voz poética del autor, basada en la idealización de la mujer y en particular de su pareja, Virginia.

El poema, que a continuación les presentamos, es “quizás el más original y extrañamente sugestivo de todos los de Poe”, dijo Stéphane Mallarmé, suscribiendo a una expresión de Walt Whitman. Su temática, la pérdida de la mujer amada:

Los cielos cenicientos y sombríos,
crespas las hojas, lívidas y mustias,
y era una noche del doliente octubre
del tiempo inmemorial entre las brumas,
era en las tristes márgenes del Auber,
el lago tenebroso de aguas mudas,
ante los bosques tétricos del Weir,
la región espectral de la pavura.

II

A solas con mi alma, recorría
avenida titánica y oscura
de fúnebres cipreses… con mi alma,
con Psiquis, alma que, al misterio turba…
Era la edad del corazón volcánico
como las llamas del Yanek sulfúreas,
como las lavas del Yanek que brotan
allá del polo en la región nocturna.

III

Pocas palabras nos dijimos, era
como una confidencia íntima y muda;
palabras serias, pensamientos graves
que la memoria para siempre turban;
no recordamos que era el triste octubre,
que era la noche (¡noche infausta y única!)
no recordamos la región del Auber
que tanto conoció mi desventura,
ni el bosque fantasmático del Weir,
la región espectral de la pavura.

IV

Y cuando la noche ya avanza
de estrellas al vago tremer,
al fin de la oscura avenida
un lánguido rayo se ve,
fulgor diamantino que anuncia
de fúnebre velo al través,
que emerge de nube fantástica
la Luna, la blanca Astarté.

V

Y yo dije a mi alma: «Más que Diana
ardiente, aquella misteriosa Luna
rueda al través de un éter de suspiros;
lágrimas de su faz una por una
caen donde el gusano nunca muere.
Para mostrarnos la celeste ruta
y el alma imperio de la paz Letea
atrás dejó al león en las alturas,
del león las estrellas traspasando,
del león a despecho, ora nos busca
y sus miradas límpidas y dulces
son las miradas que el amor anuncian.»

VI

Mas Psiquis dijo señalando al Cielo:
«La palidez de ese astro me conturba;
pronto, huyamos de aquí, pronto, es preciso.»
Y de sus alas recogió las plumas
con intenso terror, y sollozando,
presa de pronto de invencible angustia
plegó las alas, hasta el polvo frío
lentas dejando descender las plumas.

VII

Y yo le dije: «Tu terror es vano,
sigamos esa luz trémula y pura,
que nos bañen sus rayos cristalinos,
sus rayos sibilinos que ya auguran
e irradian la belleza y la esperanza.
Mira: la senda de los cielos busca;
sigamos sin temor sus limpios rayos
que ellos a playa llevarán segura,
sigamos esa luz limpia y tranquila
a través de la bóveda cerúlea.

VIII

Tranquilicé a mi Psiquis, y besándola,
de su mente aparté las inquietudes
y sus zozobras disipé profundas,
y convencerla que siguiera pude.
Llegamos hasta el fin; ¡ojalá nunca
llegara! Al fin de la avenida lúgubre
nos detuvo la puerta de una tumba
(¡oh, triste noche del lejano octubre!)
nos detuvo la losa de una tumba,
de legendario monumento fúnebre.
¡Oh, hermana!—dije— ¿Qué inscripción confusa
en la sellada losa se descubre?
Respondiome: «Ulalume», esta es su tumba,
¡la tumba de tu pálida Ulalume!

IX

Quedó mi corazón como ese Cielo
ceniciento, como esas hojas mustias,
como esas hojas yertas y crispadas…
¡Ay! pensé: el mismo octubre fué, sin duda
fué en esa misma noche cuando vine
al través del horror y de la bruma
aquí trayendo mi doliente carga…
¡Oh, noche infausta, infausta cual ninguna!
¡Oh! ¿Qué infernal espíritu me trajo
a esta región fatal de la tristura?
Bien reconozco el mudo lago de Auber,
y esta comarca que el horror anubla,
y el bosque fantasmático de Weir,
la región espectral de la pavura!

Edgar A. Poe y Virginia Clemm

Virginia moría víctima de la tuberculosis. En palabras de su editor la situación material de Poe era desesperante, y sobre males, el poema no fue entendido en su época, como casi toda su obra. Uno de sus últimos albaceas refirió al respecto: “Acabé de leer el poema y, el cielo me perdone, no había podido encontrar en él ningún sentido. De algunas partes melódicas se podía concluir que había sido escrito en una lengua olvidada hacía largo tiempo”.

Con los años, “Ulalume”, pasó a ser la metáfora de la desesperación. Un intento trastornado por exorcizar los demonios que agitaban en el corazón del escritor tras la agonía irremediable de su esposa, el amor de su vida, pero de un modo macabro, siniestro, como si la muerte de alguien querido necesitase de cierta autoflagelación. Tampoco la necrofilia está ausente, al igual que el vampirismo, la decadencia, el deterioro cognitivo y cierta disminución de las facultades mentales en pos de una mecanización del dolor.

En sus líneas el autor retrató la muerte de su amada,  pero en lo profundo, Poe se miró a sí mismo. Cómo iba a ser comprendido por sus contemporáneos.

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Flavio Zalazar

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