• 7 diciembre, 2022

Sesenta y tres años de Revolución Cubana

Henry Reeve se disparó con su propio revólver el 4 de agosto de 1876 para no ser capturado por el enemigo. Había nacido en Brooklyn, Estados Unidos, pero murió peleando por la independencia cubana. Fidel Castro creó una brigada médica en su honor el 19 de septiembre de 2005 cuando el huracán Katrina arrasaba con parte de Florida. George Bush rechazó la ayuda porque provenía de la isla. Parte de esa brigada -36 médicos y 15 enfermeros- viajó a la región de Lombardía, en el norte de Italia, para prestar asistencia sanitaria durante los primeros meses de la pandemia. Atendieron a más de 5.000 personas. La cosmovisión revolucionaria le sigue diciendo internacionalismo solidario. Suenan raras esas dos palabras para las subjetividades crecidas y maduradas al calor del neoliberalismo. Pero por algo la batalla de las ideas.

“Cuando se retiren los cubanos de Angola, no nos llevaremos nada, ni petróleo, ni diamantes, ni café ni nada. Lo único que nos llevaremos es la indestructible amistad de este gran pueblo y los restos de nuestros muertos”. Lo prometió Raúl Castro en 1977 en plena guerra contra el apartheid. Y así sucedió. Es parte de lo que el imperialismo no puede soportar desde hace 63 años: la empecinada dignidad de señalar que un mundo justo es posible. No miren arriba, la película estrenada en el final de 2021, expone eso que, parafraseando al entrenador Marcelo Bielsa, podría llamarse la no nobleza de los recursos utilizados por el capitalismo. Fidel Castro contestó hace décadas: “Si hubiéramos muerto, mucha gente diría que estábamos equivocados. Yo pienso que, si hubiéramos muerto, no estábamos equivocados y que nuestro camino era correcto”.

Lenin escribió El derecho de las naciones a la autodeterminación en 1914. Una política para un contexto que se volvió principio rector. Incompatible con la Doctrina Monroe, el artilugio legal que Estados Unidos enarbola desde 1823 para justificar sus ambiciones imperiales en América Latina. El criminal bloqueo que padece Cuba desde 1961 se inscribe en esta tradición. La frustrada invasión a Playa Girón de ese mismo año, también. ¿De qué están hechos? Eduardo Galeano: “Todos los invasores han sido educados en la ética de la impunidad. Nadie reconoce haber matado a nadie. Y al fin y al cabo, tampoco la miseria firma sus crímenes”. Las derechas no conciben la posibilidad de sociedades no edificadas alrededor de la más violenta relación social: la explotación del ser humano por el ser humano. Y por algo no perdonan.

Los problemas y las contradicciones están, existen. Incluso, a veces, incomodan. Pregunta retórica de un joven periodista cubano que, antes de que alguien abra la boca, aclara que sabe bien que el paraíso ofrecido desde Miami no es otra cosa que el hambre planificado para millones edificado sobre el odio reaccionario.

-¿Y cómo haces cuando te rompen de golpe con ese paradigma que hasta acá venía bien?

Respuesta de ese mismo joven periodista cubano:

-Hay que construir políticas que contengan el histórico culto cubano a la dignidad plena del hombre. Y no hay que olvidarse de algo fundamental: “Revolución es cambiar todo lo que deba ser cambiado”.

Una frase de Fidel Castro de antaño, que recupera vigencia en el cierre de cada diciembre, dice así: “Millones de niños dormirán en la calle en esta Navidad. Ninguno de ellos es cubano”. Bastaría reemplazar noche por Navidad para certificar que los faros siguen existiendo. O, como escribió el periodista Enrique Raab, “El germen de un mundo distinto, cuyas imperfecciones provisorias no atenúan en nada la premonición maravillosa de lo que será la sociedad del futuro”.

+ posts

Julián Scher

Read Previous

Fernando Birri, un señor muy viejo con unas alas enormes

Read Next

Tina Modotti, hija de su tiempo

Facebook
Facebook