• 6 diciembre, 2022

“Del mar”

En la panadería el amanecer es un insulto, las caras bien dormidas portan un mal semblante y el arquetipo de nuestra cultura popular se mece sobre una hamaca de nudos deshilachados, que el viento empuja haciendo chirriar los bulones de una calesita desolada. El barrio ha vuelto a ponerse oscuro y otra vez se hundió en el amasijo de la melancolía.
No es una derrota esta desgracia, es otra cosa. Somos nosotros mismos dejándonos vencer. Es la turra imagen que juega a los dados con un vaso de whisky medio vacío y dos pedazos de hielo derritiéndose en el movimiento convulso del azar.

Hay que improvisar todo el tiempo, otra cosa nos dejará encerrados en un cementerio ocupado por tecnócratas que exigen obediencia debida y punto final a los recuerdos.

No hay que volver a empezar, hay que comenzar de nuevo. Improvisar con lucidez, tener la capacidad de leer cualquier señal con intuición tanguera.
Digo intuición no por la característica parlante de esa palabra sino por su capacidad demoledora de establecer un sentido allí donde no lo hay.
Hay que improvisar todo el tiempo, otra cosa nos dejará encerrados en un cementerio ocupado por tecnócratas que exigen obediencia debida y punto final a los recuerdos.
No hay memoria sin olvido, es verdad, como no hay tortas fritas sin aceite, por eso los nuevos territorios que debemos conquistar, insisto, son los de la intuición y la improvisación.
Improvisar, intuir, como un nadador en el silencio, como los poemas que se deslizan en la vías, como esa fuerza mistonga que tiene el corazón, que aunque esté colgado de un arnés, se hace martillo del herrero con apenas un latido de su voz.
¿Cómo anular las fuerzas de esta destrucción sino con gracia y lanzando al vacío esas palabras marchitas que creíamos haber perdido?
Decir desde la oscuridad lo que el sueño pronuncia en su letanía fortalecerá nuestro despertar, ensanchará los márgenes de la visión, hará huir al invasor más allá de las brumas del ocaso, allí donde el mar escribe en secreto nuestro nombre invencible bajo la arena.

Daniel Ballester
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