• 16 octubre, 2021

Las suecas: Una conquista femenina del mundo masculino deportivo

Como siempre en el ámbito del Turismo de Carretera (TC), el Gran Premio Standard de 1962 produjo triunfos heroicos y decepciones profundas. A pesar de que las famosas marcas estadounidenses Ford y Chevy se esfumaron en la ruta Pilar-Villa Carlos Paz, el gran conductor Jorge Cupeiro logró un tiempo digno en su Pontiac. Con una velocidad promedio de 121 km/hora, Ricardo “El Gordo” Sauze –vestido de bombachas y zapatillas– lideró un trío de Alfa Romeos Giulietta TI que encabezaron la categoría “D” del evento. Por su parte, Gastón Perkins piloteó su Renault Gordini a 150 km/hora en las secciones rectas de la ruta, ganando la primera etapa de la competencia. Pero la sorpresa explosiva del evento fue la victoria general de dos mujeres suecas, Ewy Rosqvist y Ursula Wirth.

Ursula Wirth y Ewy Rosqvist, campeonas de TC, 1962.

El TC era, y aún sigue siendo, un mundo de hombres donde se forja y reproduce la identidad social masculina. Miles de fanáticos seguían cada carrera, al lado de la carretera o en sus casas, por medio de las famosas trasmisiones radiales del periodista Luis Elías Sojit, en las páginas de El Gráfico y en El Deporte es Así, de Canal 7, con Dante Panzeri, Ernesto Lazzatti, Raúl Goro y Ulises Barrera, y por otros programas de televisión. El TC asoció la masculinidad argentina con la labor mecánica, el peligro de la ruta y el heroísmo del conductor. En 1948, cuando el auto de Juan Manuel Fangio volcó durante el Gran Premio de América del Sur (más conocido como “La Buenos Aires-Caracas”), murió trágicamente su acompañante Daniel Urrutia. Pero Fangio salió del accidente caminando e ileso y su coraje confirmaba su leyenda casi mítica.

Juan M. Fangio y Daniel Urrutia (Foto: www.jmfangio.org)

Más que cualquier otro conductor, los hermanos Emiliozzi, Dante y Torcuato, definieron el arquetipo del hombre del TC. Competidores feroces, durante la semana trabajaban en su taller de Olavarría, haciendo milagros mecánicos. A sus seguidores les fascinaba la imagen de un taller donde se sumergían bajo el capó, sin pretensiones, dando la bienvenida a cualquier visitante interesado en las reformas mecánicas más recientes, a veces comiendo un asado con amigos. Todo fanático sabe que, en 1949, los hermanos adaptaron un motor Ford a un nuevo sistema de válvulas a la cabeza –cinco años antes de que Ford desarrollara un modelo parecido–. En 1958, durante una carrera en la ciudad de Mercedes, tomando una curva demasiado rápido los conductores volcaron su auto. Un grupo de fanáticos intentaron ayudar a Dante, pero terminaron dañándole la columna vertebral. Mientras que Torcuato sufrió nada más que lesiones menores, un médico local lo vacunó contra el tétanos, una enfermedad común por las granjas porcinas de la zona. El incidente ayudó a consagrar a los Emiliozzi como valientes conductores en los recuerdos de sus seguidores.

Los hermanos Emililozzi (Foto: Facebook Museo Municipal Hermanos Emiliozzi)

El mundo masculino del TC se vio trastocado en 1962 por la llegada de las conductoras suecas, cuyas trayectorias automovilísticas eran prácticamente desconocidas en Argentina. Su paso por el rally europeo había sido breve. A mediados de los años cincuenta, tanto Rosqvist como Wirth ejercieron como ayudantes veterinarias en distintas zonas rurales de Suecia. A cada una le gustaba manejar las largas distancias de granja a granja. Las dos empezaron a competir en rally y en 1960 formaron un equipo. Ese mismo año, Rosqvist firmó un contrato para manejar autos Volvo y en 1962 saltó al equipo Mercedes-Benz, al cual representó con Wirth en Argentina, manejando un modelo 220-SE. Fueron el primer binomio femenino que compitió en un Gran Premio argentino. Inesperadamente para los fanáticos argentinos, no solamente ganaron, sino que dominaron la competencia con una marca de autos casi desconocida en el mundo del TC.  Triunfaron en cada una de las seis etapas de la ruta frente a conductores como Cupeiro y Perkins y con un nuevo récord de velocidad promedio en la ruta (127 km/hora). Años más tarde, ambos corredores participaron en las 84 horas de Nürburgring, formando parte de la famosa “Misión Argentina” dirigida por el diseñador de autos Oreste Berta. Con su victoria, Rosqvist y Wirth rompieron el aura masculina del TC, aunque sólo momentáneamente, acaparando la atención de los medios argentinos.

Ewy Rosqvist con un Ferrari, 1957.

Las dos conductoras suecas no fueron las primeras deportistas celebradas en Argentina. Por ejemplo, en los años veinte, la nadadora Lilian Harrison fue seis veces portada de El Gráfico por sus proezas acuáticas. En los años treinta Jeannette Campbell (natación) y Lotte Standl (atletismo), entre otras, también fueron portada de esa revista. En 1951, los medios argentinos exaltaron el rendimiento de las tenistas Mary Terán de Weiss (campeona en el torneo individual) y de Felisa Piédrola de Zappa (ganadora del torneo de dobles junto a aquella) en los Juegos Panamericanos. Al año siguiente, tomaron nota de la muerte de Edith Noble, capitana del equipo de hockey sobre césped del Club Atlético Belgrano. En 1953, Ana María Festal ganó tres eventos en el campeonato nacional de natación y, en 1959, la revista Mundo Deportivo resaltó los “varios récords” de la nadadora Silvia Hofmeister. Sin embargo, en las páginas de Mundo Deportivo, El Gráfico, las revistas de temas generales y los periódicos, las imágenes más comunes de mujeres no fueron de deportistas sino de modelos, actrices y cantantes –como Elder Barber u Olinda Bozán–. Cuando se las mencionaba no era infrecuente que las deportistas recibieran comentarios sexualizados. De esta manera, Terán de Weiss triunfó, pero en una categoría femenina. Noble era “delgadita, rubia, veloz”. Brillaba, según El Gráfico, por su personalidad “simpática y bondadosa” y por “su rostro suave, con sonrisa tierna, su figura ágil y graciosa, su manera de ser tan cautivante”. Las cuatro líneas sobre Hofmeister en Mundo Deportivo aparecieron debajo de una foto de la nadadora en traje de baño. La foto ocupó casi una página entera.

El Gráfico, 31 de octubre, 1962

La conquista automovilística de Rosqvist y Wirth no tuvo precedente en el mundo masculino deportivo argentino. En Suecia y en otros países europeos, la mayoría de los medios trivializaron la victoria con comentarios sobre la belleza. “Ángeles de la Carretera”, anunció The Irish Times, por ejemplo. Pero en Argentina muchos periodistas calificaron a las campeonas sin prestar mayor atención a los usos normalizados para escribir sobre las mujeres en el deporte. Es decir, analizaron el desempeño de las conductoras nórdicas focalizando en sus méritos deportivos.  Así, el periodista Federico B. Kirbus escribió en las páginas de El Gráfico que Rosqvist y Wirth “condujeron con firmeza y decisión” y que “dominan su deporte a la perfección”, agregando que el de las conductoras suecas fue “un triunfo absoluto”.

A pesar del triunfo absoluto de Rosqvist y Wirth en el Gran Premio Standard de 1962 del TC y de la atención que generó, el progreso en materia de igualdad de género ha sido lento en el automovilismo argentino. Tamara Vital, fundadora y jefa del equipo Vitarti de la categoría Top Race junior, el primero conformado íntegramente por mujeres y que debutó hace unas pocas semanas, explica esta situación. “En la actualidad son más de 150 mujeres corriendo en todo el país”, pero sólo “hace dos años se viene notando cada vez más fuerte la presencia de la mujer en el automovilismo”. Aixa Franke, una de esas conductoras ha declarado que aun hay hombres que “se ofenden cuando les ganás”. El triunfo absoluto de Rosqvist y Wirth de sesenta años atrás será aún más absoluto cuando esa actitud sea desterrada del automovilismo nacional y las mujeres sean incorporadas íntegramente a la actividad en condiciones de igualdad y respeto sincero.

David M.K. Sheinin. Doctor en historia. Docente en la Universidad de Trent.

César Torres. Doctor en filosofía e historia del deporte. Docente en la Universidad del Estado de Nueva York (Brockport).

 

 

 

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