• 6 diciembre, 2022

Rubén Naranjo: El arte como militancia

Hace veintitrés años este cronista realizaba un reportaje que jamás vio la luz de la edición: era al artista y militante social Rubén Naranjo. En él contestó preguntas acerca de las vanguardias, su experiencia en el fenómeno más importante de intervención artística y política en nuestro país denominado “Tucumán Arde”; la década del sesenta, el compromiso del artista, entre otros temas. La fuerza de la nostalgia por la ausencia física ocurrida en el año 2005, nos hizo desempolvar las palabras de un imprescindible. Que lo disfruten.

Voz de viejo maestro, piel morena, criollo de gesto y prosapia, Naranjo, o “Naranjín” como lo llama su hija- profesor de artes, pintor, gestor cultural de intensa actividad en la ciudad de Rosario-, se define un “conceptualista por lógica generacional”, descree de las élites iluminadas, mal llamadas Vanguardias, proclives a las dádivas de un empleo público y asegura que “sin planificación cultural, las leyes de impunidad y olvido seguirán siendo posible”.

– ¿No le parece que renegar de Las Vanguardias en el arte es una muestra fragante de autoritarismo?

– Al contrario, el término vanguardia posee una significación política, no reprochable en sociedades con un sedimento fuerte en lo folclórico, que se desprende de relaciones comunales ancestrales. En Latinoamérica se transforma en una práctica aristocrática y dirigista; la cual se ve perturbada por el arte cotidiano. De allí nace lo valioso, lo que hoy se conoce con el nombre de contracultura, o en términos de Antonio Gramsci, la contrahegemonía.

“En las grandes ciudades yacían los cordones de pobrezas que hoy conocemos como villas miserias, el trasplante del hombre del interior a las grandes capitales fue brutal, y en lo cultural, existió una resistencia de la cual emerge ‘Tucumán Arde’.”

– ¿Arte cotidiano como folclore, como identidad?

– Sin duda alguna, la cotidianeidad en el arte la da el pueblo, la forma la construye con sus elementos psicológicos y paisajes propios. Creo que ésta es la definición de folclore.

– Entonces, para usted, ¿cómo podríamos definir al arte?

–  Sin dudas, la expresión estetizada de lo originario.

Rubén Naranjo, por Sábat. (Fuente: https://www.rubennaranjo.com.ar/)

– Ahora, ¿no es contradictorio hablar de un estudio superior de las artes?

– No si con él reforzamos nuestra particularidad, secundados con los  siempre valiosos “conocimientos universales”.

– Observo un dejo de ironía, ¿puede ser?

– De ninguna manera.

“El concepto es el hombre y su mundo, el arte no es autónomo respecto de la sociedad: nace con ella.”

– Bueno, sigamos… En la década del sesenta, un grupo de intelectuales ejecutaron lo que la historia del arte argentino dio en llamar “Tucumán Arde”. ¿Este accionar fue de vanguardia?

– Una mirada simplista nos etiquetaría como paracaidistas, pero no fue así. En primer lugar, porque en el movimiento existía  mayoría de tucumanos, enraizados con el problema de la bancarrota de los ingenios. Alguno de ellos, inclusive, trabajaban en ellos. La crisis del monocultivo de caña nos concernía a todos. Tucumán en esos tiempos significó un banco de pruebas que luego se nacionalizó: represión y pobreza.

– El fenómeno artístico contuvo ribetes eminentemente políticos. ¿Lo podríamos citar un acto más de la cultura insurreccional de los sesenta?

– Necesariamente. Resulta importante tener en cuenta que es en esa década cuando los milicos –que casi eran gobierno- comienzan a sentirse desbordados. En las grandes ciudades yacían los cordones de pobrezas que hoy conocemos como villas miserias, el trasplante del hombre del interior a las grandes capitales fue brutal, y en lo cultural, existió una resistencia de la cual emerge “Tucumán Arde”. Otra, cara a los sentimientos de los rosarinos, fue la Biblioteca Vigil (1).

– ¿Qué experiencia artística dejó la incursión norteña?

– Por suerte no fue el arte lo que trascendió, y eso molestó.  Los burócratas de la cultura esperaban una experiencia estética y para angustia de ellos significó un retrato social. De ahí a la transformación sólo media la conciencia. En lo formal también existió una renovación; desde las artes plásticas comenzamos a usar de manera regular productos de consumo masivo, elementos de sonido, desperdicios cotidianos, etc.

– ¿Cuál fue el efecto de este retrato social?

– Los grandes diarios y las radios de Buenos Aires conocieron desde una experiencia artística la explotación del chango tucumano, sus costumbres, la mortalidad infantil, la vida en un feudo en pleno siglo veinte, etc.

Rubén Naranjo (Fuente: https://www.rubennaranjo.com.ar/)

– También que el concepto, en este caso la realidad, precede a la obra de arte

– El concepto es el hombre y su mundo, el arte no es autónomo respecto de la sociedad: nace con ella. El retrato o la forma que el artista realiza son productos de su historia en la permanencia del mundo.

– ¿En qué consistiría hoy el compromiso del artista?

– Hoy y siempre: fidelidad para con sus raíces y una formación original coherente.

– ¿Qué vivencias le dejó su participación en los Organismos de Derechos Humanos?

– Comprendí que todo optimismo es culpable.

– En su carácter de profesor: ¿Qué papel le asigna a las ciencias humanas para el próximo milenio?

– La formación de rebeldes. Por el momento sólo se puede aspirar a hacer cosquillas al poder.

(1) Construcción popular inédita que atravesó los años sesenta en la ciudad de Rosario. Un grupo de jóvenes, investidos en la práctica del mutualismo/cooperativismo, y luego una comunidad entera,  en una de las barriadas más humildes del sur de la ciudad, erigen un verdadero polo de educación y cultura. La acción se plasmó con un edificio del más alto estándar, acondicionado para incluir en pleno funcionamiento una escuela con Jardín de Infantes, Primaria y Secundaria; cine, auditorio, galería de arte,  teatro, observatorio astronómico y hasta una editorial. Precisamente en sus talleres se publica la obra reunida de Juan L Ortiz, los primeros textos de Juan José Saer, novelas de Jorge Riestra, los relatos de Alberto Lagunas y parte de la ensayística de Adolfo Prieto (director de la editorial). La experiencia fue truncada por la debacle financiera previa a la última dictadura cívico-eclesiástica-militar. Rubén Naranjo, formaba parte por esos años, de la planificación cultural del proyecto.

Portada: Fuente: https://www.rubennaranjo.com.ar/

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Flavio Zalazar

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