• 7 diciembre, 2022

Las figuritas de Santoro

Lo recitaba sin repetir y sin soplar. Como se recitan los grandes axiomas de la vida. Roberto Santoro abría el cajón de su escritorio en el departamento de la calle Fraga, miraba las postales que había atesorado a pura pasión, cerraba los ojos para no desconcentrarse y entonaba con cadencia de poeta: Cejas, Martín, Perfumo, Basile, Díaz, Rulli, Mori, Maschio, Cardoso, Raffo y Rodríguez. Ese Racing, su Racing. Esas figuritas, sus figuritas.

Neneca, la hermana de Santoro, perseverante guardiana de maravillas, encontró en plena pandemia las 11 figuritas impolutas en el mismo cajón donde Toto, como ella lo sigue llamando, acumulaba retazos de sus patrias más profundas.

Cuando a mediados de 1976 el terror de las botas dominaba las calles de Chacarita, Santoro era papá de Paula, era militante del Partido Revolucionario de los Trabajadores y había publicado Literatura de la Pelota –ese libro que marcó un antes y un después en el vínculo entre el fútbol y las palabras–. Cuando las políticas de miseria planificada implementadas por José Martínez de Hoz empezaron a joderle la existencia a millones, Santoro caminaba por Buenos Aires convencido de que la belleza y la revolución tenían que tirar paredes, había fundado junto a otros compañeros de letras la Revista Barrilete y denunciaba lo ridículo de vivir en un sistema en el que una pequeña minoría explotara a las grandes mayorías. Santoro era todo eso y hacía todo eso pero nada de lo que era y nada de lo que hacía le impedía sentarse delante de su escritorio y repetir el ritual de recitar aquellos apellidos que se habían asentado de forma inamovible en su rutina desde 1967. Lo explicó el director de cine Luis Buñuel: “Hay que haber comenzado a perder la memoria, aunque sea sólo a retazos, para darse cuenta de que esta memoria es lo que constituye toda nuestra vida”.

Emilia Santoro (Neneca), recita al poeta

Santoro, que no podía imaginar que la memoria se transformaría en una de los cimientos a partir de los cuales amplios sectores intentarían reconstruir la Argentina tras el terror de la dictadura, comprendía a la perfección cuánto de la identidad podía caber en una camiseta. “Tengo aun en la cabeza la imagen de sus gritos en la popular sin que le importara ninguna otra cosa”, contó el poeta Vicente Zito Lema. Neneca, la hermana de Santoro, perseverante guardiana de maravillas, encontró en plena pandemia las 11 figuritas impolutas en el mismo cajón donde Toto, como ella lo sigue llamando, acumulaba retazos de sus patrias más profundas. Todas están numeradas con birome roja cerca del ángulo superior derecho de la imagen: el 1 es para Cejas; el 2, para Perfumo; el 9, para Raffo. No está del Chango Cárdenas. En el lado opuesto a las caricaturas de los jugadores, una pequeña reseña sobre la trayectoria de cada uno. ¿Cuántas veces las habrá leído? ¿Le habrá impresionado el detalle de que Maschio calzaba 43?

-Me da bronca que ustedes, las nuevas generaciones, no lo hayan podido conocer. Mi hermano era una persona muy especial.

Las figuritas de Santoro

“Roberto Santoro. Sangre Grupo A, factor Rh negativo, 34 años, una hija, 12 horas diarias a la búsqueda absurda, castradora, inhumana, del sueldo que no alcanza. Dos empleos. Vivo en una pieza. Hijo de obreros, tengo conciencia de clase. Rechazo ser travesti del sistema, esa podrida máquina social que hace que un hombre deje de ser un hombre, obligándolo a tener un despertador en el culo, un infarto en el cuore, una boleta de Prode en la cabeza y un candado en la boca”.

Santoro y una genialidad de 471 caracteres.

El gol del Chango Cárdenas, en colores

El proyecto genocida tenía muy claro a qué porción de la sociedad quería exterminar. Santoro eligió no exiliarse, buscó sobrevivir en la clandestinidad, escuchó infinidad de partidos de Racing en una radio maltrecha y continuó militando por un país y por un mundo sin opresores y sin oprimidos. Lo secuestraron el 1 de junio de 1977 de la escuela en la que trabajaba como preceptor. Desde ese día, es uno de los 30.000. Racing, en una decisión que hizo pública el 19 de marzo de este año, le restituirá la condición de socio a los socios y a las socias detenidos-desaparecidos. Por supuesto, a Santoro.

Neneca asegura que seguirá buscando el carnet de su hermano, que en algún lugar debe estar, aunque no descarta que lo tuviera en la billetera cuando se lo llevaron.

Son 44 años ya. Y ahí están sus figuritas.

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Julián Scher

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