• 6 diciembre, 2022

La conciencia crítica y la autonomía de pensamiento: La culpa es de Hollywood

Hay un cuento de Fontanarrosa, “El cazador blanco“, que pertenece a su libro de cuentos “Nada del otro mundo”, y donde al inicio culpa a Walt Disney de las muertes humanas en las garras de los grandes depredadores de la selva, basándose en la responsabilidad del dibujante al mostrarlos cariñosos o amigables. Bueno, así es. Lo mismo sucede con Hollywood y su constante establecimiento de “Oriente malo, Occidente bueno.” Una propaganda, un bombardeo que buscó y consiguió destruir cualquier capacidad de pensar distinto de sus formas, de sus postulados que bien imponen las cámaras, los guiones ideológicos, los montajes crueles, las voces en off de testigos lastimados (siempre inocentes), de espías aventureros, políticos abnegados, millonarios filantrópicos que arriesgan sus fortunas en pos de un mundo mejor… ¿Mejor? No sé. Tengo mis serias dudas siendo del conurbano. A fin de cuentas, el silencio no habla, no contesta. Y si contesta, para eso, tenemos lo que se viene ahora:

La dictadura perfecta de la OTAN.

Aquí, en esta imposición de decires, todo está bien. Hasta lo que está mal, está bien. Porque, de repente, de golpe y porrazo, sin que nadie pretenda una duda, todos tienen una bandera en el bocho que es símbolo de lucha pacifista y libertad. ¿Por qué? No sé, no quiero saber, no me interesa, o simplemente porque así está dispuesto en todas las pequeñas (y las grandes también) pantallitas que nos condicionan, que nos convidan su voz para ponerlas en nuestras gargantas. Y si no, jodete, te tiro a la mierda un satélite o tengo un hacker en el bolsillo, de esos que usan una careta de V de Vendetta, aunque el mismísimo V le metería un cuchillazo, pero nos caen tan bien y revolucionarios que se merecen un pin o una remera. Pero bueno, así es el poder de las comunicaciones. Entonces ya nada importa, siquiera los ideales que establecen un orden mundial porque Mickey Mouse (recordemos el final de Full Metal Jacket) es un ratoncito simpático que anda por ahí matando dragones rojos.

Que la guerra está mal, claro que sí. Sobra decirlo. Pero ojo al piojo, que no te coman la croqueta con eso. La guerra está mal, sea de donde sea y de quien sea. Porque si no lo entendés así, entonces quedan dos opciones: o sos estúpido o sos cómplice. Y la complicidad tiene una base de la OTAN en Malvinas… y en muchos lados más. (Y para Putin, también hay…)

Alejandro Pernía Nisi
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