• 7 diciembre, 2022

Antonino Rocca: El argentino que inventó la lucha libre profesional en Estados Unidos

En la Ciudad de México, durante los años cincuenta y sesenta -época de oro de lucha libre en las Américas- cuando Rodolfo “El Santo” Guzmán Huerta subió enmascarado al ring, nadie dudó de lo que su deporte representaba. Fue un desempeño medio dramático, medio folklórico con un atletismo brillante. En 1972, cuando Martín Karadagian enfrentó a “La Momia” en el Luna Park, todos entendieron el combate -en primera instancia- como un espectáculo sin ser una competencia puramente deportiva. Pero en Estados Unidos, desde los años cuarenta siempre hubo polémica en la cultura popular. ¿La lucha libre profesional fue un espectáculo? ¿O los títulos y los campeonatos ganados por los luchadores marcaron una competencia atlética? A las empresas y los promotores que manejaron el negocio de lucha libre, siempre les convenía la ambigüedad entre competencia y espectáculo en su marketing. A los miles de fanáticos norteamericanos, les gustó la idea de la lucha libre como un deporte legítimo -equivalente al boxeo profesional- pero con fundamentos atléticos casi superhumanos, y con elementos y narrativas abiertamente ilícitos en el comportamiento de los luchadores dentro y fuera del ring.

Más que cualquier otro atleta, como el luchador más famoso y más querido de su época, el argentino Antonino Rocca ayudó a la empresa Capitol Wrestling a empujar la lucha libre profesional en Estados Unidos hacía el mundo del espectáculo, distanciándose en los años cincuenta de la competencia atlética pura. Durante su larga carrera profesional, y hasta su muerte, Rocca entendió más que cualquier otro el valor del espectáculo en su oficio de luchador. Como en el caso de Oscar “Ringo” Bonavena, Rocca fue asesinado al estilo “Hollywood” en 1976. A Bonavena lo mataron fuera del famoso prostíbulo Mustang Ranch, cerca de Reno, Nevada, por haber conquistado a la mujer del dueño del local, el pequeño mafioso Joe Conforte. Mientras tanto, el homicidio del luchador Antonino Rocca no fue de película, sino en una película de Hollywood. Rocca interpretó el papel de trabajador funerario, acuchillado en el largometraje de terror Alice, Sweet Alice protagonizado por la joven actriz Brooke Shields. Como en los casos de El Santo y Karadagián, Rocca aumentó su presencia popular como luchador con papeles en películas. Un año más tarde, en 1977, cuando Rocca falleció de verdad en New York, acudieron miles de personas a su funeral. Los periódicos locales revelaron la noticia en sus tapas principales.

La muerte de Rocca en la prensa estadounidense

En sus fallecimientos, cómo en sus vidas, Bonavena y Rocca se definieron por sus personajes que desbordan la realidad, influidos por el ambiente cultural norteamericano. Y con el luchador Martín Karadagián, tuvieron mucho en común más allá de su nacionalidad argentina. Los tres hicieron algunas de sus primeras peleas profesionales en Estados Unidos -Bonavena en New York (1964-65), Rocca en Midwest (1942-44) y Karadagián en New York (1949). Ninguno de los tres se hizo famoso por ser atleta de nivel más alto. Por otro lado, cada uno definió su carrera y se hizo famoso por espectáculos novedosos y creativos, reinventando su deporte para sus muchos fanáticos. A diferencia de Karadagián y Bonavena, Rocca nunca volvió a la Argentina. Se quedó en Estados Unidos, hizo su carrera allá y tuvo su máximo impacto profesional en New York y Chicago.

Décadas antes de que Vince McMahon (hijo) constituyera la empresa World Wrestling Entertainment (WWE), el promotor de lucha libre profesional más grande del mundo, Vince McMahon (padre) dirigió la empresa precursora del WWE, Capitol Wrestling Incorporated. En los años cincuenta, la estrella principal de Capitol Wrestling fue Antonino Rocca. Adorado por sus seguidores en Estados Unidos, en varias ocasiones Rocca llenó el estadio Madison Square Garden en New York. Tal fue su fama que en agosto de 1955, su figura apareció en la tapa de la historieta “Superman”, número 155, tirando al superhéroe fuera del ring, a través de las cuerdas, como lo hizo el boxeador Luis Ángel Firpo a Jack Dempsey en 1923.

Rocca en la tapa de “Superman”

Nacido en Italia en 1921, su nombre verdadero era Antonino Biasetton. Emigró a la Argentina de niño. Fue descubierto y entrenado por el famoso campeón polaco, Stanislaus Zbyszko. Pasó una década luchando en Canadá y el Midwest norteamericano, antes de llegar a New York, en 1949, donde definió su carrera. Anticipando el famoso “puñetazo de Superman” del luchador de Artes Marciales Mixtas (MMA), el campeón canadiense Georges St. Pierre, Rocca inventó o modificó una serie de ataques en los cuales dio la impresión de volar. Se trató de un espectáculo maravilloso para los espectadores en el Madison Square Garden (y una violación de las reglas de lucha libre amateur). Para su “hurricanrana”, mientras su adversario corria a full, Rocca saltaba arriba de sus hombros, ejecutaba una voltereta hacía atrás y con ímpetu tiraba a su contrincante a la lona.

Fue uno de los primeros en integrar a la lucha libre una patada voladora lateral, otra jugada ilícita en lucha libre aficionada y olímpica. Precisando en serie rapidísima correr, saltar, y golpear, la patada voladora es practicada por atletas muy elásticos y de poco peso. A sus 1.83 m y 102 kilos, Rocca parecía trascender las leyes de física cuando volaba. Su movimiento más famoso fue también la técnica más importante en la transformación de la lucha libre norteamericana de deporte en espectáculo. Rocca inventó el “Argentine Backbreaker” (La quebradora argentina): Colocaba al su rival sobre sus hombros, boca arriba, agarrando la cabeza con una mano y una pierna con la otra. Después de unos momentos de suspenso (y con el furor del público entusiasmado), tiraba de ambos brazos con gran teatralidad. Hacía arquear el cuerpo de su opositor causándole un dolor terrible.

Los 10 mejores movimientos de Rocca

Con Rocca, surgió la crítica de algunos que la lucha libre se había convertido en un espectáculo falso en vez de una competencia atlética. Pero el argentino no solamente no se preocupa por los que dudaban, entendía que en Estados Unidos, la lucha libre profesional necesitaba combinar un atletismo serio con un elemento importante de espectáculo. Rocca se convirtió en un personaje que desbordaba la realidad para contribuir al marketing de su deporte. Como en el caso de Karadagián en la Argentina, nunca hesitó en explotar una oportunidad para realizar un espectáculo extraordinario. El 19 de noviembre de 1957, el equipo tag-team de Dick the Bruiser y Jerry Graham se enfrentaron con Rocca y Édouard Carpentier, en el Madison Square Garden, frente a casi 13.000 fanáticos. Cuando terminó la última ronda, los luchadores siguieron peleándose entre ellos. Muchos fanáticos entraron al ring mientras que otros iniciaron peleas en las gradas. Un disturbio estalló en la calle. Los más de 60 oficiales de policía presentes no pudieron aplacar la violencia y después de varias horas, mucha gente terminó detenida. Con este y otros episodios parecidos, Rocca salió cada vez más famoso.

Rocca triunfó también más allá del ring. Publicó un manual de autodefensa y entrenamiento físico. Self-Defense and Physical Fitness (1965) tuvo una difusión amplia. A diferencia de otros manuales, Rocca no prometió ningún milagro rápido en el proceso de entrenamiento físico. Había que trabajar fuerte y por mucho tiempo. Sus ejercicios de estirar fueron unos de los primeros de esa clase en llegar al público y siguen siendo todavía útiles. Según el testimonio de varios, un día en New York Arturo Toscanini, el famoso director de orquesta de ópera, estaba dirigiendo un ensayo cuando, al observar su reloj, comprobó que era la hora que Rocca actuaba por televisión. Suspendió el ensayo y se fue para su casa. Por su popularidad en las colectividades cubanos y puertorriqueños de New York, le buscó para su apoyo político el gobernador del estado de New York, Nelson Rockefeller. En una ocasión, para ayudar a Rockefeller, Rocca habló en un acto público que había reunido 800.000 miembros de la colectividad latinoamericana de la ciudad.

Antonino Rocca vs. Primo Carnera

En 1959, Rocca colaboró en un evento en Luna Park con la dueña del momento, Ernestina Lectoure. No fue una velada de lucha libre. Rocca y Lectoure utilizaron el estadio como depósito, dejando allí miles de juguetes para niños que habían comprado. Al día siguiente, con el apoyo de docenas de periodistas y deportistas, los regalaron a niños en hospitales por todo Gran Buenos Aires. En esa ocasión y en otras, Rocca hizo referencia repetida a su propia niñez en la pobreza. Pero para los argentinos que le seguían de lejos, se había convertido en un norteamericano de plata. En la revista Mundo Deportivo (19 de enero de 1959), bajo una foto de Rocca caminando en una calle porteña fumando un habano enorme, el periodista Damián Cané escribió: “Con típico sabor americano. ¡Ah!… por fumar esa marca le pagan 25.000 dólares anuales”.

 

 

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